El
insólito viaje del Presidente Alvaro Uribe para presidir el
equipo negociador colombiano durante la presente ronda de negociación
para el “TLC” con Estados Unidos no tiene precedentes. No
parece que sea para la defensa de los intereses colombianos, sino
para asumir personalmente la responsabilidad de su entrega. Las
frecuentes renuncias de negociadores, en protesta contra las
instrucciones que reciben, señalan una reluctancia a entregar
el país. No hay siquiera un estudio previo de los efectos de
adherir a la propuesta de Estados Unidos.


La
posición del Presidente Uribe es bien conocida: está a
favor del ALCA, del AFTA, y sostiene que “sin un TLC con
Estados Unidos Colombia no puede sobrevivir”. Un TLC es
conveniente cuando es equitativo y abre un acceso inexistente a los
productos nacionales en un mercado cerrado. Pero ese no es el caso de
Colombia con Estados Unidos. El tratado impone a Colombia desventajas
para su agricultura, su industria y su Salud Pública. A cambio
de nada.



Aranceles
corrientes al comercio con Estados Unidos


La
lámina contiene datos (1er. Trimestre 2005) de la Comunidad
Andina. Su lectura contraría la tesis de Uribe & Co, pues
indica que la presencia colombiana en el mercado de Estados Unidos
sigue igual sin la firma de ese “TLC”; que pide
sometimiento a cambio de nada.


Los
aranceles de Estados Unidos suelen ser bajos y el mercado
relativamente abierto. Los obstáculos al comercio que aplica
son instrumentos no arancelarios, como: cuotas, subsidios, normas
sanitarias y técnicas o, en servicios, exclusión de
cobertura a los estados.


Estados
Unidos recibe un 36% de las exportaciones colombianas. Una cifra
relevante y garantizada con los aranceles corrientes MNF
[1]
(Colombia tiene ese derecho por la OMC) porque no hay o son muy
bajos. Las tales preferencias son un cuento, bien vendido.


Petróleo
constituye un 41% de las exportaciones colombianas a Estados Unidos y
paga un arancel específico irrisorio, de US$ 0,11 por barril.
Otros productos del petróleo abarcan un 10% de las
exportaciones y pagan arancel muy bajo, de US$ 0,85 por barril; con
un barril que anda en los US$ 60, eso equivale al 1.4%. No es
plausible que Estados Unidos deje de importar petróleo
colombiano, cuando lo busca en otras fuentes a mayor costo y riesgo.


Un
33% de los otros productos exportados es de libre importación:
paga 0% de arancel. Ya vamos por un 84% que no es afectado en
absoluto por la falta de un “TLC”.


Azúcar
y cigarrillos constituyen el 1% de las exportaciones cada uno. El
azúcar esta sometido a una cuota (cantidad fija) que no será
aumentada con el TLC, porque el Congreso norteamericano no lo
permite, bajo la presión del lobby azucarero (el mayor
contribuyente individual en las campañas electorales de
Estados Unidos). Los cigarrillos están en iguales
circunstancias. Ya vamos por un 86% de exportaciones a Estados Unidos
que permanece inalterado sin el “TLC”.


Hay
un 7% de exportaciones que pagan aranceles NMF inferiores al 4,5%;
que no son cierto una barrera arancelaria. Llevamos ya un 93% de las
exportaciones que no necesitan el “TLC”.


Textiles


Queda
un 7%, que ponemos como “No Definido”, porque conforman
un grupo variado y tedioso de exponer aquí, pero que
constituyen principalmente textiles. Las preferencias textiles son
inútiles después de eliminadas las cuotas. Las reglas
de origen son en todo idénticas a las de CAFTA, que exige más
componente regional para obtener la preferencia. Eso encarece la
producción. Hay antecedentes en América Central que
reflejan una misma tendencia de lo que es el caso colombiano.


Costa
Rica, el país centroamericano que más adhirió a
las normas de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe –CBI- en
sus exportaciones textiles a EE UU (93% en 2002) las vio bajar en un
28.2%: de 730 a 524 US$ millones para 2004
[2].
No cayeron más porque en 2004 sólo el 71% utilizó
la preferencia CBI.


