1. PROCESANDO EL
DOLOR

Ante
el dolor…, nos indignamos

Algunas
muestras que son más que botones

Argentina:
en la provincia de Tucumán hay niños que mueren de
hambre, más del 70% de los niños argentinos de hasta 5
años son pobres. Los índices de desnutrición y
la poca cobertura de salud los condena a un limitado desarrollo de
sus capacidades. Cerca de 400,000 madres embarazadas viven en
la pobreza. Argentina, con una riqueza agrícola maravillosa:
es el primer productor y exportador de aceite y harina de girasol,
harina y aceite de soya y peras; el segundo exportador mundial de
maíz y miel; el tercer productor mundial de jugo de manzana;
el cuarto productor mundial de carne bovina; quinto exportador
mundial de trigo…

Costa
Rica: un adolescente de 12 años asesina a otro adolescente de
su misma edad para robarle las zapatillas deportivas de una marca
famosa. “Era la única manera de tener esos zapatos
deportivos”, declaraba el adolescente. Se crean ilusiones
de consumo más allá de las posibilidades de grandes
mayorías. Una paradoja: zapatos deportivos que son producidos
en la China y otros países asiáticos, por niños
con trabajo casi esclavo.

El
Salvador: una mujer pobre que habita en un barrio marginal
acostumbraba a vivir con las “puertas abiertas” de su
humilde casa, acogiendo a sus vecinos. Su casa fue asaltada en varias
ocasiones y ella fue maltratada. Su casa ahora es una prisión,
enrejada para protegerse. Nuestras casas parecen prisiones de hierro
ante el temor de la violencia. En el Salvador 6 personas son
asesinadas cada día, 180 cada mes y 2160 al año.

Brasil:
en las favelas (asentamientos urbano marginales) de Río de
Janeiro las bandas de narcotraficantes imponen su orden,
justicia, protección y sentido de caridad. Gran parte de
los integrantes de esas bandas son jóvenes de familias
pobres. La pobreza ligada a la violencia quiebra las redes
solidarias de supervivencia que existían entre los excluidos.

Honduras:
las “maras” (pandillas juveniles) en Tegucigalpa
controlan sectores de la ciudad. Dos jóvenes de 15 años
que habían pertenecido a uno de estos grupos y habían
comenzado a asistir a la iglesia decidieron cambiar sus vidas, fueron
asesinados. No hubo “vuelta atrás”, el cambio se
pagó con la vida. Es la lógica de la violencia entre
jóvenes que han perdido el sentido de sus vidas.

Ecuador:
un migrante regresó a su país tras 12 años de
trabajo ilegal en los EE.UU. Colocó su dinero ahorrado con
mucho sacrificio en un banco local; el banco quebró dos días
después más. Sus ahorros desaparecieron en horas, se
empobreció y sufrió un infarto cardíaco.
Mientras estaba en el hospital público con un servicio médico
casi inexistente, los dueños de ese banco disfrutaban
plácidamente en Miami el fruto de su corrupción, bajo
la protección de la impunidad intocable de los poderosos.

Nuestros países
dependen, dentro de una globalización que excluye, de una
“economía informal” ligada al tráfico de
drogas, de armas y de seres humanos. Nuestros países son
exportadores de capital por la deuda externa y de recursos humanos
por las migraciones masivas.

Ante
el dolor…, nos repensamos

Como Iglesias
Evangélicas
[1]
queremos hablar a partir de la práctica pastoral de nuestras
congregaciones y del acompañamiento a los necesitados de ayuda
que tocan a nuestras puertas día a día. Experimentamos
con dolor como el pobre llega a la miseria y la clase media se
empobrece, mientras que un reducido grupo de personas y familias se
enriquecen ilimitadamente.

Nosotros, al
igual que ustedes, a veces nos sentimos cómplices, por inercia
o por pasividad, por contribuir a un sistema de valores, a modelos de
vida que producen mucho dolor y marginalidad. Estamos creando la
“civilización de las desigualdades”
[2].

El problema no es
solamente económico, sino que es moral, ético, de
valores, de insensibilidad ante el dolor. La economía hoy más
que un sistema económico, es un sistema de valores, un modelo
de existencia, una civilización de desiguales.

No pretendemos
ser economistas o que tengamos soluciones a los males que nos
aquejan. Entonces, ¿qué nos motiva a hablar? No es la
economía; es la centralidad del ser humano. Entonces, ¿qué
nos preocupa? No es la economía; es un sistema económico
que degrada la condición humana.

¿Cuál
es nuestra tarea en este dolor?


“Si
callamos las piedras darían testimonio de mí
(Jesucristo)”


Lucas 19:40

La labor
fundamental de la iglesia es ayudar al ser humano para que transforme
su existencia, encuentre tranquilidad espiritual y salvación
par su vida. Pero el Evangelio también nos recuerda nuestro
deber por participar en la construcción de un orden moral y
ético que garantice la vida plena para todos.

Reconocemos que
la globalización es un hecho histórico sin retroceso,
pero con necesidad de cambios profundos. Reconocemos su realidad,
pero no podemos aceptar su perversidad. Como Iglesias Evangélicas
queremos perseverar en que aún es posible un mundo distinto.

Desde el dolor
que sentimos por el sufrimiento de los excluidos en nuestro
Continente, queremos hacer nuestro el ministerio de nuestro Señor
Jesucristo cuando dijo:


“He venido
para dar buenas nuevas a los pobres; sanar a los quebrantados de
corazón; pregonar libertad a los cautivos y vista los ciegos;
poner en libertad a los oprimidos; predicar el año agradable
del Señor” (Lucas 4:18)

Por fidelidad a
la misión de proclamar el Evangelio, nos sentimos desafiados a
luchar contra la injusticia social, las grandes desigualdades en las
relaciones internacionales, la enorme distancia entre los países
del Norte y del Sur, los problemas sociales generados por la
violencia, el analfabetismo y los males que generan la corrupción,
las drogas y el terrorismo.

Vivimos la
obsesión del tener, del poder, del éxito, del triunfo,
de la rentabilidad en detrimento del ser, del bien-ser, de la vida
digna. Se busca como meta el milagro económico y lo que se
producen son “infiernos” sociales. Se están
fomentando sociedades basadas en la exclusión, en la falta de
solidaridad, que hacen muy difícil el plan de Dios de
salvación para todos.

Como iglesias,
junto a otros movimientos y organizaciones humanistas, hemos tratado
de impulsar un espíritu de comunidad en nuestras
sociedades basado en valores de vida para todos, tales como el amor
al trabajo, la dedicación, el esfuerzo, la compasión
y la solidaridad.


“La
globalización – en sus dimensiones sociales, económicas
y tecnológicas – amplió su predominio en la vida de
nuestros pueblos. La globalización se nos fue presentada como
la gran panacea; se nos dijo que mediante ella, la tecnología
y el mercado harían de este mundo uno mejor. En verdad, la
globalización reinstala con nuevos bríos la ley del más
fuerte en las relaciones sociales, posibilitando el bienestar de las
minorías y condenando a millones a ser sacrificados en el
altar del mercado, ese ídolo contemporáneo ávido
de sacrificios humanos”
[3].

Un destacado
líder eclesial
[4]
expresaba que, como iglesias, dado el panorama de dolor que vivimos
en la región, ya no podemos practicar la parábola del
Buen Samaritano. Son tantos los heridos que este sistema económico
global deja a la orilla de los caminos, que como iglesias no podemos
recoger, acompañar y alimentar a todos los que necesitan
de nosotros. Ya es hora de enfrentar el problema de los
ladrones y asaltadores del camino. Como Iglesias Evangélicas,
con amor y no con odio, con un espíritu constructivo y no
destructivo queremos contribuir a soluciones eficaces para los males
de nuestras sociedades. De ahí que nuestro llamado no sea
solamente a ocuparnos de la pobreza, sino enfrentar las causas de la
concentración del poder y el llamar a una nueva práctica
de distribución de la riqueza.

Sin ser
fatalistas, creemos que el caos y la anomia social son
posibles en nuestra América Latina. Hay que ser realista para
construir lo que parece imposible. Ha llegado la hora de aunar
nuestros esfuerzos en la búsqueda de soluciones.

Queremos
persistir en hablar de una nueva visión económica que
coloque el derecho a la vida del ser humano como centro de su
accionar. De una economía que promueva la solidaridad, la
reciprocidad y la responsabilidad. De un modelo económico que
se proponga “globalizar la vida plena”.

¿Quiénes
somos? ¿Desde dónde hablamos?

