Ecuador: entre la esperanza y el desencanto.[1]

La visita a Washington.

Aún los que cabalgan por la vida en rocín flaco y lento están de acuerdo en que,
el viaje del Presidente ecuatoriano Lucio Gutiérrez a los Estados Unidos de
América, el pasado 10 de febrero, llevado de la mano por el Embajador y banquero
Guillermo Lasso, marca el giro definitivo de su política nacional e
internacional. La firma de Carta de Intención con el Fondo Monetario
Internacional, sin objetar ni una sola línea de las 22 condiciones impuestas,
todas lesivas para los intereses nacionales, demuestra un nivel tan extremo de
sometimiento que la prensa del Imperio comentó que el nuevo Presidente “es visto
por los organismos financieros internacionales como un político con ideas
novedosas y los banqueros de Wall Street se sienten muy a gusto con sus ideas
económicas”[2]

El lunes 11 de febrero Lucio es recibido por Bush, analizan, entre otros temas,
los relacionados con la Base de Manta y la intervención del Ecuador en el Plan
Colombia. Al salir de la reunión anuncia a la prensa nacional y extranjera: “Le
hemos dicho que queremos convertirnos en el mejor aliado y amigo de Estados
Unidos, en la lucha por la paz en el mundo, por fortalecer la democracia, por
reducir la pobreza, por combatir el narcotráfico y por acabar con otra lacra, el
terrorismo”.[3] El mismo día, en horas de la mañana, en un acto público, en el
Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, definió como una de las
prioridades de la política oficial de su gobierno el luchar contra el terrorismo
y el narcotráfico. “Si no apoyamos, todos, de manera más protagónica a (Alvaro)
Uribe, seguramente se seguirá sacrificando la vida de más gente”. Para
sentenciar: “Uribe lleva de una manera muy adecuada una posible solución al
problema( de Colombia)”.

Para demostrar, de inmediato, los resultados de la subyugación a la estrategia
imperial en la región, Gutiérrez anunció que Estados Unidos incrementará su ayuda
a Ecuador con 116 millones de dólares.[4] Al parecer las ayudas incluyen
pertrechos militares para la frontera norte.

Para que nadie dude de su adherencia al militarismo proimperialista, en una
entrevista concedida a The Washington Times afirmó que: “la población de la Isla(
de Cuba) no debe sufrir las consecuencias de la política de Castro”.[5]

El mejor aliado y amigo de Estados Unidos.

Las declaraciones del Coronel Presidente sólo ponen de manifiesto la efectividad
que, a la postre, tienen los acuerdos para la instrucción de nuestros militares.
El excelente alumno de las Academias norteamericanas, como ha sucedido casi
siempre, besa la mano de sus instructores. Debe ser difícil para el Coronel
entender que los Estados Unidos de América no tienen ni amigos ni enemigos, sino
intereses. El 20 de Septiembre del 2002 el Presidente George Bush declaró que los
Estados Unidos es el “poder supremo” del mundo y advirtió que no tolerará
desafíos a su ventaja de poder. En un documento de 33 páginas enviado al Congreso
bajo el título: “La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos” Bush
señala:

“El Presidente no tiene ninguna intención de permitir que algún poder extranjero
alcance la enorme delantera que Estados Unidos ha logrado desde la caída de la
Unión Soviética hace más de una década…Nuestras fuerzas serán lo
suficientemente fuertes para disuadir a potenciales adversarios de promover una
acumulación militar con la esperanza de superar, o igualar, el poder de Estados
Unidos”.

Los analistas militares internacionales han comentado que la estrategia de Bush
significa el abandono de los elementos básicos de la disuasión y no
proliferación, que eran el eje de la política exterior norteamericana, y que,
ahora, se impondría el concepto de la “contraproliferación” o desarme obligado de
todo poder que desafíe o presente una amenaza para los Estados Unidos. En tal
sentido Estados Unidos se reserva el derecho de desatar guerras preventivas, es
decir, se hace tabla rasa de los compromisos militares firmados con otros bloques
o Estados y se advierte que tampoco sus soldados se someterán al derecho
internacional o a la nueva Corte Penal Internacional.

La estrategia de dominio mundial y regional de los Estados Unidos de América se
ha ido definiendo cada vez más en torno a tres ejes fundamentales: Una estrategia
económica basada en la globalización neoliberal, cuyas instituciones operadoras
son el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial
de Comercio; Una estrategia política basada en democracias tuteladas y en
gobiernos clientes; y, una estrategia militar basada en el poder único del Estado
Imperial. La militarización que impulsa el Imperio en todas las latitudes tiene
al parecer un doble componente:

a) Intervenciones militares unilaterales y directas del Ejército Imperial en
aquellos casos en el que el conflicto pueda resolverse por la vía de una
intervención aérea y marítima masiva, con el menor costo social para los
agresores; y,

b) Utilización de los ejércitos de los gobiernos clientes, nacionales y
regionales, en los casos en que las condiciones topográficas y el grado de
desarrollo de las fuerzas rebeldes puedan configurar un pantano que repita la
traumática experiencia del sudeste asiático.

