Hay decisiones en la vida que son muy difíciles de cuestionar porque provienen de personas que tienen una autoridad moral, política y ética que les permite tomarlas sin andar pidiendo permiso y menos aún ponerlas bajo análisis de cualquier tipo.

Ayer la Asociación de Madres de Plaza de Mayo ha decidido realizar la última Marcha de la Resistencia, después de veinticinco años de haberlas llevado adelante ininterrumpidamente. Es una decisión de un contenido histórico similar al que adoptaron en oportunidad de comenzarlas. Ni más, ni menos. Afortundamente esa decisión no alcanza a las rondas que desde hace 1.500 jueves se vienen realizando en la Plaza de Mayo.

Seguramente que la decisión no pudo haber sido tomada por presiones provenientes del poder político -que a mi entender está demasiado alejado de tener “autoridad histórica y comprobable” para hacerlo- aunque comprendo y acepto el cansancio de los años, las condiciones de salud y las expectativas de mis queridas Madres.

Como ciudadano que jamás ha dejado de acompañar cada una de las luchas de los Organismos de Derechos Humanos, con ese compromiso militante de haber participado, colaborado y apoyado de diferentes formas las luchas por la verdad y la justicia, la aparición con vida y el juicio y castigo a todos los responsables y ejecutores de las violaciones a la vida que fue el genocidio de Estado, no puedo menos que no adherirme a las justificaciones emitidas por la Asociación y haber decidido no participar de ésta nueva gesta.

No creo absolutamente nada de estos advenedizos que desde el poder se acordaron muy tarde de nuestros desaparecidos y de las luchas del pueblo por la dignidad, la justicia y la memoria. Porque hay que analizar las historias y compromisos de ayer para confiar en las decisiones que ahora se van tomando. Por cierto muy importantes y reivindicativas. Solamente puedo aceptar considerar como “amigo” al Dr. Eduardo Luis Duhalde entre todos y cada uno de los funcionarios del Gobierno Nacional, por su pasado, su presente y seguramente futuro de compromiso y lucha.

Considero que el país y la Latinoamérica por la que se comprometieron, lucharon, y murieron decenas de miles de compañeros, a lo ancho y largo del continente, todavía esta muy lejos de serlo hoy.

No podrán detenerse nuestras “resistencias” mientras existan desigualdades humanas y de clase, las persecuciones ideológicas, las intimidaciones y represiones sobre los trabajadores, las mentiras y la corrupción del poder, las presiones económicas sobre los movimientos sociales y de desocupados; junto a las inhumanas barbaridades del hambre, la falta de educación, salud y trabajo, la inseguridad de nuestros mayores, las inexistentes posibilidades de desarrollo de nuestros hijos, la injusticia de la justicia dependiente del poder político y muchas de las libertades del hombre sigan siendo vilipendiadas.

Ojalá que no nos confundamos una vez más, porque los cantos de sirena terminarán en el abrazo del oso indefectiblemente. Así lo escribe la historia y afortunadamente para muchos lo recuerda nuestra memoria.

Resistir es vencer.

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