La cruz y la
espada, o en muchos casos la espada y la cruz, marcaron profundamente
el devenir histórico de nuestros pueblos. De algún
modo, están en su “ethos” profundo, modelan sus
culturas, ofrecen sentido a las experiencias individuales y
colectivas. Las herencias indígenas y afro descendientes son
parte de ese “ethos”, así como también son
parte de él las diversas tradiciones laicas asimiladas a
lo largo de las historias republicanas de la región.

A lo largo del
Siglo XX, y en casi todos los países de la región,
la población evangélica presenta una tendencia de
crecimiento y expansión. Hoy las Iglesias Evangélicas
representan entre del 15 al 20% de la población
latinoamericana. Las Iglesias Evangélicas constituyen un
fenómeno social y religioso en expansión. En especial,
en los últimos años los evangélicos hemos estado
participando más activamente en la vida política y
social de nuestras sociedades.

Desde su esencia
la Iglesia pretende constituirse en una comunidad de esperanza, de
transformación, de compartir, un reducto de la solidaridad en
tiempos de sobrevivencia. La Iglesia Evangélica en América
Latina pretende ser un espacio de socialización de
experiencias, punto de encuentro, comunidad de esperanza, de sanidad,
de alianza y solidaridad. La Iglesia Evangélica crece, en
especial, en los sectores más pobres y marginados de la
región. Doquiera exista un “bolsón de pobreza”,
allí se encuentra un templo evangélico predicando el
Evangelio y sirviendo a la comunidad. Ese crecimiento entre los
sectores pobres y marginados de la región ocurre por varias
razones:


·
Su discurso no responde a la oficialidad, responde a la necesidad,
apela a la coherencia entre lo discursivo-teórico y su
práctica cotidiana.


·
Hace visible al ser humano como actor de un proyecto de vida.


·
Vincula al sujeto con una comunidad de iguales.


·
Posibilita el acceso a un proceso de sanidad mediante los actos
celebrativos (cultos) y de meditación (ayuno y oración).


·
Contribuye a la espiritualidad del pueblo.
[5]

La Iglesia
Evangélica se encuentra en un proceso de pasar de ser una
minoría intrascendente a constituirse en una minoría
propositiva, facilitadora y motivadora de cambios. Queremos
ejercer ciudadanía en forma responsable y no queremos hacerlo
solos, sino invitando a otros a decir basta y a abrir nuevas sendas
hacia el futuro de nuestras sociedades.

Como Iglesias
Evangélicas decimos:


Hemos llegado al
límite; ya es suficiente tanta injusticia. Este sistema
económico globalizado no tiene respuesta a los males de
nuestras sociedades. Rogamos a Dios que nos anime a encontrarnos, a
pesar de nuestras diversidades, en el camino de la justicia.
Buscamos la cooperación y no la confrontación.

2.
ANALIZANDO LA IDEOLOGIA DOMINANTE

La
globalización perversa

Problemas
de la globalización.

Desde la segunda
mitad de la década de los ’80ss, se puso de moda el término
globalización”. Se trata de la fase actual
de la evolución iniciada en el siglo XVI, consistente en la
construcción de un sistema económico mundial.

Este orden
económico, político y cultural se ha caracterizado
desde entonces por ser estructurado de manera jerárquica: hay
poderes centrales que acumulan riqueza, periferias que
son explotadas en todo sentido. Por lo tanto, la “globalización”
a la que tanto se alude en nuestro tiempo es la fase actual de una
evolución histórica que comenzó a esbozarse hace
poco más de 500 años, y que se consolidó desde
inicios del siglo XVII.

Lo que hoy es
llamado globalización es el momento actual de los cambios de
lo que llamamos capitalismo. Es decir, un régimen
económico basado en la dominación de ciertos grupos
sociales, ejercido a través de instituciones políticas
e instrumentos culturales, que permite a esos sectores disponer de
una posición preponderante en las relaciones sociales de
producción, en la producción del conocimiento
científico y sus aplicaciones tecnológicas, y
consecuentemente en las relaciones culturales.

Significados
diversos de la globalización

La globalización
posee diferentes dimensiones.

En
primer lugar, desde una perspectiva económica y
financiera, se la entiende como integración de mercados,
que se articulan de acuerdo a un modelo dominante, proporcionado por
la integración de los mercados financieros. El dinero llega a
ser más que un símbolo que permite el intercambio de
bienes, se transforma en una mercancía. Los mercados
financieros exigen libertad de movimientos para articularse
(“libertad del dinero”), que a su vez requiere “mercados
libres”, lo que se entiende como emancipados de cualquier tipo
de poder que no sea el del propio mercado.

En
segundo lugar, como siempre ocurre en los procesos históricos,
el predominio de ciertas tendencias es resultado de transformaciones
de las relaciones de los seres humanos con la naturaleza. Estos
desarrollos tecnológicos pueden conducir a grandes progresos y
a un mayor bienestar humano, tanto en lo que concierne a la vida de
las personas como a nuestras sociedades. Al mismo tiempo, pueden ser
instrumentalizados por los poderes existentes para satisfacer sus
intereses particulares. Paradójicamente, las nuevas
herramientas tecnológicas (ordenadores, televisión por
satélite, etc.) promueven la globalización, poniendo
virtualmente en contacto individuos, instituciones y organizaciones
que no se conocen directamente, Al mismo tiempo, empero, separan a
los seres humanos entre quienes tienen la posibilidad de
disponer de esos instrumentos y otros. Globalización y
exclusión, desde el comienzo han caminado tomadas de la mano a
través de la historia. Siguen así en nuestro tiempo.

En
tercer lugar, existe otro significado de la globalización
que debe tenerse en cuenta: su dimensión cultural.
Intentan establecer la aceptación de un pensamiento único,
que afirma que el único futuro posible para la humanidad
consiste en seguir el camino ordenado por el neo liberalismo.

Actualmente, el
“pensamiento único” es lo que ofrecen los medios
de comunicación de masas. Una vez más, el modelo
cultural que proponen es el de los dominadores. Los pueblos que
experimentan esta invasión cultural resisten tanto como
pueden. Los resultados de esta renuencia, en la mayoría de los
casos, son productos híbridos. Lo que importa señalar
son dos cosas: primero, lo ya dicho: se repite el esquema y el
proceso de avasallamiento inherente a la racionalidad del sistema
mundial. Segundo, las culturas colonizadas no son suprimidas, sino
sobreviven de manera híbrida. La “globalización”,
en el ámbito cultural, se manifiesta como un fenómeno
ambiguo. El “pensamiento único” y la hibridación
de las culturas tradicionales caminan juntos en tensión
constante.

Crisis
de la globalización neoliberal.

El movimiento
social contra la globalización neoliberal comenzó
a manifestarse y a ganar fuerza. El mismo pone en evidencia dos
cosas: primero, que va creciendo el movimiento social contra un orden
que acentúa las desigualdades y niega la solidaridad. Ese
movimiento no había comenzado a organizarse hasta l998. Su
expresión mayor es la celebración del Foro Social
Mundial que comenzó a tener lugar en Enero de cada año
en Porto Alegre, Brasil. Segundo, que a través de los estudios
y reflexiones de grupos anti-globalización, va articulándose
un pensamiento alternativo al “único” mencionado
previamente. Es obvio que en algún momento será
necesario sentarse en torno a la misma mesa y conversar. Para ello,
las fuerzas que rechazan la globalización neoliberal tienen
que llevar propuestas bien fundadas, que no repitan aquellas que
correspondieron a luchas sociales en períodos anteriores.

Este desarrollo
social y teórico es otro elemento de la crisis del capitalismo
en nuestro tiempo. Porque, aunque no caiga definitivamente, los
hechos mencionados en los párrafos anteriores indican la
debilidad creciente del sistema. Este ya no goza de la legitimidad
que le dieron las grandes mayorías del mundo entre fines de
los l980 e inicios de los l990.

Obviamente, los
poderes, que administran a su favor el sistema imperante, se
defienden. Tres ejemplos bastan para indicar cómo intenta
sobrevivir. Primero, a pesar de que existe un consenso bastante
amplio de que el sistema se apoya sobre la corrupción de
quienes tienen la capacidad de decidir sobre la orientación de
la vida de los pueblos, esa corrupción continúa
existiendo. La vida económica y política de las
naciones latinoamericanas ofrecen suficientes demostraciones en ese
sentido. Segundo, la práctica de la corrupción se apoya
sobre todo en la circulación irrestricta del dinero (para lo
cual los procesos de desregulación han desempeñado un
papel preponderante). Tercero, en estos últimos meses se ha
vuelto a comprobar que cuando el sistema económico mundial
capitalista se siente en peligro, entonces apela al recurso de la
guerra para intentar pasar el cabo de las tormentas. El proyecto
bélico fue acelerado a partir de los acontecimientos del 11 de
Septiembre de 2001, pero existía antes del mismo. Uno de los
temas recurrentes del “pensamiento único” es el de
la necesidad de la guerra.

