Una semana después de la proclamación de su victoria en las elecciones del 7 de febrero pasado, René Préval pondera las expectativas que se manifiestan en la coyuntura actual, caracterizada por una transición política problemática y problemas económicos y sociales crónicos.

En su primer encuentro con la prensa, el 22 de febrero, el nuevo jefe de Estado confesó que se encuentra asustado de “ver la pasión levantada por la campaña presidencial, la elección de un presidente y las esperanzas que la población ha puesto en este Presidente”.

Préval intenta producir una ruptura con la tradición de las promesas deslumbrantes del ejecutivo, sabiendo, seguramente, que será juzgado por sus resultados, en un contexto que no tiene nada que ver con el de su primer mandato de 1996 a 2001.

“La única promesa que hice al pueblo, es trabajar con todas mis fuerzas para el bienestar del país, y velar que no haya corrupción en la administración pública y fuera del Estado”, precisa.

El Presidente haitiano elegido destaca las dos misiones esenciales que se asigna: el apuntalamiento de las instituciones previstas por la constitución para crear las condiciones de estabilización del país y la creación de condiciones propicias a la inversión privada para generar empleos. “Creo que hay un consenso general” en torno a estos objetivos, sostiene Préval.

Sin embargo, es cierto que las expectativas populares van mucho más allá que los objetivos enunciados por Préval. Varias organizaciones de los sectores populares ya afirman que quieren ir más allá del simple respeto de la voluntad popular en las últimas elecciones.

Apoyándose en la movilización que se produjo por las disputas del 7 de febrero, el Movimiento Democrático Popular (MODEP), la organización campesina Tèt Kole y la asociación de jóvenes Solidarite Ant Jèn (SAJ) consideran que “las masas populares están en búsqueda de una verdadera alternativa”.

“No olvidamos nuestras reivindicaciones”, preconizan estas organizaciones, considerando que “no podemos cometer los mismos errores de 1990 (cuando el antiguo presidente Jean Bertrand Aristide recibió el mandato popular)”.

Las reivindicaciones señaladas por MODEP, Tèt Kole y SAJ se oponen a “la ocupación extranjera, que apunta a mantener el país bajo el yugo de las grandes potencias”.

Por “ocupación extranjera”, las organizaciones designan a la presencia en suelo nacional de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH), integrada por más de 8000 cascos azules procedentes de 40 países.

Los sectores populares se proponen también presionar para obligar a la nueva administración a desligarse del Marco de Cooperación Provisional (CCI, por sus siglas en francés), sobre el cual el gobierno de transición se puso de acuerdo con los proveedores de fondos en 2004.

Las organizaciones de estos sectores siempre han criticado el hecho que las aspiraciones populares no fueron tomadas en cuenta por este acuerdo que compromete al país hasta diciembre de 2007, y que más bien se orienta hacia objetivos neoliberales.

Por ejemplo, estos sectores quieren que el gobierno actúe directamente sobre los precios de los productos de primera necesidad con el fin de mantenerlos a la baja. Quieren también “una verdadera reforma agraria” y que la tierra esté bajo el control “de quienes la trabajan”.

La “reforma agraria emprendida por Préval durante su primer mandato a menudo fue calificada por ciertos sectores como “parodia de reforma agraria”. Algunas tierras del Estado fueron asignadas a campesinos de l’Artibonite (Norte), que vanamente reclamaron un marco apropiado.

Se esperan algunas reformas profundas a nivel del sistema sanitario, la justicia y la policía. “Todas estas cuestiones deben ser resueltas por el gobierno de manera autónoma”, sugieren MODEP, Tèt Kole y SAJ.

Ahora bien, teniendo en mente su primera experiencia presidencial, Préval quiere pasar el mensaje que ser Presidente de la República no permite abrir todas las puertas y que las acciones a emprender serán de todas maneras condicionadas.

El Presidente “tiene poderes limitados” y su margen de maniobra es “reducido” sin la colaboración de un Parlamento sólido, destaca Préval.

“Si no hay una cámara fuerte, donde reine la cohesión, el Presidente no podrá responder al entusiasmo y esperanzas que el pueblo puso en él”, anticipa Préval.

¿El nuevo jefe de Estado, sabrá establecer objetivos mínimos de acuerdo con diversos sectores de la nación haitiana, incluidos los movimientos sociales, y teniendo en cuenta los deseos de la mayoría de la población? (Traducción ALAI)

– Gotson Pierre, periodista haitiano, es coordinador de AlterPresse.