En estos días empiezan a venderse los ordenadores del Proyecto PC Popular, pieza fundamental para el proyecto de inclusión digital elaborado por el gobierno federal brasileño. Llamado también PC Conectado o Computador para Todos, este programa pretende llevar a un número creciente de ciudadanos, especialmente los de baja renta, la posibilidad de acceder al universo de la informática y de la comunicación vía Internet. Y, al mismo tiempo, promover la producción nacional en el sector.

La clave del programa es crear fórmulas que consigan bajar los precios de los ordenadores y de la conexión a la red. La primera medida consiste en conceder a las empresas productoras una importante exención de impuestos que debe trasladarse automática al precio del producto. Con eso se consigue, de un lado, una reducción en torno al 10% de los precios y, de carambola, combate a la evasión fiscal existente en el mercado.

Mientras tanto, un decreto de la Presidencia creó un servicio especial que permite a los operadores de telefonía fija ofrecer planos alternativos de servicio de acceso a Internet. Por 15 horas mensuales, se pagará la cantidad de 7,5 reales (poco más de 2 Euro).

Finalmente, otro decreto del gobierno establece tres vías de financiamiento para la venta y compra de computadores. El primero, microcrédito para los empresarios; el segundo, utilización de recursos de un programa de ayuda a la formación de trabajadores que queda disponible para los consumidores y, el tercero, una línea de crédito destinada a los comercios de venta al consumidor.

Uno de los elementos centrales políticamente y que, además, permiten el abaratamiento del producto, es la utilización de software libre en los computadores. La meta del gobierno es masificar la venta y utilización de máquinas que utilizarán un procesador del PC de 1,5 GHz, 128 megabits de memoria ram y 20 Gbits de disco. Finalmente, el aparato podrá ser comprado por un precio entre 30% y 40% más barato.

Ajeno, sin embargo, a todo eso, el principal acusado por el caso de corrupción en la empresa pública de correos, diputado Jefferson, parece completamente decidido a lanzar toda la mierda contra el ventilador. En una nueva comparecencia ante la comisión parlamentaria investigadora del caso, el susodicho está utilizando la táctica de mezclar denuncias de prácticas habituales de corrupción político-institucional que todo el mundo sabe o sospecha, por más que nadie se haga responsable, y que le convierten en paladín momentáneo de la lucha contra la corrupción y por la moralidad pública, con acusaciones concretas pero sin pruebas, a diestro y siniestro, contra varios diputados y dirigentes de partidos.

La población vive en estos momentos con la certidumbre de que cada día aparecerá algún nuevo escándalo o implicación envolviendo al gobierno o al PT. Mientras tanto, intentando situarse un poco más allá de las investigaciones policial y parlamentaria del caso, el gobierno intenta salir de la crisis recomponiendo el esquema de alianzas. Hay que tener en cuenta que el principal acusador contra el hasta hace pocos días “segundo” miembro en importancia del gobierno, José Dirceu, y contra el secretario general y el tesorero del PT, Silvio Pereira y Delúbio Soares, es el tal Jefferson, expresidente del PTB (Partido Trabalhista Brasileiro) partido integrante de la base de apoyo a Lula.

Escribe Emir Sader en Carta Mayor (www.agenciacartamaior.uol.com.br), día 30 de junio, que el gobierno Lula tiene dos salidas en este momento: una a derecha y otra democrática. O sea, respectivamente, siguiendo o pactando la línea que marca la actual oposición parlamentaria o planteando una salida democrática que apunte en la “dirección de las promesas hasta hoy no cumplidas”, junto con las “reivindicaciones de los movimientos sociales”. De esa opción “depende el futuro”, afirma, concluyendo que “nada será como antes” para Lula y el PT.

João Pedro Stédile, dirigente más conocido del Movimiento Sin Tierra-MST, integrante de la Coordinadora de Movimientos Sociales-CMS, junto con la CUT y otros, plantea 5 escenarios posibles: en el primero, el gobierno llega a un acuerdo con el Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), especie de cajón de sastre político con capacidad de ajuste para muchos intereses, aunque fundamentalmente conservador, para garantizar la tan traída y llevada “gobernabilidad” del país. El segundo, es el de la dimisión forzada de Lula, impeachment, como ya ocurrió en 1992 con el entonces presidente. En el segundo, Lula mantiene la actual política económica con la actual base de apoyo. Ya en el cuarto, el gobierno buscaría acuerdo con el partido del anterior presidente, el Partido de la Socialdemocracia Brasileña-PSDB. Finalmente, el quinto escenario, que es la propuesta defendida por el MST y la CMS, es el de una alianza de gobierno y movimientos sociales que “recupere la tradición histórica” del propio Lula y del PT. Con todo, el propio Stédile considera, vistos los acontecimiento, que la hipótesis más probable es la primera.