El pensamiento
neoliberal convoca a una nueva cruzada de alta tecnología. No
se encuentran indicios claros de que existan armas de destrucción
de masas entre quienes son indicados como componentes del “eje
del mal” (Corea del Norte puede llegar a ser la excepción).
A pesar de ello, se insiste en la necesidad de la confrontación
bélica: grandes contingentes militares son enviados a las
regiones limítrofes de los países del “eje”.
Se rechaza el recurso de la negociación. Se permite que
continúe la guerra en el Cercano Oriente, a pesar de que se
sabe que la agresión de Israel suscita resentimiento entre los
árabes, musulmanes o no.

En virtud de lo
expuesto pensamos que es necesario indicar el carácter
perverso de la
globalización neoliberal. Los
pueblos latinoamericanos experimentan esta perversión
cotidianamente, en su propia carne. Es necesario enfrentarla,
resistirla, criticarla, al mismo tiempo que dotarse de instrumentos
políticos (que no son exclusivamente partidarios) para evitar
el avance de la hipocresía y la barbarie. Como Iglesias
Evangélicas, ante ese carácter perverso del proyecto
neoliberal, a nombre del Evangelio, decimos: ¡BASTA!

Un
futuro que envejece

América
Latina, desde la Colonia, es la historia de los proyectos truncados.
Un sabor amargo de frustraciones nos invade ante los proyectos e
ideologías, que entendiéndose eran propuestas o
análisis de solución, nos defraudaron.

Por casi cuatro
décadas estuvimos expuestos a la “teoría del
desarrollo”. No obstante, a partir de la década del 80 se
habla más de “reajuste económico” que de
desarrollo. Actualmente el debate gira alrededor de la vigencia o
fracaso de la “gran teoría del desarrollo”. Se
constata que el subdesarrollo es una situación compleja, que
no puede ser aprehendida por medio de fórmulas simplistas. Más
bien, hoy partimos de la casi imposibilidad de alcanzar el desarrollo
dentro del esquema actual neoliberal. Los polos entre el mundo
industrializado y el desarrollado, así como entre los
grupos minoritarios de personas acomodadas y las grandes masas
desposeídas en nuestros países se distancian cada vez
más. Nuestra región es una de las peores en cuanto a
desigualdades en la distribución de las riquezas. El aumento
de la pobreza y la exclusión, los magros resultados obtenidos
por nuestros países en sus empeños por superar los
retrasos tecnológicos, las tendencias hacia un empeoramiento
de las condiciones de vida y el decrecimiento de la producción
de manera generalizada hacen el desarrollo parezca como una
“entelequia inalcanzable” para los nuestros países.

Durante la década
de los ochenta se hicieron cambios profundos en las estructuras
económicas nacionales en América Latina y el Caribe. Se
implementaron políticas de ajuste estructural, graduales en
algunos países de “choque” en otros. Lo cierto es
que todos nuestros países, con la excepción de Cuba,
adoptaron una lógica de mercado total, bajo el modelo de
crecimiento económico de corte neoliberal, de acuerdo a las
estrategias de la globalización imperante. Casi todos los
países recibieron préstamos del banco Mundial para
realizar estos ajustes, mientras que el FMI aseguraba “las
cartas de intención” que imponían los compromisos
que adquirían los gobiernos en materia política y
financiera. Por su parte, el rápido endeudamiento y la más
rápida subida de los intereses de la deuda obligaron a
nuestros países a perder sus capacidades de negociación
y sus posibilidades de ejercer la dignidad. La deuda externa fue el
instrumento para asegurar la obediencia y perpetuar la fidelidad al
sistema impuesto.

Fue la propia
Comisión Económica para América Latina y el
Caribe (CEPAL) la que calificó esa década como la
“década pérdida”. No solamente no crecieron
nuestras economías, sino que decrecieron. El Producto Interno
Bruto (PIB) cayó a valores negativas en la mayoría de
los países de la región. Las políticas sociales,
las focalizadas y las amplias, con las que los gobiernos trataron de
paliar los efectos fueron totalmente insuficientes: los pobres
crecieron casi en un 80%, llegando a principios del año 2000 a
más de 200 millones de personas, el desempleo alcanzó
niveles sin precedentes.

La región
fue obligada a pasar de un capitalismo desarrollista e
intervencionista, expresado con diversas particularidades en el
modelo de sustitución de importaciones; a un capitalismo
extremo altamente excluyente. La deuda externa fue utilizada como
“camisa de fuerza” para obligar a adoptar las políticas
de “reajuste estructural”, que orientó la economía
hacia las privatizaciones, la apertura de mercados, la disminución
del papel del Estado, el alto costo social y la transformación
del capitalismo en una propuesta de mercado total.

Tras dos décadas
de imposición de estas políticas neoliberales, la
situación latinoamericana es de profunda crisis humana, que se
devela con profundo dramatismo en la situación de Argentina.
Esta devela en toda su magnitud la situación en la que viven a
diario más de 200 millones de latinoamericanos. Más de
la mitad de la población de nuestro continente vive en la
pobreza.

Actualmente en
América Latina, esta situación de pobreza, el aumento
del desempleo en especial en la clase media, la inestabilidad
laboral, la precariedad del trabajo, la quiebra de miles de pequeños
y medianos negocios son realidades que se viven cotidianamente. La
crisis afecta a todos. A quienes viven en la extrema pobreza y
sobreviven milagrosamente; a quienes trabajan bajo el temor de ser
despedidos; a quienes no pueden dormir pensando en la quiebra de su
propio negocio.

Hoy el
conocimiento
determina el futuro de las personas. El sistema
educacional en nuestros países es el que realiza la selección
entre perdedores y ganadores. Con los “ridículos”
presupuestos para la educación, el sistema educacional de
nuestros países ha entrado en crisis. Ahora se sustituyen los
colegios públicos o fiscales por colegios privados, los cuales
ofrecen una alta educación, pero solamente asequible para un
10% de la población. Ese 10% de privilegiados por el acceso a
la educación de calidad son los que controlarán el
poder en nuestros países.

Las universidades
centrales pierden presupuesto y se favorecen la aparición de
universidades privadas. Muchas de las cuales son empresas de negocio
más que centros de formación.

Cuando en Ecuador
escuchamos de ancianos que se retiran con US$6.00 al mes, en una
economía dolarizada; o, cuando un niño muere en Perú
por no poder comprar sus padres la medicina requerida; o, cuando en
Nicaragua tenemos un casi inexistente sistema de salud; o, cuando esa
persona de clase media que ha perdido su empleo no ve otra salida que
el suicidio; o, cuando una madre en Bolivia mata a sus dos hijos para
que no soporten la miseria de la cual no pueden salir; o, cuando la
corrupción como un “sistema diabólico” afecta
a todos y pocos escapan de la misma; o…., no podemos menos
que “llorar con los que lloran”.

En Colombia, en
1996, los poseedores de menos de 5 hectáreas, siendo el 66.8%
de los propietarios, sólo contaban con el 4.4% de la tierra;
mientras que los propietarios de más de 500 hectáreas,
siendo el 0.4%, controlan el 44.6% de toda el área apta para
las actividades agrícolas.

Cuando hablamos
de la deuda externa no olvidemos recordar el carácter
perverso de la misma. El pago de los intereses de la deuda, para la
casi totalidad de nuestros países, representa más del
40% del presupuesto nacional. ¡Cuánto costo social y
tragedia humana se esconden detrás de estos pagos!

Pero hablemos de
una deuda inmoral. En Carichipana, Bolivia, hay una
planta de estaño a cuatro mil metros de altura, construida por
un consorcio alemán y “gente experta”, que nunca
ha podido funcionar, ya que a esa altura la planta no se prende. Pero
los bolivianos y bolivianas tienen que pagar.

Brasil ayudó
a construir una planta de acero frente a Asunción, la planta
Aceril Acepar. Un grupo de generales y coroneles de Stroessner fue a
Brasil a comprar una fábrica de ladrillos y regresaron
comprando una acería. Pero en Paraguay no hay mineral de
hierro, ni carbón mineral; así que lo traen de Morumbí,
a 88 Km de distancia, por barcazas. El proceso de fundición se
hace con carbón vegetal y es preciso talar bosques del
Paraguay y, luego tienen que cargar las placas de hierro en barcazas
por el río hasta Buenos Aires, desembarcarlas en el puerto y
ponerlas en otro barco. La producción de esta planta en una
semana satisface toda la demanda nacional paraguaya Es obvio que con
tantos procesos esa inversión no es rentable. ¿Quién
paga esa deuda inmoral? ¿Quién se enriqueció con
esa deuda?

