El más sonado y quizás el más pesado incidente que generó el Mundial de Fútbol de Alemania 2006, fue el que desató el semanario alemán Der Spiegel, a la víspera de los cuartos de final. En lo que iba a ser una columna satírica y “al límite de lo políticamente incorrecto” sobre los italianos, terminó por ser una pieza llena de ofensas e insultos.

La revista alemana en un editorial calificaba a los italianos como “i soliti parassiti”, los usuales parásitos que sólo saben vencer a punta de engañifas, perezosos, patéticos, infantiles y teatrales. Llega el autor al extremo de opinar sobre la madre italiana, como la “sua nutrice tettona” que les lava las medias y les cocina.

La excusa de tan disonante nota parece haber sido el penalti que no compartió el autor del artículo, Achim Achilles, que fue pitado a favor de Italia contra Australia y que Totti anotó magistralmente.

El tema nos da pie para reflexionar sobre el papel del periodismo que termina, en no pocas ocasiones, exaltando los ánimos y crucificando y exponiendo, inclusive físicamente, a algunos jugadores al fanático espectador. Esta capacidad de influenciar las masas representa, al mismo tiempo, una gran responsabilidad.

La carga emocional que el artículo alemán provocó terminó afectando por sobre todo al mismo seleccionado de casa, que le acabó generando un subliminal sentimiento de culpa. No podía el país huésped permitirse expresar una opinión, a través de uno de los semanarios más leídos y respetados, que evidencia un latente sentimiento xenófobo y resentido contra los italianos.

La lección ha sido dura para Alemania, no sólo tuvieron que retractarse de sus palabras y pedir excusas, sino que el equipo italiano le respondió en el terreno de juego demostrando su gran capacidad en el balompié. Ese segundo gol de Del Piero, fue como el sello futbolístico contra la necedad de las palabras.

Contrastando este ambiente caldeado, he de anotar el juego Brasil – Francia. Fue sin duda un juego de gran nivel y centrado en la pelota y no tanto en los pies del contrincante. Brasil dejó hasta la última gota de sudor tratando de remontar el resultado, sin acciones violentas de frustración. Fue un partido de colosos donde las magistrales gambetas de Zidane no fueron contestadas con patadas en sus canillas. Brasil aun perdiendo mostró su gran clase.

Me auguro un gran partido entre Italia y Francia. Aprovecho para desearle al Deportivo Pasto los más grandes éxitos en su primera participación en la Copa Libertadores de América. Vayan sin complejos, que cualquiera que gane el campeonato nacional tiene todas las herramientas para vencer los más fuertes y tradicionales equipos del torneo continental como el Palmeiras o el Boca.

Fuente: Boletín No 12, Diario del Sur de Pasto