¿Alguna vez se preguntaron como ha hecho Fidel Castro para
permanecer tanto tiempo en el poder? Nadie -excepto el Rey de
Jordania- ha permanecido en el gobierno por un período más largo
de tiempo. El hombre sobrevivió a ocho presidentes
estadounidenses, diez Juegos Olímpicos, y el regreso del Cometa
Halley. Y sin importar lo que el gobierno de Estados Unidos hace
para derrocarlo, tiene más vidas que “regresos” ha tenido Cher.

No es porque nuestros líderes no hayan hecho su mejor esfuerzo
para derrocarlo.

No, ya desde que Castro liberó su país del corrupto régimen de
Fulgencio Batista (al que apoyaban los Estados Unidos y la Mafia)
Washington ha probado una gran variedad de métodos para
derrocarlo. Estos han incluído intentos de asesinato (pagados con
el dinero de nuestros impuestos), invasiones, bloqueos, embargos,
amenazas de aniquilación nuclear, desorganización interna, y
guerra biológica (la CIA tiró manojo de gérmenes de Fiebre
Porcina Africana sobre el país en 1971, obligando a los cubanos a
matar 500 mil cerdos).

Y -algo que siempre me ha parecido extraño- ¡hay actualmente una
base naval estadounidense en la isla de Cuba! Imaginen si luego
de haber derrotado a los británicos en nuestra Revolución de
Independencia, les hubiéramos dejado mantener unos miles de
soldados y un puñado de acorazados en la bahía de Nueva York.
¡Increíble! El presidente Kennedy, que siguió con el plan del
Presidente Eisenhower para invadir Cuba en la Bahía de Cochinos,
ordenó a la CIA matar a Castro, intentándolo todo, desde una
lapicera rellenada con tinta envenenada hasta un cigarro
explosivo. (No, no estoy obteniendo mi información de Maxwell
Smart; está todo en el informe del Comité Church al Congreso, de
1975).

Por supuesto que nada de esto funcionó. Castro se volvió más
fuerte y los Estados Unidos continuaron pasando vergüenza. Cuba
era visto como “el país que se nos escapó.” Comenzó a ser una
molestia para nosotros. Aquí tenemos a cada nación de este
hemisferio metida en nuestro bolsillo, excepto a “esos malditos
cubanos.” Se ve mal. Como cuando toda la familia sale a cenar y
la oveja negra, el pequeño Billy, no se quiere quedar quieto en la
silla y hacer lo que le dicen. Todos en el restaurante miran a los
padres y se preguntan qué clase de educación le están dando. La
apariencia de que no lo están disciplinando o controlando como se
debe es la peor humillación. Entonces comienzan a vapulear al
pequeño Billy, el que -olvídenlo- no va a terminar sus porotos
nunca.

Así es cuán tontos lucimos al resto del mundo. Como si nos
hubiéramos vuelto locos por esta pequeña isla a 90 millas de
nuestras costas. No nos sentimos de ese modo frente a una real
amenaza para la humanidad, como la que significa el gobierno
Chino. ¡Y hablo acerca de una pandilla de asesinos! Aún así no
podemos movernos más rápido para meternos en la cama con ellos.
Washington gastó 23 años poniéndonos en contra de los Chinos, y
luego, repentinamente: ¡un día son nuestros amigos! Parece que los
Republicanos y sus compinches empresarios no estaban realmente en
contra de los dictadores comunistas, sino contra aquellos que no
los dejaban entrar a China para hacer dinero.

Y ese fue, por supuesto, el error fatal de Castro. Una vez que
tomó el poder, nacionalizó todos los negocios americanos y pateó
a la mafia fuera de La Habana. Fue como si se sentara en la Falla
de San Andrés, porque la ira del Tío Sam cayó duro sobre él, y no
lo ha dejado tranquilo por más de 37 años. Y a pesar de eso Castro
ha sobrevivido. Por ese sólo éxito, y a pesar de todos sus
defectos (represión política, discursos de cuatro horas y una tasa
de alfabetismo del cien por ciento), hay que admirar al muchacho.