La sensibilidad
de la situación actual no puede esconderse. Los propios
organismos financieros internacionales, siempre optimistas hacia el
futuro, ven con preocupación las paradojas insalvables de la
realidad latinoamericana. Nuestros gobiernos con poca capacidad del
ejercicio de dignidad y de salidas propias, se alinean tras
respuestas simplistas que el sistema mismo provee. Ahora nuestros
gobiernos se vuelven a la integración económica con los
Estados Unidos como el nuevo paradigma de futuro. Jugando con la
ilusión de las interconexiones y la importancia de las
integraciones, se apuesta a una propuesta que se parece más a
un “caballo de Troya” que a una gesta liberadora.

Digámoslo
sin temor, una de las causas principales de toda esta crisis radica
en la imposición del modelo neoliberal que hace que el futuro
de América Latina y el Caribe envejezca. Si queremos ser
fieles al Evangelio y responsables ante nuestras sociedades, no
tenemos otra salida que la protesta clara y la denuncia convencida
frente a ese proyecto económico mundial.

3.
RECONSTRUYENDO LA ESPERANZA A PARTIR DE NUESTRA FE

Nuestra fe nos
dice que sí se puede

Para las Iglesias
Evangélicas “buscar salidas caminando hacia delante”
es una tarea que la hacemos a partir de nuestra espiritualidad.

La espiritualidad
nos plantea la renovación de nuestras motivaciones, la
transformación de la calidad y orientaciones de nuestras
actividades, el cambio de nuestras vidas en lo personal y en lo
comunitario. La espiritualidad es la que nos hace seguir avanzando en
la historia, aunque parezca que los caminos no tienen salida. La
espiritualidad es la que en medio de pruebas, dificultades y
sufrimientos tenemos la paz y el gozo de la presencia de Dios con
nosotros. La espiritualidad nos arranca de nuestros egoísmos y
hace que nos entreguemos a un compromiso más allá de
nuestros intereses personales. La espiritualidad nutre nuestra
esperanza, de ahí que un llamado a la espiritualidad es un
llamado a una resistencia con esperanza.

En la Biblia hay
una línea de pensamiento, o “eje temático”
como se lo ha dado en llamar, que han tomado cuerpo en distintos
temas específicos: la gracia. A partir de la
presentación de este eje, queremos rescatar cinco temas que
proyectan nuestra esperanza con un sentimiento de que sí se
puede: el éxodo, el jubileo, la denuncia
profética
, la resurrección de Cristo y la
esperanza escatológica
.

La gracia de
Dios, eje de la justicia y la esperanza

Desde la
creación, pasando por la edificación de un pueblo cuya
vocación será bendición para todos los pueblos,
culminando con la encarnación del Hijo de Dios, todo es
gracia, generosidad y posición favorable de Dios hacia toda la
creación.

La Biblia no
desconoce la magnitud del pecado humano. Pero esa realidad que toma
cuerpo en múltiples formas de opresión del prójimo
y robo de la vida mínima a quienes no tienen más que
esa mínima para sobrevivir, se ve confrontada con
la gratuidad de la acción de Dios. “…Donde abundó
el pecado, sobreabundó la gracia” (Romanos 5.20).

Desde esta gracia
divina, que se vuelve ejemplo para las gracias humanas demandadas al
pueblo que porta el nombre del Señor de la Vida, surge la
justicia
como norma básica para medir la validez de las
relaciones interpersonales y sociales. “Justicia y juicio”
es una de las demandas típicas de los profetas, quienes
enfrentan un esquema religioso que ha desplazado de la centralidad de
la vida de fe al mensaje liberador del Dios-Gracia y lo han
reemplazado por un mensaje que bajo la demanda de santidad
esconde su deseo de excluir de la vida a las mayorías
populares. La justicia hecha al hermano más pequeño, al
prójimo, representado en la célebre tríada
huérfano-viuda-extranjero, se vuelve la regla para el
acceso a la presencia de Dios (ver Salmos 15 y 24, Isaías
33.14-16).

A su vez, la
gracia es la fuente de la cual brota la esperanza de que
todos los males presentes serán superados por la intervención
del Dios-Gracia. La fe en el Dios Liberador nunca se la vivió
en un estado de asepsia; ése fue el intento de los religiosos
que buscaron aislarse del mundo, intento rechazado por el mismo
Dios-Gracia que se hizo presente en las miserias de lo cotidiano. Y
en ése mundo no-inmaculado, también el pueblo escogido
se contaminó y vivió su fe haciendo injusticias,
oprimiendo y siendo oprimido, amando a los que eran más
prójimos que el resto. Pero de nuevo el Dios-Gracia se
levanta voceros que anuncian que un poco después del presente,
marcado por el dolor y la injusticia entre hermanos, se abre un nuevo
día donde el sol de justicia brillará para todos y
todas. Nace así la esperanza que ha movido al pueblo de Dios a
través de la historia.

El Exodo

La experiencia
del éxodo o salida del pueblo judío de la esclavitud
egipcia se nos presenta con un carácter triple: una crítica
a la ideología imperante, el procesamiento público del
dolor y el despertar de una nueva imaginación.

El éxodo
es una crítica a la ideología dominante. El
poder del Faraón se presentaba como absoluto y del cual había
posibilidades de liberación. Pero los esclavos hebreos
desarrollaron su propia identidad, una identidad que no pertenecía
ni al Faraón ni a la ideología del sistema. No es el
fin de la historia, ni somos propiedad privada del sistema, fuera del
orden económico global actual hay vida. La crítica a la
ideología dominante acrecienta nuestra identidad y fortalece
nuestra dignidad.

La segunda
dimensión es el procesamiento del dolor (Exodo
2:23-25;3:7-8). El pueblo hebreo no sólo cuestionó la
ideología dominante y rehusó aceptar la realidad como
algo definitivo, sino que supo expresar públicamente su
sufrimiento y dolor. Con ese grito de dolor, con el reconocimiento
del sufrimiento comienzan la formación de comunidades
alternativas con percepciones distintas de la realidad. El tomar
conciencia de nuestra situación de sufrimiento y en comunidad
proclamar y reconocer nuestro dolor, nos abre el camino para nuevas
situaciones de alternativas vida. Nos necesitamos unos a otros en la
construcción de comunidades de compasión y solidaridad.

La tercera
dimensión es el despertar a una nueva imaginación
social
. Con el éxodo, el pueblo hebreo comienza a soñar
que un mañana distinto es posible: la salida de Egipto, la
liberación del yugo, la tierra prometida. La visión de
una nueva vida y de vivirla responsablemente bajo nuevas relaciones
sociales de justicia y paz. Es un llamado a los que imaginamos que un
mundo distinto es posible. Una invitación a unirnos los que
aún podemos soñar, antes que los sueños se
privaticen.

El Jubileo

El otro símbolo
bíblico es el jubileo. La fiesta del jubileo se
sustenta en la reconciliación y salvación de Dios. Tal
como aparece en la Biblia, es una utopía de esperanza, un
asumir un nuevo estilo de vida, un nuevo paradigma ético-moral
y un llamado a una transformación de nuestras vidas.

El jubileo fue
diseñado con el propósito de corregir a intervalos
regulares las desigualdades sociales y económicas que, por
diversas razones fueron surgiendo en el pueblo. Así como cada
siete días es el día del descanso (sabbat), uno de cada
siete años es sabático, y un año de cada siete
ciclos de siete años, es decir, cada cuarenta y nueve años,
está dedicado al jubileo. Es el año en que se deja que
la tierra descanse, se liberan los esclavos, se cancelan las deudas y
las familias pobres recuperan sus tierras y su sentido de unidad
familiar. Es un año de radical transformación de
las estructuras de opresión, un año de liberación
y restauración.

No estamos
pidiendo que ese jubileo, tal como aparece en La Biblia, sea aplicado
a las complejas sociedades modernas. Pero su espíritu nos debe
inspirar. No hay nada más urgente que una revolución
ética que tome en serio los valores representados por el
jubileo. Al menos hay cuatro principios éticos que queremos
afirmar como necesarios para nuestras sociedades: la responsabilidad
ecológica, el derecho a la vida, la mayordomía de los
bienes materiales y el deber de hacer justicia.

