Creo que las esperanzas de América Latina no pueden tirarse por el suelo porque las estrellas que anunciaban un amanecer se oscurezcan o se alejen de la tierra en su órbita incorregible. Se trata de seres humanos condicionados no sólo por sus propias características, cualidades y defectos, sino fuertemente apretados por intereses que intentan e intentarán levantar una muralla de presiones e información, que se convierta en impenetrable. No somos niños de pecho para creer que un Lula no pueda estar claudicando de su promesa grandiosa ¡Hambre cero! Ni para asombrarnos de que un Tabaré Vázquez quede envuelto en las redes de su antecesor que contrató con Botnia la construcción de las PAPELERAS y obligó al Estado a resarcir con sumas fabulosas la interrupción de los trabajos además de todas las influencias que es posible movilizar desde un país considerado modelo de democracia y organización como es Finlandia. Ni que un Chávez se desboque indignado proponiendo armar a toda Venezuela para resistir la voracidad del vecino que amenaza con invasión. Ni que un Kirchner cercado por una oposición oligárquica y tecnócrata recurra a gestos autoritarios de los que en breve, tiene que arrepentirse. A mi juicio esto es una característica de países que han conservado en el mundo y hacia adentro un nivel respetable de progreso y bienestar. Eso les ha permitido saciar las apetencias de los grandes capitales internacionales, ingresando con aparentes ventajas en el proceso de globalización, en diferentes tiempos y circunstancias. Los condicionamientos limitantes brotan precisamente de esa circunstancia. Hay hambre, pero hay una apariencia general de bienestar que incluso copian en oportunidades, los más pobres. El caso de Bolivia desde el cierre de su salida al mar es diferente. La pobreza es general si se exceptúa un pequeño número de comerciantes y banqueros santacruceños. La actitud de Evo Morales el indio y dirigente sindical cocalero, tiene por eso características particulares. Entra al mundo de los grandes, sostenido por los pobres. La experiencia del hambre está metida en su cuerpo y en su espíritu. Es sensible a sus propias limitaciones y quiere aprender. Quiere escuchar a todos pero quiere decidir con los pobres Su pueblo ya ha aprendido sufriendo. Y eso no se olvida. Y por eso no se aflige cuando Estados Unidos le retira millones de dólares para influir en su política agraria y cocalera. El gesto del pobre que se juega porque al final si debe seguir siendo pobre lo hará con dignidad plena. ¿Hasta dónde y cuándo podrá mantener su fortaleza simple pero inquebrantable el indio gobernante? Lo cierto es que el “niño” latinoamericano está creciendo y la esperanza también, a pesar de los nubarrones. Quizás alguna vez todos podamos evadirnos de la tremenda mentira de aspirar al 1er. Mundo y adquirir el lenguaje, la firmeza y la simplicidad de los pobres. – José Guillermo Mariani (Presbítero)

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