“No compres flores, porque compras muerte”, “Si al trabajo con dignidad”, “dólares para los empresarios, espinas para los trabajadores”. Los gritos resonaron fuerte en las inmediaciones del Aeropuerto Mariscal Sucre de Quito, Ecuador. Un centenar de trabajadores /as de la empresa Rosas del Ecuador, en huelga desde hace 3 años, apoyados por la CONAIE y la ONG austriaca Swedwind – ConAccion hicieron una demostración pública el pasado 7 de febrero en los hangares donde las empresas “embarcan” las flores con rumbo a Europa y Estados Unidos.  Similares acciones se realizan en Viena, Austria, en los lugares de donde se distribuyen las flores procedentes de América Latina.

 

El propósito de estas manifestaciones – cuando se acerca el día de San Valentín y el regalo mas usual son las flores- es llamar la atención sobre una problemática que se encuentra oculta y que ha sido escasamente abordada: las difíciles condiciones de trabajo, de salud y de vida de los trabajadores/as de la industria florícola del Ecuador, y al mismo tiempo proponer algunas soluciones.

 

Una de las convocantes de la protesta es Christina Schoroeder, perteneciente a Swedwind – ConAccion, una asociación austriaca que desde hace 25 años trabaja activamente “para un desarrollo global y sostenible”.

 

“Nuestra tarea es informar –dice Christina-  a los consumidores europeos lo que se esconde detrás de una rosa que uno compra para dar alegría a otra persona… mediante este trabajo informativo queremos que el consumidor de Europa no tome en cuenta solo el precio y la calidad sino también las condiciones de trabajo en la producción florícola”.

 

Aclara que su intención no es boicotear a la industria florícola ecuatoriana, “porque sabemos que es importante y genera trabajo en condiciones donde para la gente es difícil conseguir trabajo, sabemos que para muchos es la fuente principal de ingresos y eso no lo queremos destruir, pero exigimos que se produzcan cumpliendo los estándares internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)  y el Código Internacional  de Conducta para la Producción de Flores Cortadas para Exportación”.

 

Este Código, elaborado por sindicatos y ONGs europeas, contiene algunos principios relativos a la libertad de asociación y negociación colectiva, igualdad de tratamiento a los/as trabajadores, salarios dignos, jornadas laborales acordes con las normas legales, salud y seguridad, no utilización de plaguicidas o químicos prohibidos, estabilidad laboral, protección del medio ambiente y no utilización del trabajo infantil. Este código, en definitiva, propone algunas reformas para lograr una “producción social, ambientalmente responsable y no dañina para los trabajadores”.

 

Este instrumento internacional de carácter voluntario está muy lejos de cumplirse en el Ecuador. De las 400 empresas dedicadas a la producción de flores, el 80 % “incumplen dramáticamente códigos internacionales de comportamiento social, laboral y ecológico”, expresó el doctor Jaime Breilth, quien pertenece al Centro de Estudios y Asesoría en Salud, CEAS.

 

Bajos salarios y prohibición de organizarse

 

En materia de sueldos y salarios, la mayoría de empresas pagan el mínimo vital o algunas incluso meno, cuando se trata de menores de edad. A todas luces, los ingresos de los empleados que producen las flores son insuficientes para llevar una vida digna, puesto que el salario mínimo vital es de 160 dólares en tanto que la canasta familiar básica para 4 miembros es de 440,81 dólares, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos.

 

A los bajos salarios, se agrega el hecho de que “el trabajo se hace con la modalidad de tarea, lo que ha permitido limitar el pago de horas extras, no se reconocen horas extras después de la jornada de 8 horas, se ha extendido el período de trabajo más allá de las 8 horas y cinco días a la semana incumpliendo con lo que dice el Código de Trabajo de tener dos días continuos para el descanso”, señala la economista demógrafa, Norma Mena Pozo.

 

El derecho a la libertad de asociación prácticamente ha sido anulado en las empresas que producen flores. “En el Ecuador, en el año 2003 de las 400 empresas había 4 con sindicato, en la actualidad sobreviven 2 empresas con sindicato y Rosas del Ecuador que se encuentran en huelga desde hace cerca de tres años. El año anterior se despidió a 37 trabajadores porque quisieron organizarse”, agrega la economista Mena.

 

Con la expedición de la Ley de Trabajo Compartido se está generalizando la forma de trabajo subcontratado, favoreciendo la presencia de las terciarizadoras en este sector. Las terciarizadoras, en muchos casos, incumplen las leyes laborales negándoles a los trabajadores el derecho a la Seguridad Social y otros beneficios legales. 

 

Blanca Chancoso, integrante de la Campaña contra el ALCA y el Tratado de Libre Comercio, señala que “hay mucha injusticia que se está cometiendo con las industrias de las flores en el trato hacia las mujeres, no se cumple el Código del Trabajo ni el Código de la Niñez respecto a la maternidad en materia de licencias y horas de lactancia, las mujeres que están embarazadas, como casi todos, entran firmando la renuncia, solo les dan una semana para dar a luz”.

 

Muerte lenta

 

Jaime Breilth, quien realiza en el terreno varias investigaciones sobre la agroindustria de las flores y la salud, manifiesta que “el hecho de que la producción en el campo esté girando alrededor del negocio y de la rentabilidad por encima de los intereses sociales está provocando un verdadero efecto dominó en una serie de situaciones humanas, sociales y de salud”.  Entre los problemas de salud y medioambientales, anota los siguientes:

 

–  Uno de los principales es el “asesino oculto de la toxicidad crónica”, o sea el exponerse crónicamente a baja intensidad de químicos tóxicos que provocan en los/as trabajadores/as efectos neurológicos y en la médula ósea, efectos en el hígado y en los riñones, afectando la estabilidad genética y a través de los daños genéticos puede producir o un cáncer o una malformación congénita.

 

– Seis de cada 10 trabajadores/as están con problemas de salud, con el agravante que muchos de ellos ni lo saben. “Lo malo es que cuando hay problemas de este tipo, la gente no se alerta ni le tiene miedo pensando en que a mí no me pasa nada.  A mediano plazo desembocará en un cáncer o una incapacidad severa de carácter neurológico, trabajadores que a los 40 años han perdido una notable capacidad de memoria y las funciones neurológicas superiores y que puede proyectarse a las generaciones que vienen”.

 

– Contaminación de las aguas superficiales y de la cadena alimenticia. “En un estudio que hicimos, ya reportamos 12 hallazgos en los sistemas de agua de Cayambe y Tabacundo –dos municipios ubicado en el norte ecuatoriano- en los ya hay contaminación de aguas superficiales, afectando a los cultivos, a los animales, a la leche de vaca y a la cadena alimentaria”.

 

–  Elevados consumos de agua por parte de la industria de las flores. “En un libro que estamos preparando vamos a reportar las cifras enormes de consumo de agua, hay una diferencia muy grande en la distribución de la misma, el porcentaje que se va a las floricultoras es muy alto, por ejemplo una hectárea de una floricultura consume por sobre los 900 metros cúbicos por mes, una hacienda tradicional entre 5 y 6 m3 por mes y un campesino menos de un metro cúbico por mes”.

 

La producción florícola, en las condiciones actuales, es socialmente injusta y ecológicamente destructiva.   Aunque se debe reconocer que hay entre un “15 al 18% que está haciendo esfuerzo por cumplir el código verde, la lucha es porque este código sea una ley del Estado para que ninguna industria pueda violarla”, señala Jaime Breilth, agregando que “el esfuerzo final será cuando la floricultura sea democrática y cooperativa y no sea propiedad de los grandes capitales”.