La denuncia
profética

Los profetas
hicieron todo lo posible por declarar la centralidad de la practica
la justicia para la fe y la vida del pueblo e Dios. Lo hacían
en confrontación directa con reyes y príncipes,
sacerdotes, falsos profetas y con el pueblo en general cuando se
desviaban de su pacto con el Dios Liberador.

A medida que
pasaba el tiempo, y las instituciones sociales fortalecían sus
violaciones a la fe vivida, los profetas eran cada vez más
explícitos en sus denuncias del pecado socioeconómico
como quebrantamiento del pacto del pueblo con su Dios, y como la
causa de la ir y el juicio de Dios. Sus mensaje no involucran asuntos
puramente personales y exclusivamente religiosos, Más bien,
conciernen ala vida de todo el pueblo y la conformación y el
carácter de la sociedad, fueron mensajes entregados a un
individuo como el rey o proclamados al pueblo en sus totalidad.

La vocación
del pueblo era crear y mantener una realidad social alternativa a los
modelos imperantes de la época. Este era el significado de la
entrega de la Ley divina y la donación de la tierra prometida.
La visión fundamental del pueblo había sido crear una
sociedad unida en el proyecto común de establecer una
comunidad justa y pacífica, guiada y animada por su lealtad a
la alianza con su Dios-Gracia. Esa visión se basaba en el
derecho de acceso a las fuentes de las necesidades básicas de
la vida y las provisiones de ayuda mutua. Los profetas eran los
custodios de esta visión fundamental.

La Resurrección
de Jesucristo

El otro símbolo
bíblico es la resurrección de Jesucristo. Este
hecho central para la vida cristiana se nos relata en los Evangelios
con una gran sencillez. Son historias de vida, historias de hombres y
mujeres que narran la experiencia del Cristo resucitado. Lo común
es la experiencia de cómo esas personas que habían
perdido su esperanza, que se sentían defraudados por lo que
acontecía, cuando se encuentran con el Cristo resucitado sus
vidas cambian. La incertidumbre se convierte en certezas de una
visión y de un compromiso por el cual estarían
dispuestos hasta dar su vida. La resurrección les inspiró
a salirse del corralito de la desesperación, para entender que
una vida con sentido era posible.

La esperanza
escatológica

Correspondió
a la tarea de los profetas también el formular una esperanza
más allá del día presente. La visión
fundamental del pueblo como creador de una comunidad justa y pacífica
se vio traducida, después de los grandes conflictos sociales y
del destierro, en la explicitación de una esperanza del día
final, cuando el presente orden sería transformado
definitivamente por el Dios-Gracia. Aparece el concepto cielo
nuevo y tierra nueva
.

Esta misma imagen
reaparece en la tradición cristiana a finales del siglo I. El
autor del Apocalipsis cierra su libro de visiones-revelaciones, todas
ellas cargadas de esperanza para una iglesia que en su presente vivía
la zozobra de la fe antes las pretensiones de divinidad del Imperio
Romano, con la visión de una nueva creación, rehecha
por el Dios-Gracia y el Cordero para volver a cohabitar con el ser
humano en una comunidad definitivamente justa y pacífica.

La gracia de Dios
llega a su punto más alto con la encarnación del hijo
en Jesucristo, quien muere por su mensaje de justicia y amor y es
resucitado por el Padre como testigo de una vida eterna accesible
para todos y todas. Y esta gracia avanza un paso más: a partir
de la victoria obtenida por el Cordero, el Hijo, que estuvo muerto
pero vive para siempre, es posible la superación de todas las
limitaciones que el presente tiempo impone a la creación. Ya
la creación dejará de gemir con dolores como de parto,
porque su redención será posible. Será liberada
de los excesos humanos, donde no sólo se oprime a los prójimos
sino que también se hace violencia contra el medio ambiente.

Nuestra fe en el
Dios-Gracia nos hace avanzar hasta ese día, donde Dios será
todo en todo y en todas y todas, día donde ya no hará
falta templo porque el Señor será él mismo el
Templo, donde no será necesario el sol ni la luna, porque el
Señor será la luz de la humanidad y de toda la
creación. Mientras tanto, seguimos caminando.

Seamos
realistas…, soñemos que un mundo distinto es posible

Al no querer
permanecer insensibles ante el dolor de los nuestros, como iglesias
evangélicas invitamos a que juntos y juntos resistamos a
ciertos conceptos que pudieran paralizar y hasta manipular nuestros
comportamientos:

El
mensaje “Fuera del presente orden económico globalizado
‘No hay solución'”

Se nos habla del
fin de la historia y de aceptar el presente orden como final y
absoluto. Ante este mensaje se levanta el mensaje del reino de Dios,
que nos hace siempre “inconformes” con las injusticias.

El
aceptar el costo social y el sacrifico humano como inevitables y
necesarios

Es una
racionalidad que ha mostrado su fracaso ante la concentración
de riqueza, de poder y la exclusión creciente de grandes
mayorías.

El
caer en esquemas ideológicos absolutistas

Oponerse al
neoliberalismo no significa ignorar sus contribuciones: reconocer la
importancia del mercado, la utilización eficiente de los
recursos, el valor de las libertades individuales, el oponerse al
Estado burocrático ineficiente. Oponerse al neoliberalismo es
afirmar que no admitimos la absolutización del mercado, ni que
la eficiencia niegue la condición humana, ni que el Estado se
convierta en “protector” de los grupos financieros y
económicos nacionales y transnacionales, ni que el
individualismo niegue la centralidad de la vida en comunidad.

Ser
realistas es creer en milagros

Este documento es
una invitación al realismo y al rompimiento de estereotipos de
un lado y de otro, pero al mismo tiempo es un llamado a romper el
fatalismo impotente que nos condena a no buscar soluciones a nuestros
problemas personales y sociales. Nuestro realismo se basa en:

Primero,
nuestro discernimiento, nuestra capacidad de analizar la
realidad presente
. Es importante que distingamos entre lo
coyuntural y lo sistémico. Existe un nivel coyuntural muy
importante en el cual vamos sumando iniciativas valiosas a corto
plazo. Son actividades y hasta alternativas focales, como las
campañas sobre la Deuda Externa, equidad de género, de
conservación del medio ambiente; las experiencias de
economía solidaria, dineros alternativos, los trueques, los
proyectos de desarrollo locales, etc. Todas estas búsquedas
generan procesos y desencadenan iniciativas, pero no las confundamos
con alternativas sistémicas, a largo plazo. Estas iniciativas
van abriendo camino en esa dirección.

Al
mismo tiempo que “abrimos sendas” dentro del orden
actual, tenemos que plantearnos una visión a más
largo plazo frente a la irracionalidad e inequidad del sistema
actual. Una visión que busque alternativas coherentes viables
y que proponga temas tales como: el poder, la legalidad
jurídica, visiones y análisis sistémicos y la
pluralidad de utopías.

Una
clase que ha perdido identidad, dignidad y humanidad. Nuestros países
no toleran más a esas clases nacionales dirigentes que buscan
intereses personales a través del servicio a intereses
transnacionales. Una clase que ha perdido identidad, dignidad y
humanidad. Como iglesias les invitamos al arrepentimiento, pero con
dolor creemos que necesitan un cambio muy radical y poco probable,
aunque no perdemos la esperanza. “Más fácil es
pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el
Reino de Dios”
(San Marcos 10:25). La iglesia, que ha sido
parte del poder por mucho tiempo, debe tener el coraje de proclamar
este mensaje.

Segundo,
animar los sueños. Si en una época el
“activismo” de los movimientos sociales los agotó,
hoy el “conformismo” nos desalienta y nos hace frágiles
y propensos a aceptar los reajustes sociales, culturales, económicos
y éticos como inevitables. La capacidad de desear, soñar
es parte del ser humano. Hay que alentar las iniciativas de grupos,
comunidades, movimientos sociales, ONGs, y del hombre y la mujer “de
a pié” que con paciencia persisten en construir
horizontes de esperanza.

Tercero,
hacer florecer pensamientos distintos, alternativas creativas y
expresiones culturales plurales
. En un mundo interconectado llama
la atención que hoy se vive bajo la influencia del pensamiento
único. La imposición de una hegemonía cultural,
económica, política, militar e incluso de liderazgo,
bajo la hegemonía unilateral de un solo país.
Si el curso actual del armamentismo continúa, el presupuesto
militar de los EE.UU. pronto será igual al presupuesto de
guerra combinado del resto de los países del mundo.

