Declaración de la LXXV Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano

INTRODUCCIÓN

Reunidos en la LXXV Asamblea Plenaria del Episcopado
Colombiano, como pastores de nuestras comunidades cristianas
católicas, hemos analizado atentamente la problemática agraria
de nuestro país y su incidencia no solo en los niveles
económicos y políticos sino ante todo en los hombres y mujeres
del campo afectados gravemente por lo que podemos llamar
crisis agraria. Hemos reflexionado en la fe iluminando la
realidad con el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia y
hemos asumido compromisos pastorales serios y concretos a la
vez que formulamos criterios morales y propuestas con el ánimo
de colaborar en la solución al problema agrario

Nos mueve en esta reflexión el compromiso con la dignidad de
todo hombre y mujer, como también el deseo de acompañar a
nuestros hermanos campesinos y campesinas al encuentro con
Jesucristo vivo camino de Conversión, Comunión y
Reconciliación. Igualmente nos mueve el deseo de exhortar
fraternalmente a todos los colombianos y colombianas para que
superando nuestras divisiones internas trabajemos unidos en la
búsqueda de mejores condiciones de vida para los más pobres,
los marginados del campo, aportando así lo mejor de cada uno
para la construcción de un país en paz dentro de un desarrollo
humano integral y sostenible que pueda ser para todos el hogar
común.

Resuenan en nosotros las palabras del Beato Juan XXIII que
conservan toda su vigencia al dirigirse a los hombres y
mujeres del campo: “Ellos pueden fácilmente comprobar cuán
noble es su trabajo, sea porque lo viven en el templo
majestuoso de la creación; sea porque lo ejercen a menudo en
la vida de las plantas y los animales, vida inagotable en sus
expresiones, inflexible en sus leyes, rica en recuerdos de
Dios Creador Próvido; sea porque produce la variedad de los
alimentos de que se nutre la familia humana, y proporciona un
número siempre mayor de materias primas a la industria” [1]

No pretendemos hacer una exposición técnica sobre la
problemática de la tierra, aunque hemos recibido aportes
valiosos de expertos comprometidos en la cuestión agraria. La
misión de la Iglesia es convocar a todos los hombres y mujeres
para que vivan de acuerdo con el Evangelio, lleguen al
encuentro con Jesucristo, formen comunidades que sean casa y
escuela de comunión e incidan en la construcción de una
sociedad justa, solidaria y reconciliada. La comunión en
Cristo es un camino que niega la exclusión y prepara una mesa
común para todos.

Queremos rendir un homenaje sincero a la familia campesina.
Colombia sigue siendo a pesar de la acelerada urbanización un
pueblo campesino en sus raíces y en su mentalidad. Reconocemos
su profunda religiosidad en donde descubrimos con respeto y
admiración las semillas del Verbo Encarnado y los frutos de
una intensa evangelización con sus luces y sombras.

La actual coyuntura de los campesinos nos obliga a
solidarizarnos con ellos y a hacer de sus sufrimientos un reto
que debemos ayudar a superar. Estamos convencidos de que la
comunión que tanto anhelamos se construye en el sacrificio.

LOS GRANDES DESAFÍOS DEL MUNDO AGRARIO

Las debilidades y problemas.

En ambiente de esperanza pero con la firmeza que exige la
denuncia profética de hechos que interpelan nuestra realidad
agraria, queremos presentar las siguientes constataciones que
sintetizan algunos de los graves problemas del sector agrario:

1. La ausencia de una política eficiente de Estado que lleve a
superar de raíz la pobreza y marginación del sector agrario.
Campesinos sin tierra y sin trabajo, indígenas y
afrocolombianos en situación de miseria y abandono.

Los problemas del campo son estructurales y no simplemente
coyunturales.

2. La presencia permanente y el crecimiento de los mismos
grupos armados en el campo, hasta el punto de convertirse en
la misma autoridad poniendo en peligro la gobernabilidad en
muchos municipios del país

3. La presencia perversa del narcotráfico con sus cultivos de
uso ilícito y la alteración permanente de la economía, la
política y de la misma cultura campesina:

a. Muchos campesinos y campesinas han tenido que entrar en la
cadena de los cultivos de uso ilícito por falta de
alternativas en el sector rural o por crisis en sectores
históricamente productivos. Nadie puede negar que el
narcotráfico es un factor que ha desestabilizado la vida de
las comunidades con presiones, violencia y descomposición de
las redes comunitarias

b. El enorme desnivel entre las posibilidades de acceso a los
beneficios de la sociedad y el mundo urbano y las limitaciones
y aún la total ausencia de esos bienes y servicios en el
sector rural

c. En nuestro país existe una franja cada vez más amplia de
personas que sufren hambre a pesar del potencial alimentario
que tenemos. Mas del 60% de la población colombiana es pobre y
un porcentaje importante de este grupo está en condiciones de
riesgo inminente por falta de alimentos. Se trata de una
situación escandalosa en un país de vocación eminentemente
agrícola

d. Las políticas educativas, aún las actuales no parecen haber
sido pensadas teniendo en cuenta la situación lamentable del
mundo campesino, su diversidad de culturas, etc

