¿Cómo apoyar de verdad a las comunidades afectadas por el
tsunami?, preguntan los autores. Fomentando una auténtica
recuperación de la economía local –plantean. Hacia esto dirige sus
esfuerzos Vía Campesina, alianza global de campesinos,
agricultores familiares y jornaleros. Los autores aseguran que la
campaña tsunami de auxilio y reconstrucción llevada a cabo por
esta alianza es la que más se acerca a lograr que sean las
organizaciones de base que trabajan en las mismas comunidades las
que canalicen la ayuda a los pueblos. Así, las propias comunidades
afectadas trabajan por recuperar su producción pesquera y granjera

Cuando los gobiernos y las organizaciones mainstream de ayuda
humanitaria se ponen en acción, tras eventos como el desastre del
tsunami en el océano Indico, es difícil no tener sentimientos
encontrados. Si bien uno puede reconocer la obvia necesidad de una
masiva operación de ayuda, uno no puede más que sentirse ansioso
si el Pentágono envía tropas y construye nuevas bases en la zona
de desastre, todo a nombre de la ‘ayuda humanitaria’. También es
normal dudar de los gastos administrativos de la industria de la
ayuda –ya criticada por verter alimentos genéticamente modificados
en Indonesia– y de los envíos de ayuda recibidos en aeropuertos
militares y usados como ‘zanahoria’ en las campañas de contra-
insurgencia, que llevan palos muy largos.

Quizá una manera de enfrentarse a la situación de manera más
positiva, para ayudar a los pescadores y los campesinos que
constituyen la inmensa mayoría de las víctimas del tsunami, es la
del Fondo Tsunami de Auxilio y Reconstrucción de Vía Campesina.
Esta campaña global es inusual porque la llevan a cabo grupos
comunitarios de base en las regiones afectadas por el desastre.

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Vía Campesina es una alianza global, única en su tipo, de
campesinos, agricultores familiares y jornaleros, mujeres y
jóvenes rurales, organizaciones indígenas y los sin tierra, y
representa a cerca de 150 millones de personas en el mundo. En las
zonas afectadas por el tsunami, los miembros clave de Vía
Campesina incluyen a la Indonesian Federation of Peasant Unions
(FSPI, Federación Indonesia de Organizaciones Campesinas), con
amplia presencia en Aceh y en las provincias del norte de Sumatra,
las áreas más cercanas al epicentro del temblor; la Asamblea de
los Pobres en Tailandia, que incluye a la Federación de Pescadores
del Sur; y la federación campesina de Sri Lanka, el Movimiento por
la Tierra Nacional y la Reforma Agraria. En esta campaña, Vía
Campesina también trabaja de manera estrecha con –y enviando ayuda
a– las organizaciones miembros de su alianza hermana: el Foro
Mundial de Pescadores, con fuerte presencia en las zonas afectadas
en la India y Sri Lanka.

Desde que fue fundada en 1993, Vía Campesina ha estado a la
vanguardia en la movilización política contra la globalización
empresarial, los acuerdos de libre comercio y las perniciosas
políticas de desarrollo rural del Banco Mundial.

En el espacio político que Vía Campesina ha creado, los
agricultores familiares de Estados Unidos, Europa y Canadá han
descubierto que tienen más en común con los campesinos e indígenas
de la India, Mozambique y México de lo que tienen en común con las
empresas trasnacionales que manejan la agricultura industrial en
el Norte. Sobre esta base común, los agricultores familiares del
Norte y los campesinos del Sur se han juntado en las protestas
contra la OMC, desde Seattle en 1999 hasta Cancún en 2003. Ahora
han vuelto su mirada colectiva hacia reconstruir las comunidades
devastadas por el tsunami.

La campaña global de recaudación de fondos está canalizando la
asistencia, a través de sus organizaciones de base, directamente a
las comunidades pesqueras y campesinas afectadas, para que sea
usada en sus propios esfuerzos de auxilio y reconstrucción.

El principio fundamental es que los campesinos y pescadores
deberían ser los actores principales en el auxilio y
reconstrucción de sus propias comunidades y sustento.

Así, en Indonesia los miembros de grupos campesinos locales
afiliados al FSPI donan alimentos frescos, producidos locamente, a
las comunidades afectadas; y en Sri Lanka, la Federación Nacional
de Pescadores (Nafso), amiga de Vía Campesina, organiza a los que
no fueron afectados para que asistan a los que sí, y ayuda a los
constructores locales de botes a reparar o remplazar los botes
pesqueros dañados o perdidos por el tsunami, para que la gente se
pueda poner a trabajar lo más pronto posible.