Pero: ¿Por qué continuamos peleando por esta pata de pavo sobrante
de la Guerra Fría? La respuesta puede encontrarse mirando no más
lejos de una ciudad llamada Miami. Es desde allí que un puñado de
exilados cubanos enloquecidos han controlado la política
extranjera de los Estados Unidos hacia esta insignificante nación
insular. Estos cubanos, muchos de ellos acólitos de Batista que
vivían a todo trapo mientras esa pandilla asolaba el país, parecen
no haber cerrado un ojo desde que juntaron su dinero y huyeron a
La Florida.

Y desde 1960, han insistido en contagiarnos su locura. ¿Por qué es
que en cada incidente o crisis nacional que ha sufrido nuestro
país en las pasadas tres décadas (el asesinato de Kennedy,
Watergate, el caso Irán Contras, la epidemia del abuso de drogas,
y la lista sigue…) siempre encontramos a exilados cubanos
presentes o implicados? Primero, fue la conexión de Lee Harvey
Oswald con los cubanos de Nueva Orleáns. ¿O eran exilados cubanos
actuando solos para matar a Kennedy, o Castro ordenando su
asesinato porque se había aburrido de que Kennedy intentara
derrocarlo? En cualquiera de las teorías que usted suscriba, los
cubanos están rondando por el barrio.

Luego, en la noche del 17 de junio de 1972, tres cubanos, Bernard
Barker, Eugenio Martinez, y Virgilio Gonzalez (junto con los
estadounidenses Frank Sturgis y James McCord Jr.) fueron atrapados
entrando en las oficinas de campaña del Partido Demócrata en
Watergate. Esta operación encubierta, eventualmente causó la
renuncia de Richard Nixon, por lo que entreveo que hay gato
encerrado en esa operación del exilio cubano en particular. Hoy,
Barker y González son considerados héroes en la comunidad cubana
de Miami. Martínez, perdonado más tarde por Ronald Reagan, es el
único que se siente mal. “Yo no quise estar implicado en la caída
del Presidente de los Estados Unidos,” dijo. ¡Oh! ¡Qué hermoso de
su parte!

Cuando Oliver North necesitó un grupo encubierto para entrar armas
en Nicaragüa con el objetivo de derrocar al gobierno sandinista:
¿a quién pudo recurrir sino a los cubanos de Miami? Los veteranos
de Bahía de Cochinos Ramón Medina y Rafael Quintero eran los
hombres clave en la compañía de transporte aéreo que entregaba
las armas a los Contras. La guerra de los Contras, apoyada por
Estados Unidos, fue responsable de la muerte de 30 mil
nicaragüenses.

Uno de los premios mayores que recogimos de nuestra inversión en
estos exilados cubanos fue la ayuda que nos dieron introduciendo
drogas ilegales en los Estados Unidos, destruyendo familias y
barrios enteros de nuestras ciudades. Comenzando a principios de
los sesenta, una cantidad de cubanos (que también participaron en
la invasión de Bahía de Cochinos) empezó a regentear los círculos
mayores de los narcóticos en éste país. La DEA encontró poco
apoyo dentro del gobierno federal para ir atrás de estos exilados
cubanos, porque se habían organizado a sí mismos bajo la flasa
bandera de “grupos de la libertad.” De hecho, muchos no eran más
que frentes de operaciones masivas de contrabando de drogas. Los
mismos contrabandistas de drogas que ayudaron más tarde a
contrabandear armas para los Contras nicaragüenses.

Las organizaciones terroristas cubanas radicadas en los Estados
Unidos han sido responsables por la colocación de mas de 200
bombas y por lo menos un centenar de asesinatos desde el triunfo
de la revolución de Castro. Tienen a todos tan preocupados por
apoyarlos, que yo probablemente no debería estar escribiendo este
capítulo. ¿Pero por que no estoy preocupado? Porque estos exilados
cubanos, con toda su alaraca y terrorismo, son realmente una
manga de cagones. Eso: Cagones. ¿Quieren pruebas? Para empezar,
cuando a uno no le gusta el opresor de su país, se queda allí y
trata de derrocarlo. Esto puede ser hecho por la fuerza
(Revolución Americana, Revolución Francesa) o a través de medios
pacíficos (Gandhi en India o Mandela en Sudáfrica). Pero lo que
no se hace meter la cola entre las patas y correr, como hicieron
estos cubanos.