Cuarto,
afirmar la dignidad humana. Hoy la pobreza degrada la
condición humana a niveles nunca antes imaginados. Las redes
solidarias se rompen y las zonas urbanas de pobreza se tornan
en selvas de violencia irracional. Como iglesias evangélicas,
hemos enfatizado el valor de la conversión personal
como una manera de encontrarnos con Dios, con uno mismo, con el
prójimo y con la vida. Se produce la sanidad y dignificación
del ser humano. Al reconocerse como sujeto y el afirmar la
autoestima, se inicia una nueva vida centrada en valores de
amor y justicia.

Quinto,
luchar contra la pobreza focalizando la riqueza. El Banco
Mundial comunicó en 1996 que tenía dos noticias, una
buena y una mala. La “buena” era que se había dado
un crecimiento económico en América Latina; la “mala”,
que los ricos se habían vuelto más ricos en América
Latina y los pobres más pobres. Según este
informe, uno de cada tres latinoamericanos es pobre y un total de 86
millones de personas, el 18% de la población, sufre extrema
pobreza. Si las cosas siguen así, se calcula que cada minuto
que pasa habrán dos pobres más en nuestra región.
Este crecimiento de la pobreza está afectando principalmente a
nuestra clase media que se empobrece.

Sexto,
promover proyectos de país y pactos sociales y económicos.
Es urgente romper el anacronismo y la corrupción de los
esquemas políticos actuales. Después de un período
de gobiernos de seguridad nacional en la región, vimos con
esperanza la construcción de nuevos espacios democráticos.
Se ha ido desarrollando un concepto de democracia ligado a las
elecciones y a la liberalización económica, que
ha dado como frutos democracias representativas con un predomino
hegemónico de lo económico sobre lo político. De
la misma manera que el esquema económico entra en crisis, hoy
peligra el avance democrático alcanzado en nuestros países.
No ha fallado el concepto de democracia, si no “este”
tipo de democracia que se ha querido implantar.

Séptimo,
rescatar un nuevo quehacer de lo político. Vemos con
satisfacción algunas señales que nos hablan de un
retorno de lo político como actor importante en nuestras
sociedades: un recuperar lo político por encima de lo
económico. La solución no es la no-política,
sino maneras distintas de hacer política; no es más o
menos Estado, sino un Estado diferente.

Propuestas:
Concertaciones para reconstruir la esperanza

No apostamos por
soluciones únicas, ni por respuestas simplistas. Reconocemos
la necesidad de soluciones plurales de acuerdo a cada país.
Pasar de un nivel de convicción a uno de propuestas. Creemos
importante proponer acuerdos mínimos que nos permitan sentar
bases distintas para un mundo diferente. Alrededor de esa
“agenda mínima”, llamamos a unir esfuerzos bajo
dos dimensiones: Una, un proyecto mínimo de país;
otra, elementos esenciales para una nueva gobernabilidad
internacional.

Elementos
esenciales para una gobernabilidad internacional

1.
Instituciones públicas internacionales

Para ejercer
controles sobre la globalización se requieren de instituciones
públicas globales
. La globalización al impulsar la
interdependencia entre los pueblos fomenta la necesidad de acuerdos
globales. Instituciones que faciliten el control, la transparencia y
la rendición de cuentas. De ahí, el debate acerca de la
necesidad de reactualizar la misión y el sentido de la propia
Organización de las Naciones Unidas.

Apuntamos a lo
que creemos son necesidades sentidas que nos hablan de la importancia
de crear instituciones públicas internacionales sólidas
a fin de que permitan mejorar:

·
La regulación bancaria. La desregulación del
sistema bancario y sus juegos especulativos han desestabilizado a
muchas de nuestras economías.

·
Los controles del flujo de capital. Estos flujos de capital
que no reconocen fronteras son la base del juego de las
especulaciones que en pocos minutos enriquecen o empobrecen a países,
ciudadanos y bolsas de valores

·
Las respuestas a las crisis. Se necesitan de mecanismos que
frente a las crisis puedan situar las respuestas en un contexto
social y político.

·
Mejorar la viabilidad del derecho humano internacional.- Aquí
hablamos de terrorismo, de violaciones de derechos humanos, de
crímenes contra la humanidad, pero también debemos
incluir a los destructores del medio ambiente, los causantes de
crisis financieras y económicas. No puede abrogarse derecho de
juez universal ninguna nación que no está dispuesto a
someterse a sí misma al derecho internacional. Esperamos una
aplicación de los derechos humanos en el ámbito
internacional que garantice una globalización de la vida
plena.

2.
Reformas a los organismos financieros internacionales

Numerosos
estudios confirman el hecho de que las Instituciones Financieras
Internacionales, tales como el Fondo Monetario Internacional, Banco
Mundial y la Organización Mundial del Comercio no están
cumpliendo sus cometidos originales y mas bien colaboran en la
instauración de un modelo económico injusto, que atenta
contra la democracia y que no contribuye al desarrollo sostenible.
Los actuales criterios de su funcionamiento no responden a los
criterios esenciales de la democracia como son los de transparencia,
participación, control social, promoción y cumplimiento
de los derechos humanos universalmente reconocidos. En no pocas
ocasiones se ha planteado la necesidad de una profunda reforma en los
organismos financieros internacionales a partir de tres parámetros
esenciales: La práctica del trato democrático y
equitativo a todos los países, la articulación
indivisible de lo económico con lo ético y lo social y
el respeto y promoción de los derechos humanos, incluidos los
económicos, sociales y culturales.

3.
Procesos de integración económica

Con el dinamismo
mostrado por el capital financiero y el comercio de bienes y
servicios en un esquema de globalización resulta natural
pensar en procesos de integración económica. El
problema radica en el modelo de integración que se quiere
promover. Es importante que, como Iglesias Evangélicas, no
estamos contra los procesos de integración, sino contra
procesos que no favorezcan a las mayorías. Favorecemos los
procesos de unidad siempre que se inspiren en la máxima de
“globalizar la vida plena”.

La apertura y
liberación comercial, entre otras medidas, dieron un
cierto crecimiento de las exportaciones y de flujos financieros a
corto plazo. Se ha producido un abandono del mercado interno, se
disminuyen los empleos y se ha producido un deterioro de la mayoría
de la población.

Nuestros
gobiernos ven como una señal de esperanza al ALCA, mientras
crece una oposición al mismo muy fuerte en sectores muy
amplios y diversos de la sociedad latinoamericana. Cada día
crece el consenso de resistencia y los movimientos sociales se
organizan fuertemente su oposición.

Algunos de los
cuestionamientos al ALCA, siguen a continuación:

1.- El grueso de
las relaciones económicas, comerciales y financieras se
concentra entre los países del Norte. Por ejemplo, 28 países
constituyen las economías más avanzadas, producen el
56.6% del producto mundial, exportan el 78.5% de los bienes y
servicios y constituyen el 15.8% de la población mundial. De
esos países, el Grupo de los Siete producen el 45.5% del
producto mundial, el 48.8% de las exportaciones y significan el 11.8%
de la población.

2.- Existe el
temor que esta integración favorecerá a las grandes
empresas transnacionales del continente. No se trata de fortalecer
los capitales nacionales y los mercados internos, sino un acuerdo de
competencia entre desiguales, que inevitablemente significará
el sometimiento o la eliminación de los más débiles.

3.- América
Latina pasa a ser un espacio de inversión y obtención
de rentabilidad bajo los siguientes criterios: mano de obra barata;
espacio de inversión principalmente en los servicios y
mercados emergentes; un mercado para el capital financiero
especulativo que busca una rentabilidad rápida.

4.- Se trata de
una integración de capitales, no de pueblos ni de personas. El
flujo de capitales se agiliza, pero se imponen mayores restricciones
a la movilidad de personas.

Una integración
con rostro latinoamericano llama la atención. El desafío
sería si se podrá hablar de una integración
económica con lenguaje propio, con libertad para aceptar o no
las demandas del capital financiero y con una visión más
integral de la integración. Este es un tema que será de
suma importancia en los próximos meses y años para la
vida de nuestros pueblos. Su prioridad en la agenda social debe ser
fortalecida.

Agenda
mínima para un proyecto de país

Bajo la dimensión
nacional creemos que una agenda mínima de consenso debe
trabajar los siguientes elementos:

·
Un nuevo pacto social y económico.

·
Un nuevo concepto de estado.

·
Una acción política sobre la deuda externa.

·
Una plan de reactivación económica a mediano y largo
plazos.

·
Un marco legal jurídico apropiado.

·
Un abordaje novedoso de la seguridad social.

Invitamos a
“abrir sendas” que nos permitan sentar los fundamentos para
países distintos. La crisis es tan profunda, que creemos que
una salida fundamental es la redefinición de la comunidad y
del país al cual pertenecemos. Este redefinir en estos
momentos se torna en una “refundación del
país” con la participación de todos. Llamamos a
nuevos proyectos de nación, a un nuevo imaginario de mayor
equidad.

