¿Cuándo comenzó todo esto?

¿Fue el 26 de julio de 1953 con el asalto al Cuartel Moncada?

¿O aún antes, cuando Fidel y Abel se reunían en el departamento de la calle 25 del Vedado?

¿Desde esas 72 gloriosas horas de Playa Girón o desde la Crisis de Octubre?

Tal vez no se pueda determinar con exactitud cual fue su primera batalla, cuando la libró o cual será la última.

Lo que muchos tenemos en claro es que Fidel Castro no concibe una última batalla mientras exista el imperialismo.

Eso implica que la guerra es a muerte. No por casualidad el hombre acuñó a mediados de abril del 61 lo de “Patria o Muerte”, cuando la naciente sociedad tuvo que defenderse de la primera gran agresión.

Podríamos hablar de un perpetuo batallar, de un renacer continuo y de un empezar permanente.

Este batallar que se ha hecho más sistemático y orgánico desde el triunfo del 1 de enero de 1959 ha terminado moldeando un pueblo indestructible y a unos lugartenientes fogueados para responsabilidades aún mayores.

A veces, más de una vez, me he trenzado en discusiones a cerca de lo eminentemente humano (en el sentido más trascendental del término) de este batallar.

Hay gente de la opinión de que la sociedad, cualquier sociedad, pueblo o grupo humano, crecerá y desarrollará, en la medida de una mayor “estabilidad” en el ordenamiento social y en un disciplinado quietismo producto de un adoctrinamiento a pseudos-valores establecidos, de un conformismo o de una permisividad y tolerancia al mercado que la aturda y desensibilice con montañas de “bienes” materiales.

Fidel Castro viene demostrando todo lo contrario desde hace mucho tiempo y desde el mismísimo comienzo ha invitado al pueblo cubano a acompañarlo en esa lucha.
Como todo buen contrincante, noble y heroico, Fidel crece cuando el resto renuncia. Cuando parecía que el fin de la historia estaba a la vuelta de la esquina, Fidel Castro la empieza a construir.
Cuando las ideologías parecían agonizar, Fidel las empieza a iluminar con la praxis.
Cuando el monstruo parecía indestructible, Fidel Castro lo pone moralmente bajo su bota.
Cuando más mentiras se dicen por los enemigos de la humanidad, la verdad de CUBAFIDEL es defendida por cientos de millones en todos los rincones del mundo.

Fidel ha puesto a la democracia a trabajar todos los días, a veces inclusive, horas extras, dos turnos y hasta tres, si hay algo en este mundo que este hombre ha explotado inmisericordemente, ese algo es la democracia, sacándole el jugo de todo su poderío.
Mientras los que se dicen demócratas la mantienen dormida, sedada bajo mil diferentes excusas y al menor intento de despertar la acuestan de un mamporro, Fidel la alienta, la entusiasma, la saca a caminar muy frecuentemente por las calles, la mantiene activa física, intelectual y espiritualmente hablando.

La democracia como el órgano motor que pone a andar el complejo organismo de una sociedad decidida a ser libre, soberana, solidaria y justa; eso es lo que ha logrado Fidel acompañado por su pueblo y mediante ese perpetuo batallar que es razón de ser de una nación digna, culta y fraterna.

Una y otra vez este hombre ha demostrado, desde algún momento en el siglo XX y hasta nuestros días que la lucha contra la injusticia, la mentira, el terrorismo, en definitiva contra el capitalismo y su fase más arrogante, descarada y asesina, el imperialismo globalizado, es tarea de los pueblos.

Desde cuando parecía que todo estaba perdido, el Hombre hizo un llamado a los hombres del mundo, no pocos se unieron a él, había que resistir el avance fascista que nos decía “déjense de soñar” que es lo mismo que decir “déjense de vivir” o “déjense de luchar”.
Luego vendría el rescate de un niño con el que se rescató a lo mejor de la humanidad.
Más tarde la batalla por ser mejores, que es decir, la batalla por la cultura o la batalla de las ideas.

Hoy el Hombre está “fajado” a muerte con la cara más despiadada del imperio, el terrorismo, contra sus perros asesinos y contra su “justicia” que los ampara.
Este martes 24 de enero se puso al frente de un batallón de un millón cuatrocientos mil soldados para demostrar una vez más que cuando las batallas son justas el único posible resultado es la victoria.

– Erasmo Magoulas es productor de medios radiales alternativos en la Provincia de Ontario, Canadá.

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