Hoy es 17 de julio. Hace 36 años, al mediodía, paramilitares bolivianos y argentinos asaltaron la sede de la COB y asesinaron a Marcelo Quiroga Santa Cruz y otros dos compañeros. Así inició su asalto al poder el dúo de narcotraficantes Luis García Meza y Luis Arce Gómez.

Es cierto que, ambos, están purgando largas penas de cárcel. LGM es el único dictador, de esta parte del mundo, que cumple una condena por los crímenes cometidos durante el año que mantuvo capturado el gobierno. Pero es cierto también que hay muchos hechos pendientes, que deben ser esclarecidos. Hay muchas deudas que aún deben pagarse. No basta el encierro de los delincuentes para resarcir los daños que provocaron.

La esperanza cercenada

A fines de 1964, Marcelo Quiroga Santa Cruz retornó a Bolivia. Traía un galardón como novelista, pero deseaba participar en política. Dos años después era diputado y allí comenzó la identificación de los grandes problemas que aquejaban, y aún aquejan al país. Fue el petróleo que lo convenció del futuro de Bolivia y en ese terreno dio sus pasos de novel y aguerrido líder político.

La nacionalización de los hidrocarburos -la segunda que se hacía en Bolivia- fue la culminación de sus esfuerzos al finalizar 1969 y, un año después, la fundación del Partido Socialista que luego, por desgajamientos de algún grupo, tomó el nombre de Partido Socialista Uno (PS-1).

La dictadura de Hugo Bánzer (1971-78) fue una larga sucesión de exilios. Desde el Departamento de Estado y el Pentágono se aplicaba la Tesis de las Fronteras Ideológicas y había que emigrar, cada vez más hacia el norte.

La huelga general de hambre, comenzada un 28 de diciembre de 1977 duró cuatro semanas. Miles de bolivianas y bolivianos quebraron la dictadura de siete años. Pudimos retornar a la democracia y Marcelo Quiroga, nuevamente en el Parlamento, planteó el juicio contra Banzer y sus colaboradores. La televisión permitió a todo el país escuchar la extraordinaria acusación que hizo y ver el ambiente de un Congreso que oscilaba entre el miedo y el atrevimiento.

Después, sin que se hubiese concluido el juicio, perpetraron el golpe de los narcodólares. Marcelo Quiroga figuró como la primera víctima de ese asalto.

Banzer, ¿exculpado?

La muerte del dictador, que nunca fue sometido a juicio, ha permitido que los interesados echen tierra al tema. No ha vuelto a hablarse de un juicio. Pero es necesario recordar que, un juicio penal, debe castigar al culpable y resarcir a las víctimas.

Basta señalar un nombre: Carla Artés, una niña de pocos meses de edad que fue víctima de la dictadura de Banzer, víctima de la Operación Cóndor, que armaron los dictadores de los años ‘70. ¿Será posible que, sin un juicio a los culpables del daño que le hicieron, pueda tener la reparación que se le debe?

Están vivos todos los colaboradores del dictador. Pasean su impavidez por las mismas calles en las que sembraron el terror. Incluso han ocupado y ocupan cargos parlamentarios.

Los delitos que cometieron, y que no han sido reparados, deben ser reconocidos y castigados por la justicia.

Los recursos del dictador

Es cierto, por otra parte, que García Meza está preso en la cárcel de seguridad “San Pedro de Chonchocoro”. Pero una parte importante del fallo dictado contra el dictador no se cumple. LGM fue degradado con ignominia del rango que ostentaba en las Fuerzas Armadas. Sin embargo, sigue recibiendo pensiones que paga el Estado boliviano y tiene atención permanente el Hospital Militar, donde otros servidores de esas fuerzas son rechazados por una simple orden superior.

Su defensa pretende lograr que se le rebaje la pena; intenta que se le otorgue el beneficio de prisión domiciliaria. La sentencia del Tribunal Supremo, expresamente, le impone 30 años de cárcel en Chonchocoro, sin derecho a indulto. La estratagema de su abogado, sería una forma de indultarlo.

Recuperar la memoria

Pongamos una fecha. Hagamos que el 17 de julio sea el día en que se movilice todo el pueblo para recuperar la memoria. Recuperemos los cuerpos de nuestros combatientes, enterrados en fosas comunes, ocultos en tumbas clandestinas, botados en los basurales de la historia.

Recuperemos las fortunas malhabidas de las que siguen gozando nuestros torturadores y sus familias. Recuperemos la memoria, para construir el futuro.