4. En fin, la ausencia de reconocimiento social y político del
campesinado contribuye a que el empobrecimiento y la violencia
que sufren se acrecienten sin lograr una fuerte solidaridad
con sus víctimas. No nos parece una simple coincidencia el
gran deterioro que ha sufrido en las últimas décadas la
población campesina por una parte, y el abandono de unas
claras políticas agrarias, el crecimiento de cultivos ilícitos
y el fortalecimiento de grupos armados, especialmente en el
campo. Creemos que hay una vergonzosa correlación

5. Las múltiples formas de violencia que conjugadas con el
empobrecimiento progresivo han causado el desplazamiento de
más de dos millones de campesinos en menos de 10 años

6. La eliminación o el debilitamiento de las organizaciones de
base campesinas, por el asesinato de sus líderes o las
amenazas que los llevan a huir a sitios más seguros

7. La destrucción de nuestras riquezas naturales (bosques,
agua, etc.), la degradación del latifundio y la utilización de
tierras aptas para la agricultura en explotaciones ganaderas
extensivas en detrimento de nuestra seguridad alimentaria

8. Las políticas económicas ligadas a los tratados de libre
comercio (ALCA, por ejemplo) que de no estudiarse y aplicarse
en marcos más amplios que el simplemente económico pueden
causar efectos nocivos en la producción agrícola que garantiza
la seguridad alimentaria.

9. La progresiva concentración de la tierra en manos de
narcotraficantes, autodefensas y la misma guerrilla

Las fortalezas y potencialidades

Ante este panorama negativo, como pastores debemos presentar
muchos aspectos positivos que tiene nuestro campo, como
también el esfuerzo de algunas instituciones públicas o
privadas que apuestan seriamente por el desarrollo integral
del mundo agrario sin esperar a que se firme la paz para hacer
cambios radicales que toquen la misma estructura del sector.

Entre esas fortalezas y potencialidades queremos anotar
algunas:

1. La primera de ellas como lo hemos dicho al inicio de este
documento, la constituyen los mismos campesinos y campesinas:
ellos son nuestra principal riqueza. Reconocemos en ellos el
amor y el apego a la tierra, su vivencia de fe, sus valores
humanos y cristianos. Los campesinos y campesinas han sido los
guardianes permanentes de nuestra soberanía y de nuestra
unidad nacional. A ellos les han pasado cuantiosas cuentas de
cobro en especial los grupos armados y demás agentes de
violencia en el país

2. Contradictoriamente esos campesinos son los que en mayor
proporción abastecen de productos de primera necesidad a las
ciudades colombianas (seguridad alimentaria)

3. Las comunidades rurales han generado organizaciones y
propuestas muy valiosas para la construcción de la paz y para
el desarrollo local y regional asegurando en primer lugar, su
derecho a vivir en el propio territorio. Son variadas las
experiencias de organización comunitaria que ante las
presiones, amenazas y ataques por parte de actores armados han
desarrollado propuestas para superar la situación y defender
los derechos inalienables, el primero de ellos su derecho a la
vida

4. Los programas de desarrollo y paz en nivel regional en la
actualidad, la expresión de la participación de los habitantes
de las zonas rurales en la creación de modelos que asuman de
manera integral las potencialidades y recursos de la región
para afirmar lazos de convivencia ciudadana incluyente,
reconstruir el tejido social y fortalecer las posibilidades
humanas regionales

5. Las iniciativas de economía solidaria en el campo
colombiano están mostrando un modelo de desarrollo capaz de
generar posibilidades de acceso a los servicios y en recursos
para todos. Son numerosas las comunidades rurales organizadas
en actividades productivas de carácter solidario que le dan al
país un motivo de esperanza

6. Ante la realidad de un mundo globalizado, los campesinos y
otros sectores de la población rural, pueden convertirse en
una fuerza importante de producción y de aceleración de
procesos de fortalecimiento nacional, si se les presta un
servicio integral de formación, organización y fortalecimiento
regional

7. Se ha iniciado un proceso de modernización y
reestructuración del sector agrario que puede abrir caminos
para crear condiciones de vida dignas para el campesino. Se
trata solo del inicio de un proceso que puede ser benéfico
para este sector tan deprimido del país

8. Existen sectores vinculados al campo y organizaciones del
mundo agrario que desarrollan actividades con el fin de
asegurar el equilibrio ecológico y territorial

9. Organismos para la promoción y defensa de los Derechos
Humanos.

A LA LUZ DE LA PALABRA DE DIOS Y DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA
IGLESIA.

