Una hoja de coca boliviana, uranio enriquecido, un libro de Noam Chomsky y el “olor a azufre del infierno” fueron los símbolos más destacados al inicio de la 61 Asamblea General de la ONU inaugurada en Nueva York con la presencia de representantes de 192 países. Fue un comienzo duro, con el ingrediente adicional del sombrío –y último- discurso de Kofi Annan como secretario general.

El presidente boliviano Evo Morales exhibió el martes una hoja de coca, un cultivo ancestral de los países andinos, mencionó su valor terapéutico y criticó los controles que otros países pretenden imponer a su producción, en una indirecta alusión a Estados Unidos. Aclaró que se refería a la “planta verde” y no al “polvo blanco”, y preguntó por qué se la considera ilegal para usos medicinales y legales para la elaboración de Coca Cola. El día antes, en su informe anual sobre drogas, la Casa Blanca había acusado a Bolivia –junto con otros 13 países latinoamericanos- de “incumplir” sus compromisos en la lucha contra el narcotráfico.

A Morales le siguió el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad, quien mantuvo el mismo tono. El mandatario defendió el derecho de su país a producir uranio enriquecido y afirmó que “todas las actividades nucleares de Irán son transparentes y pacíficas”, supervisadas por inspectores de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Como contraposición, destacó que algunos de los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU “han abusado de la tecnología nuclear para fines no pacíficos, incluida la producción de bombas atómicas, y alguno de ellos tiene el lamentable historial de haberlas utilizado contra la Humanidad”. Fue otra referencia a Estados Unidos, al que luego acusó –junto al Reino Unido– de autoadjudicarse las funciones de “fiscal, juez y verdugo”.

Pero la indigesta cereza del postre –cuando aún faltan diez días para que concluya la Asamblea General– fue Hugo Chávez. Ayer, el mandatario venezolano subió al estrado con el libro Hegemonía y Supervivencia, del lingüista estadounidense Noam Chomsky, e invitó a los presentes a leerlo. Mientras blandía el texto del intelectual disidente, Chávez dijo que el pueblo de Estados Unidos “tiene al diablo en casa” y aseguró que el recinto de la ONU aún “olía a azufre” por la presencia del presidente George W. Bush. “Ayer el diablo vino aquí”, afirmó Chávez.

La intervenciones de Morales, Ahmadineyad y Chávez reafirmaron, en cierta forma, el pesimista discurso inaugural de Kofi Annan. El secretario general expresó el lunes que en los últimos diez años “no sólo no se han resuelto los grandes desafíos mundiales, sino que se agravaron” y que la única respuesta debería ser la estructuración de “unas verdaderas Naciones Unidas”. Mientras algunos vieron en estas palabras una autocrítica a su propia gestión, otros las una alusión más contra la persistente influencia de Estados Unidos en el organismo internacional.

La convulsionada Asamblea General de la ONU parece confirmar algo que ya se sabe desde la Antigüedad: los gigantes con “cabeza de oro y piernas de hierro” tienen pies de barro. Y, además, huelen a infierno.

Fuente: Bambú Press
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