La primera modalidad la presenciamos en Afganistán y, al parecer, en pocos días
se iniciará una nueva guerra de este tipo en Irak, desoyendo la repulsa de la
opinión pública mundial y pisoteando las resoluciones de la ONU.

La segunda modalidad es la que busca implementarse en Colombia. El Expresidente
de la República, Pedro Pinto reconoció que: “Estados Unidos insinúa que entremos
en el conflicto de Colombia”. Y el Ex Ministro de Defensa, Hugo Unda, afirmó que
“las relaciones entre Ecuador y Estados Unidos no son buenas por la negativa
ecuatoriana de inmiscuirse en el conflicto colombiano”.[6]

Las presiones al Gobierno y las Fuerzas Armadas del Ecuador para que intervengan
en un proyecto regional de combate a las fuerzas insurgentes de Colombia fueron
brutalmente transparentes el martes 15 de octubre del 2002, cuando el Jefe del
Comando Sur, General James T. Hill, durante una entrevista con el Presidente
Gustavo Noboa y el Jefe del Comando Conjunto, general Oscar Isch, pidió
abiertamente el apoyo de Ecuador y de la región para luchar conjuntamente en la
solución del conflicto interno colombiano.[7] El incidente desató una gran
polémica que fue recogida por los principales medios de comunicación del Ecuador.
Hay que decir, en honor a la verdad, que el Presidente Noboa habría rechazado la
propuesta. Noboa la rechazó pero Gutiérrez la acepta.

La subordinación del Ecuador al Plan Colombia.

Aún en sectores ajenos a la intelectualidad adocenada, hubo voces que creyeron
que el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina eran un plan de combate al
narcotráfico. Ahora que las caretas han rodado por el suelo está más claro que la
guerra contra las drogas fue, desde el comienzo, un Caballo de Troya para ocultar
un vasto proyecto de militarización y subordinación de la región andina y América
Latina a los intereses geoestratégicos de los Estados Unidos de América.

Durante la Guerra Fría era poco creíble, pero al fin y al cabo admisible, que
todos los conflictos de América Latina se atribuyan a las nefastas proyecciones
del “Imperio del mal”, como llamaba Reagan a la URSS. Desaparecido ese eje de
contradicciones había que crear un nuevo fantasma y nada mejor que las drogas.
Francamente, nos pudieron conmover hasta las lágrimas por la preocupación que
demostraban los señores del Imperio por el destino de nuestros hijos. Pero las
cosas han cambiado, la guerra contra las drogas se ha transformado en la guerra
interminable contra el terrorismo, después del ataque a las Torres Gemelas el 11
de Septiembre del 2001, y, los fondos y las armas del Plan Colombia cuentan con
la venia del Imperio para utilizarse en la guerra contra la insurgencia. El
proceso de paz en Colombia está roto y el único lenguaje que se escucha en la
región es el de la guerra. El jefe del Imperio ha dicho en West Point, el primero
de junio del 2002:

“Alentaremos a nuestros socios regionales a llevar a cabo actividades coordinadas
para aislar a los terroristas. Una vez que la campaña regional localice la
amenaza, nos esforzaremos por asegurar que el Estado disponga de los medios
militares, coercitivos, políticos y financieros para llevar a buen término su
tarea”.[8]

Andrés Pastrana que gobernó sobre las expectativas generadas por el proceso de
paz ha sido reemplazado en el Palacio de Nariño por “El señor de las Sombras”,[9]
Alvaro Uribe Vélez. Personaje siniestro, vinculado al narcotráfico y al
paramilitarismo.[10] Su propuesta central habla de incrementar el pie de fuerza
del Ejército y la Policía y de crear un sistema generalizado de sospecha y
denuncia, propio de los peores momentos de las guerras. La guerra química contra
los cultivos de coca y amapola tomó una dimensión enorme desde el mes de
septiembre del 2002: Los expertos norteamericanos que vuelan a 50 metros de
altura, protegidos por soldados colombianos, han lanzado miles de barriles de
glifosatos, valorados en millones de dólares, en una operación que busca destruir
todos los cultivos, incluso los de alimentos básicos, a fin de obligar a la
población campesina a emigrar a las ciudades. Es la limpieza social o étnica que
precedió a otras guerras norteamericanas en el pasado. Las debilidades de la
economía y la sociedad estadounidense seguramente van a impedir que el apoyo al
Plan Uribe se transforme en una intervención masiva y directa de las fuerzas
militares norteamericanas en el conflicto colombiano, por ahora, las prioridades
apuntan a Irak, pues las demandas esenciales buscan petróleo. Pero sería ingenuo
suponer que el colofón de la profundización de la guerra interna, no pueda ser,
en algún momento, sobre todo, si los tercos insurgentes resisten, la intervención
militar directa de los ejércitos imperiales en Colombia. Al fin y al cabo, un
acucioso periodista mexicano, Gregorio Selser, ha recordado que los Estados
Unidos han intervenido, en los últimos dos siglos, en diversos puntos de América
Latina, no menos de 1.500 veces, lo que nos transforma en la región del mundo
cuya soberanía ha sido la más violada del planeta.