Como pastores queremos reflexionar con nuestras comunidades
campesinas sobre su problemática a la luz de la Palabra de
Dios y de la Doctrina Social de la Iglesia, solo así podremos
encontrar la razón de ser de nuestro esfuerzo por colaborar en
la solución de lo que hemos llamado la crisis agraria.

Estamos, por lo tanto, construyendo Reino de Dios en una
perspectiva de fe, de esperanza y de amor a Dios y a nuestros
hermanos campesinos

1. Partimos de la misma afirmación bíblica de todos conocida:
La tierra es un don de Dios para todos y todas. La presencia
del Señor de la Vida, creador de todo el Universo que ha dado
como mandato a la humanidad “llenen la tierra y sométanla” (Gn
1,28) nos ilumina y nos anima a continuar en la búsqueda de
las mejores condiciones de vida para todos y en particular nos
invita en este momento a reflexionar y a comprometernos con el
cuidado del medio ambiente y de las enormes riquezas con las
que ha bendecido a nuestra patria, así como a afirmar nuestro
compromiso con las gentes del campo. “La naturaleza profunda
de la creación es ser un don de Dios para todos, y Dios quiere
que se quede así. Por eso la primera orden que Dios da es la
de conservar la tierra respetando su naturaleza de don y
bendición, y no de transformarla en instrumento de poder o
motivo de conflictos” [2]

2. “La Sagrada Escritura como Palabra de Dios es una fuente
inagotable de vida y de esperanza para el pueblo de Dios. En
este caso, el texto sagrado nos ofrece un material particular
en los libros del Antiguo Testamento, precisamente por la
importancia que tuvo la tierra para el pueblo de Israel; es
allí, donde el Dios Yahvé, el Dios de la Historia, se revela.
Y en el Nuevo Testamento desde un contexto campesino en el
cual Jesús retoma su compromiso con los más débiles (parábolas
del Reino); la tierra adquiere un significado diferente y no
menos importante. La salvación que viene de nuestro Señor
Jesucristo y la esperanza en ella, se traduce en la búsqueda
de un “nuevo cielo y una nueva tierra” (Ap.21-22)

3. Una clara advertencia sobre la propiedad de la tierra , la
encontramos en el libro del levítico: “La tierra no puede
venderse para siempre, porque la tierra es mía y vosotros
estáis en mi tierra como forasteros y huéspedes” (Lev 25,23).
En este mismo capítulo del Levítico se definen las normas y
leyes que le permiten al pueblo de Israel proteger la tierra y
tener acceso a la misma (año sabático y año de jubileo)

4. En la época de Elias, el rey Ajab deseó comprar o cambiar
la tierra del campesino Nabot por otra mejor -Nabot es hoy el
símbolo del campesino pobre que ha sido desplazado o
asesinado- a lo que Nabot le responde: “Líbrame Dios que vaya
a dar la herencia de mis padres” (1 Re 21,3). El Deuteronomio
se convierte también en un canto maravilloso a la tierra
soñada por el pueblo y por todos nosotros: “Yahvé, tu Dios, va
a introducirte en esta tierra buena, tierra de arroyos y de
vertientes…, tierra de trigo y de cebada, de viñas e
higueras, de granados y de olivos, tierra de aceite y miel.
Tierra donde el pan que comas no será racionado y donde nada
te faltará. Comerás hasta saciarte y bendecirás a Yahvé por el
buen país que te dio”

5. En el Nuevo Testamento, la predicación de Jesús, revela en
las parábolas del Reino experiencias de la vida de los
campesinos de Galilea que hoy para nosotros y para la pastoral
de la tierra, son una invitación a poner toda nuestra
confianza en el Dios de la vida, a pesar de realidades
adversas con las que nos encontramos frecuentemente: “Un
campesino echa una semilla en la tierra; esté dormido o
despierto, de noche o de día, la semilla, sin que él sepa
cómo, germina y crece” (Mt. 4,26 ss)

En síntesis, en la promesa de la bienaventuranza, la tierra la
poseerán los mansos y los pobres de Yahvé, aquellos que han
sido capaces de vivir con fe y esperanza las promesas del Dios
resucitado” [3]