Un
nuevo pacto social y económico

¿De qué
“Pacto Social y Económico” estamos hablando? Es un
acuerdo nacional contra la pobreza, focalizando la distribución
de la riqueza y estableciendo nuevos criterios de gobernabilidad. Los
paradigmas de desarrollo del pasado y del presente nos llevan a
caminos sin salidas. Al entenderse el crecimiento económico
como fin y no como medio, la inestabilidad se vuelve sistémica.
Proponemos impulsar con creatividad un nuevo pacto sustentado en
estos principios:

·
La sociedad civil en América Latina es débil. Se ha
caracterizado en los últimos años por un cierto
debilitamiento de los movimientos sociales y el surgimiento de las
organizaciones no gubernamentales (ONGs). Es importante fortalecer la
interacción propositiva entre la Sociedad Civil y los
movimientos sociales y ONG’s.

·
Se necesita un espacio que pueda organizar la esperanza, formular
propuestas de gobernabilidad y proyectar acuerdos de desarrollo
social y económico. Proponemos realizar con creatividad y
capacidad de influir decisiones: Foro, Mesas de Diálogo,
Procesos de Concertación, etc.

·
Se requiere un esquema de concertación viable con capacidad de
decisiones. Abogamos por una concertación que implique
acuerdos de gobernabilidad, reactivación de la economía,
mayor equidad de oportunidades, desarrollo de las identidades
sociales y estabilidad social.

Un
nuevo concepto del Estado

No queremos un
Estado paternalista y burocrático, como ha sido la experiencia
de la instauración del “Estado de Bienestar”
(“welfare state”) en nuestras tierras. Tampoco
aspiramos a un Estado que desentienda sus obligaciones de protección
a la ciudadanía y haga balance a favor de los intereses
privados transnacionales, como ha sido el ejemplo de lo que se ha
llamado el “Estado desertor”, propio de las políticas
de ajuste estructural impuestas en los años 80s. Mas
bien aspiramos al desarrollo de un Estado Social de Derecho en el
cual todos los actores sociales tienen un rol que cumplir. Un Estado
donde las políticas, los programas y los planes de desarrollo
ya no sean de responsabilidad exclusiva del gobierno, o de las
recetas neoliberales impulsadas por los conglomerados empresariales,
sino que se espera que la sociedad civil participe organizadamente
para lograr que todas las personas puedan vivir dignamente.
Aquí el Estado funciona como ente regulador en el
sentido de que al mismo le corresponde establecer las reglas de juego
de la economía, de manera de garantizar a todos el ejercicio
de sus derechos fundamentales así como de sus deberes
ciudadanos.

El Estado Social
de Derecho es un ente de control del ejercicio de la libertad
económica para proteger a los débiles económicos,
evitando la indebida elevación de precios y las maniobras
abusivas tendentes a obstruir el ejercicio de la libertad económica
por aquéllos.

En el Estado
Social de Derecho, el Estado dirige no solo el proceso económico
sino que tiene como fin el desarrollo integral del ser humano, es
decir, del desarrollo económico, político, social y
cultural. Este fin del Estado tiene ya rango constitucional en la
mayoría de los países. Procura satisfacer, por
intermedio de su brazo administrativo, las necesidades vitales
básicas de los individuos, sobre todos de los más
débiles. Distribuye bienes y servicios que permiten el logro
de un standard de vida más elevado, convirtiendo a los
derechos económicos y sociales en conquistas en permanente
realización y perfeccionamiento. Además es el Estado de
la integración social en la medida en que pretende conciliar
los intereses de la sociedad.

Una
decisión política sobre la deuda externa

América
Latina pagó en los últimos 20 años 1.4 billones
(1,400, 000,000,000) de dólares, lo que representa casi cinco
veces su deuda original, pero aún debe tres veces más.
El llamado “Tercer Mundo”, junto a los países de
Europa del Este, abonó más de 4 billones en el mismo
período. Esto significa que hubo una transferencia de recursos
equivalente a más de seis veces la deuda original. Sin la
deuda y sin el FMI, América Latina y el Tercer Mundo podrían
haber realizado la acumulación de capital necesaria para
plantearse un crecimiento a la escala demandada por las necesidades
de sus pueblos.

Ya se ha hablado
demasiado de la deuda ética; teniendo en cuenta que la deuda
es inmoral e impagable, pedimos a los países y entidades
acreedoras que tomen la decisión que saben no pueden
postergar, si no quieren también ser arrastrados al caos: la
condonación de la deuda externa. Llamamos a los países
deudores de América Latina a que unidos tengan el coraje y la
voluntad política de no pagar la deuda externa. No es una
petición imposible, es un llamado a recuperar la dignidad que
como gobiernos han perdido.

Un
plan de reactivación productiva a mediano y largo plazo

No hay dudas que
todos tienen un interés por reactivar la economía y
atender prioritariamente a lo social. El propio BM y el FMI
mantienen, desde la década de los noventa, un interés
creciente por las cuestiones de política social, desigualdad y
pobreza. Propuestas no faltan, pero las soluciones no se ven.

El BM y el FMI,
con sus matices, se inclinan por una estrategia que apoye el libre
mercado, la inserción de cada país en el mercado
internacional, la exportación de productos manufacturados, la
no-intervención del Estado en la economía y la
“aceptación” de una fórmula bastante
homogénea en todo el continente.

La CEPAL proponía
una articulación entre agricultura, industria y servicios. Una
política social más amplia de bienestar. No sólo
apoya el control demográfico, la salud preventiva y la
educación básica; sino que habla de impulsar diversas
políticas sociales para contrarrestar los costos sociales del
ajuste, las pérdidas de ingresos de diversos sectores
sociales, salarios participativos, la capacitación de la mano
de obra y disminuir los pagos de la deuda externa y de remesas de
fondos al exterior.

El Proyecto
Regional para la Superación de la Pobreza, que surge como
institución subordinada al Programa Nacional de Desarrollo de
las Naciones Unidas, aboga por vías que no se han
institucionalizado: el impulso a la economía popular, a la
economía informal, a las microempresas y el estímulo a
las actividades que realizan los grupos populares por cuenta propia
en unidades económicas familiares o de tipo asociativo.

El BID desarrolla
su estrategia alrededor de enfocar el problema rural de una manera
amplia, conceptuar programas de desarrollo rural a mediano plazo,
estrechar la coordinación con otras agencias y continuar el
fortalecimiento de los cuadros técnicos. Proponen una visión
de país que creen impulsará el desarrollo.

Tenemos también
la corriente opuesta a la globalización, que aboga por
principios contrarios al modelo neoliberal. Se defiende una
estrategia económica que cubra las necesidades internas
masivas, más que una estrategia económica de
exportaciones; se inclinan por la producción de bienes
necesarios, y no por la producción de bienes suntuarios.
Sugieren incorporar la técnica al conjunto de la economía
y de bienes básicos, más que apoyar la tecnificación
de las ramas capaces de exportar Enfatizan dos categorías
esenciales: deuda social y desarrollo humano.

Mientras las
propuestas abundan, el dolor aumenta, algo hay que hacer.
Comprendemos la complejidad de los problemas, pero no podemos
permanecer impasibles ante el dolor. De la experiencia chilena,
Samuel Palma, sociólogo pentecostal, nos dice que “mucha
gente cree que tiene que hacer algo, y que la suma de pequeñas
acciones y los proyectos locales, conjuntamente con el trabajo
educativo, permitirán paulatinamente alcanzar una sociedad más
justa”. Ahora, parece que este es el trabajo de una hormiga
frente a estructuras enormes y poderosas. Sin pretender
respuestas finales, busquemos salidas posibles.

Invitamos a
concentrarnos en los siguientes esfuerzos:

Primero,
aceptar soluciones específicas, a corto plazo, más allá
de nuestras propias percepciones o ideologías. Una
disponibilidad para la búsqueda común de soluciones.
Poner al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones es ir más
allá de las fronteras que establecemos entre pensamientos
distintos. La aceptación de estas soluciones parciales no debe
contradecir la necesidad de un cambio sistémico profundo. Es
un llamado a no “atrincherarnos” en nuestros propios
“nichos” de pensamiento.