Los peligros de una guerra que no es nuestra.

En dos libros[11] y decenas de artículos he demostrado que el Ecuador de inicios
del siglo XXI no tiene en su agenda prioritaria los problemas del narcotráfico y
la insurgencia.[12] Comprometer a nuestras Fuerzas Armadas y a nuestro pueblo en
una guerra que no es nuestra no sólo constituye una grave violación de los
principios que han animado la política internacional del Ecuador a lo largo de su
historia y que se encuentran consagrados en nuestra Carta Magna: el respeto a la
independencia, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos, la no
ingerencia en los asuntos internos de otros Estados, la solución pacífica de las
controversias, la condena de todo tipo de colonialismo, neocolonialismo y
hegemonismo. Adicionalmente, el Ecuador, sumido en una de las peores crisis de su
historia y con graves problemas económicos y sociales que afectan a la mayoría de
sus habitantes, no puede cometer la irracionalidad y la injusticia, como se
pretende, de militarizar al Estado nacional para servir a los intereses de la
gran potencia. El Congreso Nacional en Pleno tiene que oponerse a la Proforma
enviada, en estos mismos días por el Ejecutivo que pretende recortar
drásticamente el Presupuesto para el frente social y los sectores productivos a
fin de dedicar esos recursos a la insensata tarea de financiar la guerra de la
gran potencia en Colombia. En efecto, la primera sorpresa de la proforma es el
descomunal incremento del presupuesto destinado a la defensa nacional( 40.5 %) y
a la policía nacional( 30.2 %). Algunos analistas han querido interpretar que
éstas asignaciones obedecen a la búsqueda, por los militares en el poder, de una
base de apoyo, en el caso, bastante previsible, de que reactive la lucha social
por efecto de la continuidad de las políticas de ajuste fondomonetaristas y de la
dolarización. Sin embargo, la explicación central de este incremento se encuentra
en la subordinación del Presidente Gutiérrez a la política de la administración
Bush para la región que prepara de modo acelerado una salida militar al problema
de la insurgencia en Colombia. “Ser el mejor socio de los Estados Unidos en la
región” significa, desde el punto de vista militar, aceptar la propuesta
formulada en Noviembre pasado, en Quito, por el Jefe del Comando Sur que promovió
abiertamente la participación de las Fuerzas Armadas del Ecuador en las operativo
regional, encabezado por la alianza norteamericana colombiana, para desarrollar
un vasto plan de guerra cuyo objetivo declarado es la derrota de las fuerzas
insurgentes de Colombia. El Presidente Alvaro Uribe Vélez ha dicho reiteradamente
que, luego de que culmine la guerra contra Irak, los Estados Unidos deberían
desarrollar operativos semejantes en Colombia con la participación de sus fuerzas
terrestre, aéreas y marítimas. Desde que Lucio Gutiérrez se entrevistó con Uribe
Vélez, en los mismos días en que Fidel Castro y Hugo Chávez inauguraban la
Capilla del Hombre, en Quito, creación excelsa y póstuma del mayor artista
plástico del Ecuador en el siglo XX, a la que el Coronel no concedió ninguna
importancia, se supo que el Presidente Electo ecuatoriano había comprometido la
participación de las Fuerzas Armadas del Ecuador en operativos conjuntos con los
Ejércitos de Colombia y asesores norteamericanos. Lo dicho en Washington el 11 de
febrero no hace otra cosa que ratificar un compromiso que significa la
subordinación total del Gobierno ecuatoriano al Plan Colombia y la Iniciativa
Regional Andina. Como ha señalado el historiador Enrique Ayala Mora, implicar a
las Fuerzas Armadas en el conflicto interno de Colombia puede ser catastrófico y
hasta trágico para el Ecuador.

La entrega de lucio al imperio es un viaje sin retorno.