6. Reiteramos nuestra afirmación sobre la dignidad fundamental
de todo ser humano como hijo e hija de Dios. La economía de la
creación y la economía de la redención se reúnen para
fundamentar la construcción de la antropología cristiana. Lo
que se nos plantea hoy en Colombia es la necesidad de
reafirmar el respeto por la dignidad de cada ser humano.
Nuestras hermanas y hermanos del mundo rural viven a diario el
peligro y la amenaza contra su dignidad en un ambiente de
violencia y de muerte. Colombia necesita reafirmar el
reconocimiento con estos hermanos nuestros de sus derechos
inalienables. “El mundo agrícola, que ofrece a la sociedad los
bienes necesarios para el sustento diario, reviste una
importancia fundamental. Las condiciones del mundo rural y del
trabajo agrícola no son iguales en todas partes, y es diversa
la posición social de los agricultores de los distintos
países. Esto no depende únicamente del grado de desarrollo de
la técnica agrícola sino también, y quizá más aún, del
reconocimiento de los justos derechos de los trabajadores
agrícolas y finalmente, del nivel de conciencia respecto a la
ética social del trabajo” [4]

7. El Desarrollo humano integral y sostenible constituye uno
de los grandes retos para la Iglesia en cuanto forma parte
integral de la evangelización. Esta es la tesis central de la
Encíclica de Paulo VI Populorum Progressio y de otros
documentos básicos del Magisterio Socia como Octogésima
Adveniens de Paulo VI, Solicitudo Rei Socialis y Centésimus
Annus de Juan Pablo II

8. El desarrollo engloba a todo el hombre en sus diferentes
dimensiones y a todos los hombres sin distinción alguna. La
Iglesia trata con especial amor al más pobre como que él es
privilegiado del amor de Dios, de allí nace nuestra opción
preferencial por los más pobres, en nuestro caso, por el
campesino colombiano

9. El desarrollo, por tanto, no tiene como fin último el tener
más sino el ser más; la búsqueda exclusiva del poseer se
convierte en un obstáculo para el cumplimiento del ser y se
opone a la verdadera grandeza. [5] Aún más, el progreso de la
técnica y de la civilización de nuestro tiempo exigen un
proceso proporcional de la moral y de la ética [6]

10. El desarrollo, en fin, no sólo suscita un crecimiento
económico, sino también es necesario que distribuya
equitativamente sus beneficios, que regenere el medio ambiente
en lugar de destruirlo, que fomente la autonomía de las
personas en lugar de marginarlas; en fin, un desarrollo que
otorga prioridad a los pobres, que amplía sus opciones y
oportunidades y que prevé su participación en las decisiones
que afectan sus vidas; un desarrollo que favorece a los seres
humanos, favorece a la naturaleza, favorece la creación de
empleos y favorece a la mujer

11. Si queremos especificar mas las dimensiones del desarrollo
humano integral y sostenible podemos decir que:

a. La dimensión política del desarrollo, se manifiesta en la
estabilidad y eficiencia de las instituciones democráticas y
en la vigencia de los derechos humanos;

b. La dimensión económica del desarrollo se logra por la
disponibilidad de bienes y servicios para satisfacer las
necesidades humanas

c. La dimensión social del desarrollo se expresa en la equidad
con que beneficia a todos los sectores de la población y en su
participación cualquiera sea su origen raza, sexo, edad,
empleo o condición

d. La dimensión ecológica del desarrollo se refiere a la
protección el medio ambiente y la conservación y renovación de
los recursos naturales

e. La dimensión cultural del desarrollo se manifiesta en las
posibilidades de crecimiento personal y de cultivo de sus
aptitudes físicas, intelectuales y artísticas que la sociedad
proporciona a la gente

f. La dimensión ética del desarrollo se expresa en la vigencia
en la vida social de valores morales como el respeto a la
verdad, la honradez, el sentido del deber y la justicia, la
consideración al prójimo, la solidaridad, el espíritu de
servicio y el anhelo de perfección

La tierra dice Pablo VI está hecha para procurar a cada uno de
los medios de subsistencia y los instrumentos de su progreso,
todo hombre tiene el derecho de encontrar en ella lo que
necesita [7]

12. De allí nace otro principio sobre el destino universal de
los bienes tema clave en el pensamiento social de Juan Pablo
II y la función social de la propiedad sobre la cual como dice
el Santo Padre pesa una hipoteca social, pero que ya desde el
mismo Concilio Vaticano II se afirma insistentemente (G.S.
n.69)

Dentro del mismo Magisterio Social de la Iglesia vamos
encontrando los grandes principios aplicables al sector rural:

13 La solidaridad. Las condiciones nacionales e
internacionales en las que se encuentran los hombres y mujeres
del mundo rural enfatizan la interdependencia de las
sociedades actuales y la necesidad de que todos nos
comprometamos a buscar junto a ellos los caminos para que se
garanticen sus condiciones dignas de vida y el desarrollo
rural con respeto por el medio ambiente. “La solidaridad que
proponemos es un camino hacia la paz y hacia el desarrollo”
[8]

14 La corresponsabilidad. Todos los colombianos somos
responsables de la construcción de una sociedad en la que la
justicia y la paz sean pilares fundamentales de la convivencia
ciudadana. Reconocer que somos corresponsables nos lleva a
abrirnos a un diálogo para buscar la solución a problemas
profundos como los que aquejan al campo colombiano. “El
trabajo del campo conoce no leves dificultades, tales como el
esfuerzo físico continuo y a veces extenuante, la escasa
estima en que está considerado socialmente hasta el punto de
crear entre los hombres de la agricultura el sentimiento de
ser socialmente unos marginados, hasta acelerar en ellos
masivamente el fenómeno de la fuga del campo a la ciudad y
desgraciadamente hacia condiciones de vida todavía más
deshumanizadoras. Por consiguiente, en muchas situaciones son
necesarios cambios radicales y urgentes para volver a dar a la
agricultura – y a los hombres del campo – el justo valor como
base de una sana economía, en el desarrollo de la comunidad
social” [9]

15 La participación de todos. La búsqueda de nuevos caminos
exige que todos los colombianos, particularmente en los
sectores rurales puedan participar activamente. Las numerosas
iniciativas regionales que existen en el país han tenido su
fuerza gracias a la amplia participación de todos, de acuerdo
con su dignidad. Sin embargo el país está llamado a recuperar
la capacidad creativa y el aporte de las gentes del sector
rural “Estamos convencidos, no obstante, de que los
protagonistas del desarrollo económico, del progreso social y
de la elevación cultural de los ambientes agrícola-rurales,
deben ser los mismos interesados, es decir los obreros de la
tierra [10]

16 La Justa distribución de la tierra. Ante los numerosos
problemas que presenta la concentración de la tierra en
nuestro país y ante la necesidad de que se proteja la
propiedad sobre la tierra de las comunidades y familias
desplazadas a lo largo de estos años, es oportuno recordar la
posición de la Iglesia al respecto. Desde la antigüedad la
Iglesia ha sostenido el derecho de los pobres a vivir en su
tierra y a no ser expulsados de ella y ha mostrado el límite
del derecho de la propiedad privada en el uso de los bienes
necesarios para vivir. “Esta doctrina, establecida por Santo
Tomás de Aquino, ayuda a evaluar algunas situaciones difíciles
de mucha importancia ético – social, como la expulsión de los
campesinos de las tierras que han cultivado, sin que se les
asegure el derecho a recibir la parte de los bienes necesarios
para vivir, y los casos de ocupación de las tierras baldías
por parte de los campesinos que no son propietarios y que
viven en condiciones de extrema indigencia” [11]

17 La seguridad alimentaria. Cuando los sectores agrícolas
tienen acceso a la tierra, a los recursos para la
productividad y se aseguran las fuentes hídricas se garantizan
las condiciones básicas para que puedan lograrse niveles de
seguridad alimentaria para toda la población. “El problema del
hambre no podrá encontrar solución mientras no se fomente la
seguridad alimentaria local. Para eso es necesario realizar
programas que valoricen la producción local, y establezcan una
legislación eficaz que proteja las tierras agrícolas y
garantice a la población campesina el acceso a ellas” [12].

RESPUESTA HISTORICA DE LA IGLESIA COLOMBIANA A LA PROBLEMÁTICA
DEL CAMPESINADO

Sin pretender justificar nuestros vacíos y errores en relación
con la evangelización integral del mundo campesino y lo
correspondiente a su promoción humana y social, creemos
conveniente recordar muy someramente las acciones de carácter
social que desde diferentes ángulos de la Iglesia, hemos hecho
presencia en el sector rural. No hay jurisdicción eclesiástica
ni comunidades religiosas masculinas o femeninas que en su
historia no hayan organizado obras específicas o hayan
realizado acciones de asistencia social, de formación,
organización o promoción para el mundo campesino más
marginado. Estamos en mora de elaborar un inventario de dichas
acciones y hacer un análisis y una evaluación en profundidad
del contenido teórico, doctrinal y operativo de las mismas. De
esta manera podríamos recuperar la memoria histórica y
aprovechar la riqueza de tantas experiencias que por nuestra
misma indiferencia o discernimiento están en peligro de
perderse