Sin embargo, ese escenario que el propio Lula anunció como la gran solución para la actual crisis, hoy ya no puede ser o, al menos, no como se pretendía. Después de ofrecer 4 ministerios para ese partido, con fotografía en la prensa y pase en todos los telenoticias, el PMDB decidió que no puede comprometerse con este gobierno. Dividido, como mínimo, en dos tendencias principales, una a favor y otra contra el acuerdo con Lula, la parte del “pro” decidió, de todas formas, ofrecer el apoyo de sus miembros. Sólo que quieren los cuatro ministros y no los 3 que después del desprecio todavía les ofrece el Presidente. Las negociaciones continúan y, quién sabe, tal vez consigan resolver la “crisis de gobernabilidad”. Ahora, como cualquier observador podrá comprobar, nada que apunte a un cambio de política en sentido progresista, sino más bien al contrario y, difícilmente, estabilidad para mucho tiempo.

En otro frente, y en previsión de que el acuerdo con la porción del PMDB no sea suficiente, el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, maestro o, tal vez mejor, buen alumno de la política económica ortodoxa heredada del gobierno anterior, junto con una buena porción de los asesores del anterior ministro de la misma área, salió del gabinete de su ministerio para entrar a fondo en la articulación política de alianzas. Su objetivo, convencer al PSDB. ¿De qué? Todo indica que no es para convencerles de que apoyen una hoy cada vez más inimaginable política económica que tuviese como eje los intereses populares, sino más bien convencerles de que el gobierno va a hacer los deberes del modelo neoliberal y mantener la “estabilidad” del país; pero que, para eso, en este momento, la cooperación del PSDB es fundamental.

¿Y el PSDB? pues… sin prisas y vamos a ver. Las aguas están muy agitadas como para compromisos de ningún tipo ahora mismo. Pero, cualquiera de las situaciones se presenta interesante para el partido de Fernando Henrique Cardoso. Ese partido y su aliado, el PFL (Partido del Frente Liberal, derechista), son los mejor situados en la mayoría de hipótesis de degradación o caída del actual gobierno. Si Lula tuviese que dimitir, asumiría el actual vicepresidente, del Partido Liberal, que no tendría ningún empacho ni problema en pactar con los de Cardoso; al contrario. Apoyar un gobierno Lula debilitado y sin capacidad de iniciativa, podría ser una buena preparación del camino para ganar las elecciones del próximo año. Asumir responsabilidades de gobierno parece mucho más difícil, a menos que el deterioro de Lula alcanzase niveles dramáticos, y en ese caso también serviría para preparar la entrada de nuevo en el Palacio del Planalto.

De cualquier manera, la hasta hace pocas semanas “incuestionable” reelección de Lula para otro mandato de cuatro está más que en duda. Sobre todo si la actual crisis se alarga y, peor, si del resultado de las investigaciones él mismo o por lo menos algunos de sus más estrechos colaboradores resultasen culpables y condenados. Los resultados económicos, por otro lado, parece que no van a seguir ayudándole mucho. El crecimiento previsto es menor que el proyectado y se aleja del mínimo deseable para pensar en reelección. Para agravar las cosas, de seguir elaborando recomposiciones ministeriales y de alianzas políticas por el camino que va, no va a dejar ninguna “excusa” a los movimientos sociales ni a la izquierda política y social para apoyarle como candidato, a menos que todavía pudiera surtir efecto el “arrepentíos que el mundo se acaba!”. Sin ese apoyo, poco le quedaría a Lula para seguir proponiéndose como candidato, pues no parece que a ninguno de los otros partidos pudiera interesarles, al contrario más bien, tenerlo como jefe de filas.