Los
países que menos usaron la preferencia, Guatemala y Nicaragua
(49 y 32% en 2002), vieron subir respectivamente sus exportaciones
textiles a EE UU en 17.5% y 37.5% para 2004. En 2004, tan
sólo el 36% de las exportaciones textiles de Guatemala uso
preferencia.


Colombia,
al igual que el resto de América Latina, no necesita un CAFTA
– AFTA- ALCA- para comerciar con EE UU. El resto del mundo
comercia muy bien con EE UU bajo el trato de Nación Más
Favorecida que garantizan los acuerdos de la OMC. Las ventajas
arancelarias que se dice querer prolongar son ilusorias e inútiles.
Además, se generalizan.


La
perspectiva de la OMC


Los
“TLCs” de Estados Unidos re-envían a las
negociaciones en la OMC, el tema espinoso de cómo manejar la
apertura al “dumping” de sus exportaciones agrícolas
subsidiadas. Distorsión que va mas allá de cualquier
costo eficiente, en cualquier país: arroz, algodón,
maíz, etc.


La
posibilidad de un arreglo en esa sede es lo que tiene trabadas todas
las negociaciones. En julio 2005 y luego en Hong Kong se ofreció
comenzar a reducir subsidios a partir del 2013. Pero se habló
de subsidios a la exportación, que es como lo practica la
Unión Europea. Los Estados Unidos hacen lo mismo y bajo la
etiqueta de “Ayudas” internas.


En
todo caso los recortes de Estados Unidos son para reducir el nivel
del consolidado; esto es el tope que declararon como un derecho para
otorgar subsidios y que es más del doble de los que
efectivamente otorgan. O sea, ofrecieron reducir lo que no dan y les
quedan aún un par de millardos que pueden aumentar… (de
19 hasta 21 Millardos).


Pero
ni eso se dará, porque en estos mismos días, el
Congreso de EE UU acaba de indicar al la Oficina del USTR, que no
están dispuestos a ratificar reducciones, aunque sean
teóricas, por negociaciones multilaterales en la OMC. La
Misión de Estados Unidos espera una maniobra cualquiera de
alguien (UE, G20) para culparlo de intransigencia y retirar su
oferta.


No
será precisamente la OMC donde se resuelva su iniquidad
original de permitir el subsidio de productos agrícolas
a los países ricos y prohibirlo a los países pobres. Es
allí donde nació la idea de abrir mercados a los
productos subsidiados (con dinero del contribuyente) para bajar los
precios internacionales y abaratar las compras de las grandes
corporaciones de la alimentación.


Los
“TLCs” de Estados Unidos tienen justo esa intención
y destrozarán la vida rural, que es la base de la identidad
nacional, para reducir el campesinado a una masa desocupada y
hambrienta dispuesta a trabajar por lo que sea, con tal de alimentar
sus hijos. Preferiblemente en las industrias exportadoras, que serán
lo poco que quede. Es no es nuevo en política imperial;
ya lo hicieron los ingleses en la India, en Kenia y donde pudieron.


Conclusión


El
viaje del Presidente Uribe a Washington es ridículo, pero
puede que sea reacción a una percibida impopularidad. La
indignación por el TLC crece a medida que se le conoce y se
identifican los perjudicados, que son mayoría. La discrepancia
entre encuestas y realidad, en el caso de Oscar Arias en Costa Rica,
es indicio de que la supuesta popularidad de Uribe tal vez no sea tal
y que su manipulación constitucional no sea garantía de
permanencia.


Siento
que, al igual que Toledo, esta impaciente por entregar a Washington
el mandado del “TLC” ya hecho. Así que si no es
re-elegido, luego vendrá otra recompensa. Suele ser en la OEA,
el grupo de Davos, la OMC; donde quiera que Estados Unidos encuentre
al Señor Presidente de Colombia, Don AlvaroUribe …
ulteriormente útil.



Umberto Mazzei IREI – Ginebra; Instituto de Relaciones
Económicas Internacionales


Ventana
Global


www.ventanaglobal.info



[1]
NMF : Nación Más Favorecida. No favorece; es el
mismo que pagan todos los 159 países de la OMC.




[2]
US Office of Textile and Appareil