Segundo,
estimular una economía popular que sea viable. La economía
popular es muy heterogénea y va desde las microempresas,
pasando por actividades delictivas hasta soluciones asistenciales.
Hablamos de alternativas que permitan soluciones a los problemas
económicos, así como la estabilidad y permanencia en el
tiempo o del valor que sus protagonistas le asignen como respuestas a
las necesidades de la vida. Desde estas concepciones distinguimos
tres niveles:

·
“Estrategia de supervivencia”, cuando la actividad
es considerada de emergencia, transitoria y permite apenas la
satisfacción de las necesidades básicas fisiológicas.

·
“Estrategias de subsistencia”, cuando la actividad
permite la satisfacción de las necesidades básicas,
pero no es posible forma alguna de acumulación y crecimiento.

·
“Estrategias de vida”, cuando las personas valoran
ciertos aspectos especiales de la actividad que realizan (la
libertad, el compañerismo, la autogestión) o las
aprecian como mejor que otras alternativas posibles.

Tercero,
la erradicación de la pobreza exige recursos y el crecimiento
económico es la manera de obtenerlos. Es verdad
que se da una cierta correlación entre crecimiento y
disminución de la pobreza. No se puede negar que la década
del 90 vivió un cierto crecimiento económico, pero las
desigualdades aumentaron. La teoría de la filtración
sostiene que el crecimiento es necesario y casi suficiente para
reducir la pobreza. Estas teorías y pronósticos han
fracasado y no tienen futuro.


Cuarto,
es un imperativo que nuestros gobiernos desarrollen políticas
económicas concretas que se transformen en planes integrales
de reactivación económica. Dejar de ser garantes de las
políticas neoliberales que nos destruyen, para pasar a ser
actores de proyectos de esperanza. Nuestros gobiernos han sido
“obedientes” a los dictámenes de los organismos
financieros internacionales. Llamamos a la “desobediencia
económica” a nuestros gobiernos. Fuera del sistema hay
salvación con decisión y propuestas “abrimos
nuevos caminos”.

Un
marco legal y jurídico apropiado

A la economía
mundial, hasta ahora, le ha bastado acomodar los marcos políticos
de los estados nacionales para imponer disciplinas económicas
por medio de los organismos financieros y promover acuerdos
internacionales. Ha desarrollado la capacidad de acomodar los marcos
legales y jurídicos de los estados nacionales para responder a
sus intereses. Hemos llegado al punto en que hoy se busca defender
más las inversiones y el capital extranjero, que el derecho a
la vida de los ciudadanos.

La corrupción,
que se ha vuelto un mal sistémico que afecta a todos los
sectores de la sociedad, parece indetenible. Si terrible es la
corrupción, peor es el sentimiento de impunidad que se
experimenta.

Tenemos que
dinamizar el dotarnos de marcos jurídicos que revistan a
nuestros países de instrumentales legales que nos defiendan de
los juegos especulativos del capital, que nos provean de mecanismos
de defensa ciudadana y que acabe con la impunidad del poder. Hay que
sanar, restaurar y reinventar nuestros sistemas judiciales.

El
derecho a la seguridad social

Hay un creciente
reconocimiento de los altos costos sociales que sufren grandes
mayorías del pueblo. Los propios organismos internacionales
financieros nos hablan de un “ajuste con rostro humano”
(UNICEF), de “transformación productiva con equidad”
(CEPAL), “desarrollo humano (PNUD).

El proyecto
neoliberal hace de la seguridad social un segundo momento, al mismo
tiempo que impulsa una falsa dicotomía entre condiciones
materiales de vida y aquellas que hacen referencia a los aspectos
sociales y políticos.

El tema de los
derechos humanos no debe ser analizado solamente desde la perspectiva
formal, jurídica y política. Vincular la seguridad
social al tema de los derechos humanos significa asumir una conducta
digna y de exigencia ante un derecho reconocido en diversos
organismos internacionales. No es una dádiva o limosna, sino
el resultado de procesos históricos y luchas reivindicativas a
favor de los relegados.


“…que el
desarrollo es un proceso global económico, social, cultural y
político,


que tiende al
mejoramiento constante del bienestar de toda la población
y de


todos los
individuos sobre la base de su participación activa, libre y
significativa


en el desarrollo
y en la distribución justa de los beneficios que de él
se derivan”
[6]

Reconocemos
igualmente las propuestas que tratan de abordar creativamente el tema
de la seguridad social. Claro que estas propuestas se tiñen de
romanticismo que dejan de lado los orígenes y características
del subdesarrollo y la pobreza. Aunque por razones sistémicas
este tipo de propuestas no logra soluciones definitivas, al menos si
se aplicaran con convicción y transparencia podría
hacer contribuciones importantes.

Al mismo tiempo
que escuchamos estas propuestas, hemos visto como en las últimas
dos décadas la implantación del modelo neoliberal
incrementó los déficit sociales. No puede seguir
viéndose al gasto social como inflacionario el cual debe ser
restringido. El gasto social es una inversión.

El Estado es
responsable de plantear nuevos paradigmas de desarrollo social. En la
búsqueda de un Estado de nuevo tipo, aspiramos a uno eficiente
en la provisión de servicios, representativo de la demanda
ciudadana, capacitado para corregir las inequidades del mercado.

Las políticas
sociales deberían priorizar la incorporación de los
jóvenes a nuestras sociedades y al desarrollo nacional,
dotarlos de esperanza hacia el futuro. Son los jóvenes uno de
los sectores más afectados por las crisis sociales en nuestros
países. Varios esfuerzos debemos realizar: el fortalecimiento
de estrategias productivas; la formación de empresas
asociativas y microempresas juveniles; la información sobre la
problemática juvenil y el acceso a los medios de información;
el apoyo a la utilización del tiempo libre, etc. Pero
insistimos: estas propuestas tienen que enmarcarse dentro de una
nueva visión de las políticas sociales en nuestros
países.

4.
A modo de cierre

Víctor
Hugo decía: “Las utopías de hoy serán las
verdades del mañana”. En ese sentido, la utopía
se define en América Latina y el Caribe como la necesidad de
liberación para la vida abundante que Dios ha prometido en su
Hijo Jesucristo. Como creación de Dios, somos pueblos
dignos de gozar de las bendiciones que Dios desea para todos sus
hijos e hijas en este planeta. Esa es nuestra esperanza y hacia
ella definimos nuestra vocación. Al decir de Pedro
Henríquez Ureña, “dentro de nuestra utopía,
el ser humano llegará a ser plenamente humano, dejando atrás
los estorbos de la absurda organización económica en
que estamos prisioneros y el lastre de los prejuicios morales y
sociales que ahogan la vida espontánea; A ser, a través
del franco ejercicio de la inteligencia y de la sensibilidad, el
hombre libre, abierto a los cuatro vientos del espíritu.”

La esperanza
comienza cuando reconocemos nuestra vulnerabilidad, pero se continúa
con nuestra capacidad para resistir la injusticia y se concretiza en
nuestra imaginación para construir caminos nuevos. En la
definición de nuevos caminos, señalamos que la justicia
y la dignidad para los pueblos de América Latina y el Caribe
no son negociables.

Como
Iglesias Evangélicas queremos practicar el amor y porque
amamos decimos a este proyecto neoliberal y a esta globalización
perversa: “¡BASTA!”. Porque tenemos esperanza
es que invitamos a “seguir buscando salidas…,
caminando hacia adelante”
.





[1]
Utilizaremos en o adelante, de manera inclusiva, el término
“iglesias evangèlicas” para
caracterizar la diversidad de nuestras iglesias protestantes y de
tradición anglicana, que provienen directa o indirectamente
de los movimientos de la Reforma del siglo XVI y que no son parte de
la Iglesia Católica Romana. De igual modo, nos
referimos a las comunidades de fe afiliadas al Consejo
Latinoamericano de Iglesias (CLAI) asì como al Consejo de
Iglesias Metodistas de América Latina y el Caribe (CIEMAL),
la Asociación de Iglesias Presbiterianas y Reformadas de
América Latina y el Caribe (AIPRAL) y el Consejo Mundial de
Iglesias (CMI).


[2]
Evocamos aquí una frase del conocido economista austriaco
Joseph Schumpeter.


[3]
Declaración Final de la IV Asamblea General del CLAI,
Barranquilla, enero 2001.


[4]
Las palabras que siguen se inspiran en una reflexión del
Obispo Aldo Etchegoyen, Secretario Ejecutivo del Consejo de Iglesias
Metodistas en América Latina (CIEMAL),


[5]
“Iglesia, sociedad y pobreza en América Latina. Las
iglesias evangélicas y la pobreza”
. Documento de
trabajo presentado al BID. CLAI, Quito, 2000. Páginas 27-28.


[6]
Declaración sobre el Derecho a Desarrollo. Resolución
41/128, 4 de diciembre de 1986.