Las organizaciones locales de Vía Campesina tienen varias
preocupaciones acerca de la ayuda mainstream. Temen, por ejemplo,
que la administración de Bush se aprovechará de la necesidad de
asistencia humanitaria y la utilizará como pretexto para
establecer puestos militares en toda la región. Están preocupadas
de que en vez de comprar localmente los alimentos de la ayuda, lo
cual fortalecería la producción y redes de distribución locales,
los donadores y organizaciones caritativas internacionales
enviarán granos transgénicos excedentes de Estados Unidos a los
mercados locales, lo cual abarataría la economía campesina local.
Están preocupadas de que las organizaciones caritativas usarán los
donativos del tsunami para cubrir el costo de sus nóminas
internacionales y de que cooperarán en usar el esfuerzo de
reconstrucción para poner en marcha las ‘reformas estructurales’
dirigidas por el Banco Mundial, las cuales intensifican la pobreza.
También temen que los envíos de ayuda puedan terminar en manos de
los militares locales.

En contraste con la práctica del sector internacional mainstream
de ayuda humanitaria, el enfoque de Vía Campesina sigue la
tradición de autoayuda, de trabajo de base, de las respuestas de
auxilio y reconstrucción de la sociedad civil frente a los
desastres naturales en el mundo.

Por ejemplo, después de que el huracán Mitch azotó Centroamérica
en 1998, las organizaciones campesinas y las ONG locales fueron
mucho más efectivas que las agencias gubernamentales –debilitadas
por las políticas de ajuste estructural– y ayudaron a superar los
peores excesos de la corrupción gubernamental; también
fortalecieron a los movimientos de base.

Algo parecido pasó en Las Filipinas, tras el temblor en la isla de
Luzon en 1990 y la erupción del volcán Monte Pinatubo de la isla
en 1991. Y en la ciudad de México, donde numerosas organizaciones
barriales radicales emergieron tras el terremoto de 1985 y
forzaron al gobierno a tomar 7 mil propiedades de caseros,
formaron grupos ciudadanos de vigilancia para monitorear los
abusos gubernamentales y organizaron sus propios servicios
sociales.

Además, las organizaciones comunitarias locales suelen tener
costos más reducidos, ya que normalmente movilizan a voluntarios
locales en vez de personal internacional más caro o costosas
instituciones militares.

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Las lecciones de todo esto son claras. Si queremos que las
relativamente pequeñas contribuciones financieras que nosotros
como activistas podemos aportar para el auxilio y reconstrucción
en casos de desastres sean efectivas, debemos de canalizarlas a
las organizaciones locales de base. Y si queremos que estos
esfuerzos contribuyan a la movilización y fortalecimiento político
de base, necesarios para que haya cambios estructurales por una
mayor justicia social, entonces deberíamos de llevarlos a cabo de
manera que fortalezcan a las organizaciones populares a escala
local, nacional e internacional.

Debido a que Vía Campesina es una alianza mundial, las
contribuciones y las campañas solidarias locales promocionadas por
las organizaciones miembro y amigas llegan de una impresionante
lista de países, incluyendo Estados Unidos, Francia, Noruega,
Tailandia, Bélgica, Chile, Brasil, México, Suiza, Nueva Zelanda,
Australia, Canadá, Alemania, Suecia, Gran Bretaña, España, El
Salvador, Italia, Corea del Sur, Dinamarca y Ecuador. La National
Farmers Union of Canada (Unión Nacional Canadiense de
Agricultores), la National Family Farm Coalition (Coalición
Nacional de Agricultores Familiares) en Estados Unidos y la
European Farmers Coordination (Coordinación Campesina Europea) han
lanzado iniciativas para recaudar fondos entre sus miembros. En
México, la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas
Autónomas (UNORCA) ya recaudó más de 11 mil pesos para la campaña.

En todo lo que hace Vía Campesina, desde demandar que la OMC deje
de meterse con los alimentos y los sistemas agrícolas hasta
reconstruir las comunidades y economías locales después de los
desastres, las organizaciones miembro se guían por el ideal de la
alianza: ‘la soberanía alimentaria de los pueblos’. Para
garantizar la seguridad alimentaria local y la independencia
política de los pueblos del mundo, Vía Campesina cree que los
alimentos deben ser producidos a través de sistemas locales y
diversificados de producción campesina. Uno de los corolarios
básicos de esto es que cuando se necesita ayuda alimentaria en
situaciones de crisis debe de ser obtenida lo más localmente
posible para fortalecer los sistemas locales de producción y
distribución de alimentos.