Imaginen si todos los colonos americanos hubieran huído al Canadá,
y luego hubieran insistido en que los canadienses tenían la
responsabilidad de echar a los británicos de América. Los
Sandinistas nunca hubieran liberado su país de Somoza si hubieran
estado todos sentados en una playa en Costa Rica, bebiendo
margaritas y enriqueciéndose. Mandela se fue a la cárcel, no a
Libia o a Londres. Pero los cubanos ricos se pelaron a Miami… y
se volvieron más ricos. El noventa por ciento de estos exilados
son blancos, mientras la mayoría de los cubanos (62 por ciento)
son negros o mestizos. Esos blancos sabían que no podían quedarse
en Cuba porque no tenían apoyo del pueblo. Entonces vinieron aquí,
esperando que nosotros peleáramos su pelea por ellos. Y, como
tarados, la peleamos.

No es que estos nenes llorones de los cubanos no hayan tratado de
ayudarse a sí mismos. Pero una rápida mirada a sus esfuerzos
recuerda a las viejas películas cómicas mudas. El de Bahía de
Cochinos es su fiasco más conocido. Tenía todos los elementos de
una gran comedia cómica: barcos equivocados, playa equivocada, no
tenían municiones para sus armas, nadie los fue a esperar, y –
finalmente- fueron dejados morir vagando por una parte de su isla
completamente desconocida para ellos (los choferes de sus
limosinas -adivino- nunca los habían llevado allí en los viejos
buenos tiempos). Este fiasco fue tan monumental que el mundo
todavía no ha parado de reírse, y los cubanos de Miami nunca han
olvidado ni perdonado ésto. Diga “Bahía de Cochinos” a alguno de
ellos, y lo verán como a un dentista taladrándole el nervio de un
diente.

Uno pensaría que la derrota de Bahía de Cochinos les debería haber
enseñado una lección, que hubieran dejado de insistir con esas
cosas. No hizo eso esta pandilla. Desde 1962 numerosos grupos de
exilados cubanos han intentado más incursiones para “liberar” su
patria. Veamos las más sobresalientes:

En 1981, un grupo de cubanos exilados de Miami desembarcaron en la
islita de Providenciales, en el Caribe, camino a invadir Cuba. Su
barco, el único que llegó de cuatro que salieron del Río Miami
(los otros tres fueron hechos volver por la Guardia Costera
debido al mar picado, problemas de motor o falta de chaquetas
salvavidas), tocó tierra en un arrecife cerca de Providenciales.
Atascados en la isla sin comida ni abrigo, los cubanos de Miami
comenzaron a pelearse entre ellos. Rogaron a la gente de Miami que
los rescatara de la isla, y luego de tres semanas fueron devueltos
a Florida vía aérea. El único de ese grupo que llegó a aguas
cubanas, Gerardo Fuentes, sufrió un ataque de apendicitis en el
mar, y tuvo que ser evacuado por la Guardia Costera hacia
Guantánamo.

En 1968, un grupo de cubanos de Miami supieron que un barco polaco
estaba amarrado en el puerto y que una delegación cubana podía
estar a bordo del carguero. De acuerdo al “St.Petersburg Times,”
los exilados cubanos dispararon con una bazooka casera e hicieron
impacto en el casco del buque. Sólo le hicieron un abollón, y el
líder del grupo, Orlando Bosch, fue apresado y sentenciado a diez
años de prisión, pero fue fue liberado en 1972. Bosch explicó que
habían esperado causar más daños al barco pero, se excusó: “¡Era
un barco grande!” Bosch había estado arrestado antes por remolcar
un torpedo a través de las calles de Miami a la hora de salida de
las oficinas, y otra vez había sido capturado con 600 bombas
aéreas cargadas con dinamita en el baúl de su Cadillac.

En 1990 la administración Bush lo sacó de la prisión, donde estaba
nuevamente, cumpliendo una pena por violación de libertad
condicional.

