Metabolismo: m. Biol.. Conjunto de reacciones químicas que efectúan
constantemente las células de los seres vivos con el fin de sintetizar
sustancias complejas a partir de otras más simples, o degradar aquellas para
obtener estas.

Salvando las diferencias existentes, entre la ciencia biológica y la
ciencia política, creí oportuno partir desde la definición del metabolismo para
analizar la actualidad política-electoral de Argentina. Vaya, claro está, que
mientras la primera se ocupa de los seres vivos; la otra es ocupada por unos
cuantos “vivos” en nuestro país, aunque no somos exclusivos en esto último.

Omitiré hacer mención de algunos políticos porque entiendo que los mismos
ya están demasiado propagados y propagandeados por muchos medios de comunicación
e información que se han olvidado de su misión esencial y fundamental que es la
de ilustrar a la comunidad verazmente sobre los hechos.

Después de 23 años ininterrumpidos de democracia, solamente representativa,
se verifica un tremebundo retroceso de la participación ciudadana en los
diferentes partidos, movimientos y frentes, de ayer y de hoy. Los sectores más
dinámicos, y por cierto siempre más comprometidos como los estudiantes,
trabajadores y profesionales están ausentes y olvidados por los “popes” de la
partidocracia.

Éste vacío sigue siendo ocupado por los mismos de siempre, sí los mismos
que ayer ocuparon cargos públicos -por elección o designación- y que hoy los
siguen ocupando, aunque les sea necesario hacer malabarismos políticos tan
impúdicos como indómitos para presentarse como renovados en la “nueva política”.
Una mirada hacia el pasado reciente, solamente dos décadas, demuestran que la
incapacidad, la corrupción y la mentira sistemática se han convertido en el eje
principal de las clases que dirigencialmente han llevado adelante la cosa
pública. Esa que es de todos y para todos.

Quienes no han podido dar respuestas a los problemas sociales, culturales,
laborales y sanitarios son los mismos que en la actualidad se arrogan la
representación y se colocan, con todas las patrañas habidas, conocidas e
inventadas en los más altos escalones de la representación del pueblo. Son los
mismos que han quebrado económica, financiera y laboralmente al país, y por
consiguiente a su pueblo, postrándolos a los designios -por ellos elaborados y
practicados- del capitalismo liberal o neoliberal que dicen querer cambiar a la
absurda categoría de “capitalismo social”; aunque sabemos que lo único que hacen
es perfeccionarlo más allá de las diatribas de ocasión.

Cualquiera en nuestras tierras que pertenezca a la “clase política” puede
subirse a los palcos, cooptar los micrófonos y las imágenes, transgredir los más
elementales preceptos constitucionales y legales de la convivencia republicana y
democrática en pos de conseguir más poder. Allí abajo, cuanto más abajo mejor,
están las mujeres y hombres ciudadanas y ciudadanos esperando el mensaje
salvador, o bien escuchando y viendo espasmódicos como se cruzan de espacios
políticos con una velocidad solamente superada por la “comisión” de sus acciones
políticas.

Porque en esto debemos ser claros. Los que durante muchos años fueron
compañeros entrañables en las rutas políticas, hoy se presentan como enfrentados
e irreconciliables, pero mañana los veremos nuevamente unidos. ¿Acaso no ha sido
siempre así?. ¿Acaso existe alguna duda que no volverá a suceder?.

Los principios, dogmas e ideales políticos, por cierto en algunos sectores
inexistentes, son llevados en la actualidad a la mínima expresión y hasta su
destrucción total. Desde la izquierda hasta la derecha se comprueba una falta
total de criterios y pensamientos superadores de los errores cometidos,
manteniéndose vigentes las diferentes prácticas que han provocado pavor entre
toda la ciudadanía.

Los políticos siempre tan ligados a la práctica leguleya del Derecho, a
nadie escapa que todos los presidentes pos dictadura han sido formados
profesionalmente en éste, no les hace mella el hecho que los derechos al trabajo,
la educación, la salud, la vivienda, a la protección y asistencia tanto de los
menores como de la familia no sean considerados al momento de establecer las
política activas en las gestiones gubernamentales. Por otro lado los miles de
concejales y legisladores siguen demasiado preocupados por mantenerse por encima
de la ola, la que generalmente los deja bien posicionados y considerados al
momento de ser señalados con el dedo para su próxima participación, en la
representativa democracia que defienden a cualquier costo violentándola
sistemáticamente. Uno de esos costos es el dinamitar las bases mismas de la
convivencia republicana y la división de los poderes del Estado.

Ahí, y solamente ahí, es donde se verifica la participación democrática
dentro de la política. En esa posibilidad de participar en las listas de
candidatos, cuando el único mérito requerido es haber sido consecuente y no haber
ofrecido una mirada diferente a la que impone el ojo del hegemonismo partidario.
Las pocas excepciones confirman la regla.

Desde ya que a muy pocos les interesa luchar por los derechos al desarrollo
y al de los pueblos por su libre determinación, ni a la paz y el medio ambiente.
Menos aún, crear los espacios de convivencia para lograr la unidad en la
diversidad de las ideas y proyectos.

El ciudadano común, la inmensa mayoría de olvidados y relegados, es
invitado para participar en el juego democrático de unos pocos, muy pocos por
cierto, que el día posterior a cualquier acto comicial dejarán de lado las falsas
propuestas, olvidarán a los electores; y fundamentalmente seguirán con las
prácticas autoritarias que la elección y la representación les permitió seguir
acometiendo.

Por todo lo expuesto, o bien por mucho más, en las próximas elecciones
parlamentarias se verificará la “metamorfosis política” que convertirá en
complejas aquellas cuestiones que deberían ser simples, como asimismo, las
simples las convertirán en complejas. La degradación de los derechos más
elementales del pueblo será el producto de las acciones de los políticos, las que
rebajarán hasta la humillación las luchas que mantienen los excluidos y
hambreados por el sistema impuesto y que los políticos en el poder defienden.

Éstos son los momentos que el ciudadano debe pensar sí es justo permitir
que sean vilipendiadas sus ilusiones de vida, de bienestar, de educación, de
salud, de libertad, de seguridad social y de trabajo. Nos equivocaremos
nuevamente si pensamos qué hacer con nuestra herramienta del voto “cuando asome
el amanecer del 23 de octubre” como se anda propagando sin recato desde los
ofensivos discursos de campaña.