La única manera duradera de eliminar el hambre y reducir la
pobreza es mediante el apoyo del desarrollo económico local.

Conforme se van reconstruyendo las comunidades devastadas por el
desastre del tsunami, y conforme la experiencia de movilización
local colectiva de auto-ayuda las fortalece, el principio de
soberanía alimentaria debería conducirlas hacia el desarrollo
económico local. Eso significaría propiciar que sean las mismas
comunidades afectadas las que recuperen la producción pesquera y
granjera para los mercados locales y nacionales.

Esto se contrapone con la situación reportada por Nafso en Sri
Lanka, que advierte de un ‘segundo tsunami de la globalización
empresarial y militarización’. Nafso acusa al gobierno de Sri
Lanka, a las agencias internacionales, a las tropas estadunidenses
enviadas con propósitos ‘humanitarios’ y a la industria del
turismo de tratar de privar a las comunidades pesqueras
desplazadas de su derecho a reconstruirse. La federación dice que
existen planes de construir hoteles en la zona costera antes
ocupada por comunidades pesqueras, y de darle a la flota de pesca
industrial canadiense los derechos comerciales para explotar lo
que antes era zona pesquera artesanal.

(Traducción: Tania Molina Ramírez. Para hacer donaciones:
www.viacampesina.org)

*Peter Rosset es investigador del Centro de Estudios para el
Cambio en el Campo Mexicano y María Elena Martínez es coordinadora
de la Red Internacional de Fondos para Mujeres.

Las voces de Vía Campesina

* Indonesia: Socorro en Aceh y el Norte de Sumatra por la
Federación Campesina de Indonesia (FSPI).

La FSPI, miembro de Vía Campesina, agrupa a centenares de nuevas
organizaciones campesinas locales y regionales que se formaron
tras la caída de la dictadura. El 26 de diciembre la vida se
convirtió en una pesadilla para la mayoría en Aceh y parte del
Norte de Sumatra. El maremoto de 9.0 en la escala de Richter,
seguido por una serie de tsunamis, destruyó casi todas las
comunidades cerca del mar.

Miles de nuestros miembros murieron o aún están desaparecidos.

Muchos paquetes donados a través de canales oficiales (sopa
instantánea, bisquets, medicinas, ropa…) llega a los aeropuertos,
pero es poco lo que se distribuye debido a la falta de
coordinación y a la burocracia de las agencias oficiales.

Por otro lado, alimentos frescos, como plátanos, yuca, frutas,
arroz, chile, papas y vegetales, son donados por los campesinos,
miembros de la FSPI en zonas no afectadas.

Creemos que estos son los mejores alimentos para los refugiados y
supervivientes. Recién formamos una amplia coalición de la
sociedad civil y en ella trabajamos para reconstruir casas y para
ayudar a los campesinos de esas regiones para que logren sembrar
de nuevo sus parcelas.

* Tailandia: Caravana “De los Pobres para los Pobres” lleva ayuda
a las zonas dañadas.

El tsunami devastó por completo 30 pequeños pueblos de pescadores,
habitados en su mayoría por musulmanes, algunos budistas y unos
cuantos gitanos. Otras 124 comunidades fueron dañadas
moderadamente. Nosotros, de la Asamblea de los Pobres, miembro de
Vía Campesina, nos sumamos a otros movimientos para formar la Red
para la Rehabilitación de los Recursos Costeros de Andaman. En la
Asamblea de los Pobres tenemos organizaciones campesinas,
indígenas, pesqueras y urbanas.

Actualmente, la Asamblea encabeza la Caravana “De los Pobres para
los Pobres” a las zonas dañadas. Llevamos arroz, donado por
nuestros miembros campesinos de cada región, y nos acompañan
carpinteros para reparar los botes de los pescadores locales.
Gracias a esto, la crisis de los pescadores artesanales se ha
reducido un poco. Muchas comunidades han establecido mecanismos de
recuperación, por ejemplo, instalando comités locales o usando a
las organizaciones comunitarias existentes como centros de
coordinación que facilitan el proceso de ayuda inmediata, y, con
nuestro apoyo, encuentran la manera de arreglar sus lanchas y
equipo de pesca.

(Peter Rosset. Con información de las organizaciones locales)

MASIOSARE, suplemento dominical de La Jornada (México), 13 de
febrero de 2005,
http://www.jornada.unam.mx/2005/feb05/050213/mas-peter.html