Permítanos recordar la Coordinación Nacional de Acción Social
Católica que nació en 1944 confiada por la Conferencia
Episcopal a la Compañía de Jesús y que tenía como tarea
orientar, ayudar y coordinar las organizaciones y actividades
de Acción Social Católica; la SETRAC (Selección de
Trabajadores Católicos) de la cual salieron muchos dirigentes
sindicales y gremiales, FANAL (Federación Agraria Nacional)
fundada en 1945, los sindicatos campesinos afiliados a la UTC
(Unión de Trabajadores de Colombia) UCONAL (Unión de
Cooperativas Nacionales) que luego dieron nacimiento a
COOPDESARROLLO y CUPOCREDITO con gran éxito en el sector
rural. En algunas diócesis casi todas sus parroquias tenían
una cooperativa

En 1977 la Coordinación Nacional de Acción Católica se
incorporó al Secretariado Nacional Pastoral Social con una
sección específica de Pastoral Social Rural

Otra obra muy conocida y apreciada en el sector rural fue la
llamada ACPO (Acción Cultural Popular) que nació en Boyacá en
1947 con un programa educativo singular en su emisora radio
Sutatenza y con un medio de comunicación específico llamado El
Campesino. ACPO trabaja para que la organización de la vida
social se realice en concordancia con el plan de redención;
“mas que la alfabetización y la enseñanza de unas cuántas
técnicas, el mérito de ACPO consistió, según la opinión del P.
Gustavo Jiménez S.J. “en haber introducido en forma rápida e
integrada una serie de cambios en las actitudes y valores de
los campesinos. Es posible que si ACPO hubiera continuado con
el mismo dinamismo, hubiera desarrollado mecanismos
organizativos capaces de impedir que el conflicto armado que
se desarrolló en las regiones rurales llegara a los extremos
actuales de barbarie [13]

A lo anterior podemos añadir la cantidad de granjas, hogares y
escuelas de la Iglesia católica que se fundaron para atender
específicamente a los niños huérfanos de la violencia. Fómeque
recuerda a su párroco Monseñor Gutiérrez creador de un modelo
integral de desarrollo municipal. Los hogares juveniles
campesinos cumplen sus 40 años de servicio al campesino
colombiano. Los colegios agropecuarios en tantas poblaciones
marginadas, las “Cáritas” parroquiales y muchas obras más son
muestra fehaciente de la preocupación de la Iglesia por el
sector más olvidado de Colombia, el campesino. Sería
interesante analizar las causas por las cuales estas obras
fueron perdiendo su vigencia. De todas maneras podemos afirmar
que en la actualidad el trabajo de pastoral social rural ha
tenido que atender preferencialmente el problema de la
intensificación del conflicto armado con sus múltiples
consecuencias: violación de los derechos humanos y el Derecho
Internacional Humanitario, el fenómeno del desplazamiento, el
problema de la justicia social, la búsqueda de la paz, el
narcotráfico, el problema indígena y los afrodescendientes, el
desarrollo integral, la regionalización. Se trata denuevas
formas de intervención social en las cuales la presencia del
laico en lo social es fundamental para el desarrollo de las
acciones

En nivel nacional por parte del Episcopado Colombiano se
recoge la Acción en el Secretariado Nacional de Pastoral
Social (SNPS)

Queremos enviar nuestro saludo fraternal a todos los programas
y acciones con esta clara inspiración cristiana católica, que
trabaja por la paz y el desarrollo del campesino colombiano, a
todos los hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos
y laicas vinculados a todas estas obras.

EL MUNDO AGRARIO COMPROMISO DE TODOS

Una llamada fraternal al Gobierno, las Instituciones del
Estado y de la Sociedad Civil y a todos los hombres y mujeres
de buena voluntad

El gran interrogante que debemos esclarecer para enfilar todos
nuestros esfuerzos hacia esas soluciones es el siguiente: ¿QUÉ
MUNDO RURAL QUEREMOS CONSTRUIR? Y dentro de ese mundo ¿CÓMO
CONSIDERAMOS Y UBICAMOS AL CAMPESINO COLOMBIANO? Este
interrogante no se puede resolver sin el concurso fundamental
del campesino que habita hoy en nuestros campos; de los
campesinos y campesinas que desplazados vilmente quieren
retornar a sus lugares de origen, de sus organizaciones
campesinas y de las diferentes instancias que sobre el terreno
colaboran en la búsqueda del desarrollo humano integral y
sostenible del sector

Con todo respeto y consideración nos dirigimos a todos los
constructores de la sociedad que desde sus altas
responsabilidades en el Estado y en el sector público o
privado deben tomar determinaciones trascendentales para la
vida nacional y en especial para el sector agrario:

1. Una vez mas, debemos partir del reconocimiento de los
derechos fundamentales e inalienables de todos, en especial de
los campesinos y campesinas, a una vida digna y al bienestar
integral

2. El derecho a la tierra y el territorio es parte fundamental
de la vida y la cultura de los pueblos y de las comunidades
rurales; queremos por lo tanto como Iglesia – comunidad de fe-
que en nuestro país sea posible garantizar este derecho a las
comunidades que han carecido de tierra o la tienen en cantidad
mínima, así como a quienes la han perdido o a quienes
teniéndola estén amenazados de perderla como consecuencia de
la quiebra económica, la imposibilidad de ponerla a producir,
de la violencia, del desplazamiento o de la presión del
latifundio

3. Apoyamos la integración latinoamericana que fortalece a
nuestros pueblos en el escenario internacional y saludamos el
compás de espera que se ha dado para poder pensar mejor las
negociaciones y las nuevas propuestas de tipo comercial que
tendrían una repercusión significativa en las poblaciones de
nuestros campos

4. Somos concientes de la importancia que poseen los tratados
comerciales, pero a su vez consideramos que también es
conveniente tener en cuenta nuestras posibilidades y
potencialidades en la producción, transformación y
comercialización, propiciar formas alternativas basadas en la
solidaridad mutua y en la superación de la barrera entre el
campo y la ciudad

5. Sin embargo, llamamos la atención para que las
negociaciones se realicen en igualdad de condiciones entre las
partes, considerando siempre que dichas negociaciones son un
medio para lograr el fin que es el mejor estar del pueblo
colombiano

6. La participación de los campesinos y sus organizaciones en
los diferentes niveles de análisis y decisión, al igual que
los gremios y las diferentes organizaciones que trabajan en el
sector agropecuario es fundamental para lograr consensos
comunes que faciliten la aplicación posterior de normas y
orientaciones

7. Hacemos un llamado al Estado para que en sus diferentes
instancias se esfuerce en la construcción de políticas
públicas, estrategias y programas alternativos, especialmente
en la reconstrucción de la agricultura, lo que debería
traducirse en un aumento significativo de los recursos del
presupuesto nacional en el marco del plan de desarrollo del
actual gobierno

8. Estamos de acuerdo con la necesidad de modificar las
instituciones del Estado con el fin de que sea más eficiente y
los recursos puedan ser mejor aprovechados; sin embargo,
constatamos con preocupación el cierre o transformación de
algunas de las entidades que están al servicio del campo, como
es el caso del Incora o la reestructuración e las UMATAS en
nuestros municipios; todo ello debido a la falta de recursos
tanto nacionales como locales

9. Pedimos insistentemente soluciones viables y definitivas
para los miles de familias de campesinos, afrodescendientes e
indígenas que han sido DESPLAZADOS de sus tierras. También
pedimos soluciones para los pequeños y medianos empresarios
del campo en dificultades económicas o en quiebra o que han
perdido sus tierras por diferentes razones

10. Propendemos por el mejoramiento de la calidad ambiental y
de la capacidad de gestión ambiental propia de las áreas
protegidas en los diferentes territorios y ecosistemas. Es de
importancia capital garantizar el consumo del agua para toda
la población y para ello naturalmente requerimos de la
protección y recuperación de los bosques y nacimientos de
agua, como la reforestación con plantas nativas y diversas

11. Abogamos por la soberanía alimentaria como derecho
fundamental de los pueblos, lo que nos permite afianzar
nuestra autonomía en medio de un mundo globalizado

12. Aspiramos a que el gobierno logre por fin realizar un
proceso de reforma agraria integral que garantice condiciones
de vida digna por parte del Estado, cumpliendo con lo que el
santo Padre Juan Pablo II y la Doctrina Social de la Iglesia
han reiterado, al declarar la función social y ecológica de la
propiedad de la tierra, de manera que se aprovechen
debidamente los millones de hectáreas aptas para la
agricultura que están intensamente subutilizadas y se revierta
la concentración especulativa de la propiedad

13. Pedimos que se garantice el derecho al trabajo, formulando
planes concretos para combatir el desempleo y si es posible
estableciendo el pago de subsidios a los desempleados rurales.
Especial atención deben tener los niños, los jóvenes y las
mujeres del campo

14. Compartimos la posición el Gobierno y del pueblo
colombiano y su compromiso de eliminar los cultivos de uso
ilícito. Sin embargo, solicitamos la atención permanente para
que la destrucción de dichos cultivos se realice respetando la
salud de los habitantes de las regiones afectadas y el medio
ambiente. La erradicación manual puede ser una buena solución.
La población campesina debe involucrarse en programas de
desarrollo integral y sostenible