De acuerdo al “Washington Monthly,” “Durante el verano y
principios del otoño de 1963, fueron lanzadas cinco incursiones
de comandos contra Cuba con la esperanza de desestabilizar al
régimen. La raquítica “quinta columna” en Cuba fue instruída para
dejar las canillas abiertas y las lamparillas prendidas para
gastar energía… En 1962, según el “San Francisco Chronicle,” el
exilado cubano José Basulto, en una misión auspiciada por la CIA,
disparó un cañón de 20 mm desde una lancha rápida contra el Hotel
Inca, cerca de la bahía de La Habana, esperando matar a Fidel
Castro. El proyectil erró al blanco, y Basulto, viendo que su
barco se llenaba de gasolina derramada, pegó la vuelta para
Florida. “Uno de nuestros tanques de combustible, hecho de
plastico, comenzó a gotear,” explicó Basulto más tarde. “El
combustible se derramó sobre la cubierta. No sabíamos qué hacer.”

Años más tarde, Basulto formó “Hermanos Al Rescate,” un grupo de
exilados que hace unos años estuvo haciendo vuelos sobre Cuba,
zumbando con sus aviones sobre las ciudades, tirando panfletos, y
generalmente tratando de intimidar al gobierno cubano. En febrero
de 1996, Castro aparentemente se aburrió de este acoso, y luego
del 25avo incidente en un año de los “Hermanos” violando el
espacio aéreo cubano, ordenó que dos de sus aviones fueran
derribados.

Aunque los “Hermanos al Rescate” violaban la ley estadounidense
por volar dentro del espacio aéreo cubano, la administración
Clinton fue de nuevo al chiquero del exilio e instantáneamente
sacó un decreto para endurecer el embargo contra Cuba. Este
embargo trajo la ira del resto del mundo contra nosotros. La
Asamblea General de las Naciones Unidas votó 117 a 3 a favor de
condenar a los Estados Unidos por su violencia económica contra
Cuba, tal y como ha sido en cada votación sobre el tema desde que
el embargo fue impuesto.

La semana después de que los aviones fueran derribados, los
exilados trataron de apurar a los Estados Unidos, esperando
comprometer a los militares en algún tipo de acción contra
Castro. Anunciaron que al siguiente sábado llevarían una flotilla
de barcos desde Florida hasta la costa cubana para protestar por
el derribo de los dos aviones. Clinton decidió la puesta en
escena de la más grande exhibición de fuerza contra Cuba desde la
Crisis de los Misiles, y envió un escuadrón de cazas F 15, once
escampavías de la Guardia Costera, dos cruceros misilísticos de la
Marína, una fragata de la Marina, dos aviones C 130, y una bandada
de Choppers, AWACs, y 600 guardamarinas para apoyar a la
flotilla.

Lo único que se olvidó de mandar fue remedio contra el mareo, que
-al final- era lo único que los cubanos de Miami hubieran
necesitado realmente. Sólo a 40 millas de Key West, los cubanos
en los botes comenzaron a marearse, a vomitar y a rogar a sus
pilotos que dieran vuelta los malditos yates y volvieran a Miami.
Con el mundo entero mirando, los cubanos huyeron de nuevo con la
cola entre las patas. Cuando llegaron al puerto, dieron una
conferencia de prensa para explicar su retirada. El portavoz
estaba todavía un poco mareado, y se podía ver cómo los
periodistas se separaban de él, temiendo ser cubiertos por un
“Linda Blair Special” en cualquier momento…

“Una terrible tormenta se levantó en el mar,” dijo el líder de la
huída cubana mientras palidecía rápidamente. “¡Las olas tenían
más de diez pies de alto, y tuvimos que volver o perder nuestros
barcos!” Mientras así hablaba, algún genio creativo en la CNN
comenzó a emitir imágenes aéreas de la flotilla rumbo a Cuba. El
sol brillaba, el mar estaba calmo como un plato, y el viento
soplaba gentilmente, si es que soplaba. Los reporteros en alta mar
dijeron que luego de que las cámaras de la CNN se fueron, la aguas
se pusieron “bastante duras.” Sí, seguro, era por las carcajadas (Traducción libre: Andrés Capelán/Comcosur
)

de Fidel, que se estaba cagando de la risa.
COMCOSUR AL DÍA ESPECIAL – AÑO 6 – Nº 856