Pero, y mientras tanto, se pregunta la columnista de un importante diario paulistano, ¿dónde está el PT? Obviamente, no son pocos los problemas del partido en este momento. En primer lugar, importantes dirigentes del mismo están siendo acusados de delitos de corrupción. Entre ellos, José Dirceu (expresidente), Delúbio Soares (tesorero) y Silvio Pereira (secretario general). Aunque la dirección ha salido en defensa de la inocencia de todos ellos sin margen de dudas, las nuevas pruebas y revelaciones surgidas del proceso de investigación del caso están complicando progresivamente esa posición. El martes 5 de julio, una reunión extraordinaria de la Ejecutiva Nacional, según todas las informaciones e indicios, debe sustituir a Delúbio y a Silvinho. Sin embargo, desde las tendencias del llamado campo de izquierda se exige más que un simple relevo de cargos. Plantean la necesidad de crear una comisión investigadora que ponga las cuentas y responsabilidades en claro y exigen una recomposición de la dirección que garantice que el debate interno durante la campaña de elección directa (PED) de las direcciones y presidentes del PT a todo los niveles sea realmente democrático. La izquierda petista critica que la dirección de partido en estos últimos años ha actuado de forma autoritaria utilizando un control rígido y opaco de su dominio de la estructura para imponer, en la práctica, sus posiciones sin un verdadero debate.

La coyuntura actual, aunque mala, “malísima” al decir de la mayoría, a corto y medio plazo para el PT como un todo, abre expectativas reales para un cambio interno. En primer lugar, porque los acusados y los que, de confirmarse, estarían directa o indirectamente envueltos en los casos, son dirigentes de la tendencia o sector mayoritario del partido, al que pertenece el propio Lula, el llamado Campo Mayoritario; y difícilmente pueda mantener la unidad que le ha caracterizado hasta el momento. De hecho, las pérdidas en forma de alejamiento de tendencias, como la llamado Movimiento PT, o crítica de personalidades como el senador Eduardo Suplicy, abren espacio para una recomposición de la Dirección Nacional más favorable a las exigencias de las fuerzas del área llamada como “izquierda”, que mantienen su peso, en torno al 30% o 35%. La crisis, estallando justo al principio de esa campaña electoral, impone teórica y prácticamente debates de fondo sobre la línea política que ha venido siguiendo el partido y también sobre las formas de organización y funcionamiento.

El candidato con más apoyo dentro de la izquierda partidaria, Plinio de Arruda Sampaio, basa su campaña para la dirección nacional del PT sobre la reconstrucción de los núcleos de militantes y la adopción de formas de consulta, discusión y decisión mediante las cuales sean siempre protagonistas esos núcleos de base. De hecho, es la misma propuesta que hace 25 presentó a la dirección del partido, a solicitud de Lula, y que esa dirección no aceptó. La fórmula organizativa adoptada en aquel entonces se basó en núcleos, aunque no atendía las exigencias de protagonismo exigidas por Plinio Arruda. Años más tarde, el PT decidió acabar con los núcleos. Hoy, los núcleos vuelven a la agenda de discusión.

Otro candidato fuerte, aunque con el apoyo solamente de una de las tendencias de izquierda, la Democracia Socialista, es el exalcalde de Porto Alegre y actual diputado estatal Raul Pont. La propuesta de Pont también apunta a la recuperación de un partido militante aunque no con la propuesta concreta, al menos de momento, de los núcleos que avanza Plinio. Les diferencia también la caracterización del gobierno. Mientras que Plinio y las tendencias que le apoyan (Acción Popular Socialista, Fórum Socialista, Brasil Socialista, Disidencia…) hacen un balance principalmente negativo; desde el lado de Pont, cuya tendencia tiene participación activa en el gobierno (ministro Rosseto, de Desarrollo Agrario) el balance, aunque crítico, destaca y asume avances y conquistas.

Valter Pomar es el tercer candidato fuerte de esa área, apoyado por la tendencia Articulación de Izquierda. Tercer vicepresidente del PT, Pomar defiende una tesis que no añade mucho a lo planteado por los dos anteriores. Afirma que la izquierda tiene oportunidades para ganar forzando un segundo turno en el que un candidato único de esa área podría contar con muchos apoyos de militantes de las otras tendencias e, incluso, del campo mayoritario.

Una solución a mitad de camino entre el Mayoritario y la Izquierda podría ser la candidata María del Rosario, de la tendencia Movimiento PT, tradicional aliado de los primeros pero que en la actual circunstancia se aleja bastante del mismo.

De todos modos, la mayoría o, como mínimo, una parte importante de la militancia no consigue salir todavía de los efectos del “shock”, vive entre la sorpresa y la desorientación total, se pregunta qué está pasando y si eso puede o no ser verdad o hasta dónde. Los caminos que tomen las investigaciones, las opciones adoptadas por Lula para su gobierno y las decisiones del partido en estos días van a ser determinantes para responder a estas dudas y preguntas. Pero, lo que sí que parece indudable es lo que afirma Sader: para el PT y Lula “nada será como antes”; aunque, añadiendo algo más, de momento y por algún tiempo, cómo mínimo, todo indica que será peor.