15. Actualmente el acceso al conocimiento es fundamental para
garantizar los procesos de desarrollo. Pedimos por tanto, al
gobierno y a las entidades de educación revisar y
reestructurar sus programas de educación rural básica y
técnica, como también fortalecer la generación y transferencia
del conocimiento científico y tecnológico aplicado a sistemas
alternativos de agricultura, ganadería, pesca y acuicultura
ecológicas, como los relacionados con la minería limpia, al
igual que crear los medios para reconstruir la generación y
aprovechamiento de ciencia y tecnología agropecuaria propia.
El SENA en su área agropecuaria y las universidades e
instituciones de investigación son fundamentales en este noble
empeño

16. Reiteramos que el conflicto armado colombiano tiene como
única alternativa una solución política negociada de cara al
país. El logro de una paz y una justicia sólida y durable,
exige grandes esfuerzos de toda la población y por lo mismo,
la participación de las comunidades y organizaciones afectadas

Nuestras opciones y compromisos como Iglesia en Colombia

1. Optamos por una pastoral rural y de la tierra
verdaderamente evangelizadora, orgánica, profética que lleve a
la práctica del amor, la paz y la justicia, que responda a las
exigencias de la realidad actual del mundo rural que, sin
excluir a nadie, se dirija especialmente a la promoción social
y el desarrollo integral de los hermanos campesinos mas pobres
y que cumpla con su misión primordial de acompañar a las
hombres y mujeres del campo, sembrando la semilla del
Evangelio, regándola permanentemente y buscando conjuntamente
salidas y alternativas a una situación que requiere medidas
urgentes y eficientes

2. Optamos por una pastoral rural que tenga en cuenta las
diferentes dimensiones económica, social, política, ambiental,
cultural y religiosa, cada una de ellas suficientemente
definida e interrelacionada

3. Para lograr lo anterior, organizaremos el área de pastoral
rural – de la tierra en nivel nacional, regional y diocesano

4. Nos comprometemos a elaborar el “Directorio Nacional de la
Pastoral Rural y de la tierra” como instrumento necesario para
realizar el trabajo pastoral en los diferentes niveles

5. Nos comprometemos a realizar seguimiento y discernimiento
de las políticas nacionales e internacionales relacionados con
el agro para generar corrientes de opinión e incidir en ellas

6. Apoyaremos las expresiones diocesanas y regionales que
conduzcan al desarrollo integral y sostenible de la población
campesinas

7. Integraremos en el proceso de pastoral rural y de la tierra
a la población campesina que vive en las ciudades

8. Impulsaremos desde la Iglesia las organizaciones campesinas

9. Pondremos especial atención en la familia campesina, en la
juventud y en la mujer campesina

10. Promoveremos una educación coherente con las diversas
realidades que se viven en el mundo rural

11. Dedicaremos especial atención a la formación de animadores
campesinos para el crecimiento integral de la comunidad.
Igualmente ofreceremos programas de formación para sacerdotes
y seminaristas

12. Realizaremos seguimiento especial a problemas actuales del
mundo agrario tales como los cultivos ilícitos y el modo de
erradicación, las propuestas de cultivos alternativos, la
soberanía alimentaria, el desplazamiento etc, proponiendo con
imaginación y conocimiento de causa soluciones factibles a los
mismos

13. Promoveremos experiencias de cultura ambiental y
agroecológica

14. Acompañaremos y animaremos procesos asociativos solidarios

15. Dentro de un contexto de espiritualidad de comunión
desarrollaremos la espiritualidad de la creación

16. Promoveremos la reflexión bíblica y teológica desde la
realidad rural en perspectiva transformadora y de esperanza
cristianas.

CONCLUSION

Consideramos las reflexiones y deliberaciones de esta Asamblea
como el punto de partida para relanzar en nivel nacional la
pastoral rural y de la tierra

Queremos enviar afectuosamente nuestra bendición a toda la
población campesina, mineros, indígenas, pescadores, población
afrocolombiana, a nuestros sacerdotes, religiosos y
religiosas, hombres y mujeres del mundo rural

Acompañamos y animamos a las comunidades rurales en su
entrega, su dinámica, creatividad y servicio a la nación
colombiana y a la paz. En el anuncio de la Buena Nueva
queremos servir en medio de los gozos y los sufrimientos
diarios de nuestro pueblo

Encomendamos a nuestros hermanos del campo con la oración el
Santo Rosario que ha sido propuesto por el Santo Padre como
oración de la paz.