“¡Qué poco me va quedando
de lo poco que tenía!”
José Bergamín.

La pobreza tiende a ser considerada como el problema de unas
clases y comunidades marginales que van creando un “submundo” y
una determinada tipología de familias y personas. El resultado
es que los pobres separados de la sociedad, progresivamente van
siendo estereotipados como una clase inferior tanto moral como
intelectualmente.

Las personas y grupos sociales expuestos a las inseguridades
generadas por los procesos de pobreza, tienden a perder sus
conocimientos y experiencias para acceder a los recursos de la
sociedad en general, salvo, en alguna medida, a aquellos que
traten específicamente con los pobres; en este sentido, un
comportamiento pasivo y respetuoso puede ser una condición
previa para recibir asistencia.

Limitan sus horizontes y expectativas, en parte debido a la
ignorancia de las oportunidades disponibles y en parte por
realismo; y en ocasiones no prestan a sus hijos el estímulo y
apoyo indispensables que les animen en su formación educativa.

Algunos sucumben a enfermedades o trastornos mentales o caen en
conductas denominadas “desviadas” como resultado de estas
tensiones.

Por todo ello, la pobreza va creando y configurando formas de
vida y comportamientos deteriorados y rechazados por la
sociedad.

El colectivo pobre tiene una conciencia histórica de su
pertenencia a la situación de pobreza. Mayoritariamente viven en
situación de pobreza como una situación permanente, más allá de
la movilidad que ciertamente se da, como en cualquier otra
situación. Pero en esta situación, la posibilidad de abandonarla
es vista desde el escepticismo y la desesperanza. Así parece
indicarlo sus expectativas; un 36,6% de las familias pobres
creen que seguirán igual que están ahora; un 37,1% piensan que
estarán peor; un 16,2% no saben cómo evolucionará su situación y
sólo un 10,1% de las mismas creen que mejorará.

La desconfianza en sí mismos y en la sociedad acaba
constituyendo un rasgo de su personalidad; lo que acaba
constituyéndose en parte de su situación de pobreza.

El colectivo bajo el umbral de la pobreza constituye uno de los
sectores sociales más indefensos, tanto por su situación
objetiva de pobreza como por su escasa capacidad de organización
y asociación. Esta disgregación social es, sin duda, una de las
causas de perpetuación de la pobreza estructural.

Cuando los discursos y las intervenciones que la sociedad genera
sobre los colectivos pobres -a través de instituciones públicas
o privadas-, son paralelas a sus mundos vitales, quedan
convertidos en objeto del discurso institucional, y de la propia
intervención. Mientras esto sea así, deberemos afirmar que
también existe una causa institucional de la pobreza, al menos
de su permanencia en ella.

La pobreza reproduce pobreza. Existen las condiciones
suficientes para que la pobreza se transmita y perpetúe. La
percepción de las carencias económicas, culturales, laborales,
de salud, de las personas y familias con un grado notable de
pobreza, no se reduce simplemente a que se vean obligados a
buscar los medios de subsistencia de muy diversas formas, sino
que tales carencias pasan a “ser personas” y llegan a ser una
“forma de vivir”.

La Comisión Europea expresó sus temores de que una pobreza
persistente a lo largo del tiempo que se halle concentrada en
áreas específicas, puede producir un aumento de la exclusión
social y del comportamiento patológico. Y es que, como dijo el
poeta: “Yo creí que con el tiempo / la pobreza se acabaría / y
va aumentando / como las horas del día”.

Francisco Arias Solis
URL: http://www.arrakis.es/~aarias