Un segmento de la izquierda y el movimiento indígena del Ecuador han sido
entrampados por el Coronel Lucio Gutiérrez en el peor de los escenarios posibles:
la inconsecuencia y la traición. Cierto que Lucio Gutiérrez nunca dejó de decir
sus verdades, nacidas de su formación militar e ideológica, pero tuvo la
intuición suficiente para comprender el grado de descomposición a que habían
llegado, tras dos décadas de globalización neoliberal, los viejos partidos
políticos y la política, así como también la necesidad de enancarse en la ola
creciente del movimiento indígena y de la izquierda, que venía creciendo,
poniendo en peligro la continuidad de los privilegios insultantes de una minoría,
aliada al Imperio. A los socialistas que por poco firman un acuerdo de fusión
orgánica con el pequeño movimiento de Gutiérrez, la Sociedad Patriótica, nos sacó
del atolladero León Roldós Aguilera, al que, al menos, siempre deberemos
reconocer el habernos evitado el estigma de estar en la misma estructura política
de un militar reaccionario y proimperialista. Para el Movimiento Popular
Democrático, el Partido Comunista del Ecuador y, sobre todo, el Movimiento
Plurinacional Pachakútik y la CONAIE se abre un proceso de urgentes definiciones
si quieren conservar el único patrimonio que ha caracterizado a las fuerzas
revolucionarias en la historia: la fidelidad a los principios y a los intereses
permanentes de los explotados y ofendidos, a los que jamás podrá servir Lucio
Gutiérrez desde su opción neoliberal y militarista, arrodillada frente a un
Imperio que nos desprecia.

En el Proyecto Político de la CONAIE[13] se levantan como principios de vida: el
humanismo, el comunitarismo, el anticolonialismo, el anticapitalismo, el
antiimperialismo, el antisegregacionismo. La independencia total de la nación
plurinacional ecuatoriana, frente a la dependencia económica, política,
ideológica y tecnológica del exterior. Es decir, casi los mismos principios por
los que, el sábado 15 de enero del 2003, han salido a las calles, en las
principales ciudades del mundo, más de 30 millones de mujeres y hombres,
enarbolándolos como expresión de rechazo a las políticas imperialistas de guerra
y muerte que pretende imponer al mundo George Bush que, hasta ahora sólo tenía un
aliado descalificado en la región andina: Alvaro Uribe Vélez, a cuyo cortejo
fúnebre de ha unido el Coronel Presidente del Ecuador.

Se ha cerrado entonces el primer capítulo de esta historia. El pueblo ecuatoriano
ha transitado de la esperanza al desencanto. Lucio, en sus andanzas por las
entrañas del monstruo, ha conseguido una Malinche dispuesta a justificarlo todo.
Pero el pueblo ecuatoriano no ha cesado de luchar un solo instante y su fuego
purificador, como ha sucedido tantas veces en la historia de América Latina,
barrerá por los mentirosos y traidores.

Quito, 15 de febrero del 2003.

* Manuel Salgado Tamayo. Profesor de la Universidad Central del Ecuador. Ex Vicepresidente del Congreso Nacional de la República del Ecuador.

Notas:

[1] Fragmento de la ponencia: El fracaso del neoliberalismo y la construcción de
una alternativa popular en el Ecuador.

[2] Diario “El Comercio” de Quito, jueves 13 de febrero del 2003, 1ª. Página.

[3] Diario “El Comercio” de Quito, miércoles 12 de febrero del 2003, p. A 3.

[4] Diario “Hoy” de Quito, jueves 13 de febrero del 2003, 1ª. Página.

[5] Citado por el Diario “Hoy” de Quito, página A-3.

[6] Diario “Hoy” de Quito, sábado 16 de noviembre del 2002, p. A-2.

[7] Diario “El Comercio” de Quito, domingo 20 de octubre del 2002, C1.

[8] Citado por el Diario “El Comercio” de Quito, Domingo 20 de octubre del 2002,
C1.

[9] Adjetivación tomada del libro de Joseph Contreras, Biografía no autorizada de
Alvaro Uribe Vélez, Bogotá, Editorial Oveja Negra, 1ª. Edición, mayo del 2002.

[10] Ver Joseph Contreras, Biografía no autorizada de Alvaro Uribe Vélez (El
Señor de las Sombras) , Bogotá, Editorial La Oveja Negra, 1ª. Edición, mayo del
2002.

[11] Ver ¿ Guerra sucia en Ecuador? Los documentos secretos de Manta, Quito,
Ediciones La Tierra, 1ª. Edición, marzo del 2000. Drogas, Terrorismo e
Insurgencia, del Plan Colombia a la Cruzada Libertad Duradera, Quito, Ediciones
La Tierra, 1ª. Edición, mayo del 2002.

[12] No los tiene con la gravedad de nuestros vecinos: Colombia, Perú y Bolivia.
Nota del autor.

[13] Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, CONAIE, Proyecto
Político de la CONAIE, Quito, 1994.