Si para algo puede servir el paro cívico de la CTV, Fedecámaras y la
Coordinadora Democrática, es para que la oposición se convenza de que
no puede noquear a Chávez. Lo han tirado a la lona y lo han puesto
contra las cuerdas, pero el zambo tiene una izquierda poderosa, que
se expresa en el apego de la Fuerza Armada a la Constitución y en un
respaldo popular importante. A esto contribuye que un tercer sector
de la población, que quizás no quiere al Presidente, tampoco termina
de ver en el antichavismo una verdadera alternativa democrática. El
paro debería servir también para que el Presidente vea que, más allá
de los dirigentes de la oposición, hay un sector importante de
venezolanos que se moviliza en su contra, que ha sido constante en
las marchas y que resultan más contundente que la misma huelga de
Carlos Ortega, Carlos Fernández y Juan Fernández.

Si ninguno de los dos bandos tiene fuerza para noquear al adversario,
aunque eso sea lo que realmente aspiran, debería imponerse la
negociación. Lo otro es jugar al agotamiento, a ver quien aguanta
más, y se corre el riesgo de que el público, al cual parte y parte le
ha prometido nocaut, pierda la paciencia y se suba al cuadrilátero a
dirimir el asunto a su manera.

Hoy exploramos siete posibles vías para salir del laberinto, aunque
sea pretender que Teseo negocie con el Minotauro.

Renuncia:

Es la menos probable. El Presidente la ha descartado por completo. En
el supuesto de que se produjera, la Constitución (artículo 233) dice
que el vicepresidente, José Vicente Rangel, se encargaría del
Ejecutivo, lo cual no agrada a la oposición.

Después de 35 días de un paro que buscaba derrocarlo en la primera
semana, una abdicación de Chávez es improbable, sobre todo porque sus
seguidores se han radicalizado más que el gobierno mismo y piden
“mano dura”. Además, la falta de gasolina y el cierre parcial de los
bancos, no ha dejado bien parada a la oposición en sectores que se
mantenían al margen de los bandos en pugna.

Enmienda:

Realmente se trata de un adelanto de las elecciones recortando el
periodo presidencial de seis a dos años a través de una enmienda a la
Constitución, mecanismo previsto en los artículos 340 y 341 de la
bolivariana.

La oposición no cuenta con los votos necesarios para aprobarla y, en
el supuesto de que algunos diputados chavistas “salten la
talanquera”, la medida no tendría carácter retroactivo, es decir, no
se aplicaría para el actual periodo de Hugo Chávez.

Además de complicada, esta vía requiere mucho más tiempo del que nos
serpara de agosto de 2003, cuando se activa el referendo revocatorio.

Consultivo:

El principal problema con esta vía es que la oposición realmente no
cree en ella.

Tras validar un millón 182 mil firmas de las “más de dos millones”
que los antichavistas aseguran haber recolectado, el CNE aprobó el 27
de noviembre un referendo consultivo para el dos de febrero de 2003,
sin embargo, cinco días después, la Coordinadora Democrática, la CTV
y Fedecámaras toman la vía del paro indefinido, apostando por un
derrocamiento de Chávez a través de la presión de las marchas y un
nuevo pronunciamiento militar.

No obstante, están a punto de perder el chivo y el mecate, el paro,
cuyo efecto más letal es la falta de gasolina y el cierre parcial de
los bancos, no ha generado la explosión social o “los muertos” que se
supone expulsarían al Presidente de Miraflores, por el contrario, la
huelga indefinida parece haberlo fortalecido a nivel internacional y
ha creado un ambiente adverso al referendo consultivo.

La oposición, además, sabe que se equivocó redactando la pregunta con
base a la cual se realizaría la consulta, pues deja a la voluntad de
Chávez la renuncia que se le solicita. Si en lugar de pedir que “se
le solicite la renuncia voluntaria” hubieran preguntado por “adelanto
de elecciones”, la cosa cambiaría. Hay que esperar además la decisión
del TSJ sobre los recursos interpuestos que aluden a los mecanismos
supuestamente ilegales que habría utilizado el organismo comicial
para aprobar el consultivo.

Revocatorio:

Es la apuesta del gobierno, la cual rechaza la oposición por tres
razones básicas. Primero, según lo previsto en el 72 de la
Constitución, hay que esperar hasta el 15 de agosto, cuando se cumple
la mitad de este periodo presidencial, lo cual para el antichavismo
es demasiado tiempo.

Segundo, hay que recoger de nuevo las firmas, en esta oportunidad 20%
de los inscritos en el Registro Electoral y, tercero, para noquear al
Presidente, la opción revocatoria tiene que sacar el mismo número de
votos que sacó Chávez en el 2000, es decir, necesitan tres millones
100 mil votos. Aún así, si los resultados le son desfavorable, nada
le impediría a Hugo Rafael presentarse como candidato en las nuevas
elecciones.

Golpe de Estado:

Parece ser el sueño dorado del sector más radical de la oposición,
pero si después de 35 días de paro, en medio de la peor crisis que ha
vivido Venezuela después de los sucesos del 27 y 28 de febrero, no se
ha producido ni un “pronunciamiento militar”, como llaman a los
golpes por televisión, luce poco probable que haya una rebelión
militar típica, es decir, que un grupo de oficiales tomen por asalto
el Palacio de Miraflores.

Para ello habría que romper el círculo de fuego que conforman los
generales Carneiro, en la Guarnición de Caracas, Baduell, en la de
Maracay, Acosta Carles, en el comando de la Guardia Nacional de
Valencia y García Montoya desde la Comandancia General del Ejército,
porque los golpes se dan en la capital de la República (ver caso 4F).

Al inicio del paro se esperaba que el condimento militar de la crisis
lo aportara la Armada, de hecho, su comandante, vicealmirante
Fernando Camejo Arenas, fue el único que no se pronunció por
Venezolana de Televisión contra el paro, como si lo hicieron el del
Ejército, la Aviación y la Guardia Nacional.

El jueves dos de enero, en cadena de radio y televisión, Carlos
Ortega hizo un llamado desesperado a los integrantes de la Fuerza
Armada para que “actuen”, pero hasta ahora, la participación más
destacada de los hombres de arma en el conflicto ha sido la de
mantener el orden público, contribuir con el abastecimiento de
gasolina y alimentos y apoyar la reactivación de la industria
petrolera.

Sería una ligeresa, sin embargo, afirmar que la FAN está con Chávez,
pero es evidente que sus comandantes (chavista o no) han resultado
más demócratas que algunos voceros de la oposición. La vía del golpe,
típico o disfrazado de “pronunciamiento”, no parece contar hoy con el
respaldo internacional del cual gozó en abril de 2001.

Magnicidio:

“Me quieren matar”, ha dicho Chávez en varias oportunidades, pero en
la medida en que los militares de la Plaza Altamira han ido perdiendo
protagonismo en la crisis, esa posibilidad parece que se ha diluido
en el ambiente.

Aún así, desde que el Presidente mostró por televisión un bazuca, con
la cual supuestamente iban a volar el avión presidencial, los
círculos de seguridad a su alrededor se han multiplicado.

Entre cuatro y seis hombres de su mismo tamaño hacen sombra a su
alrededor constantemente y uno de ellos, incluso, lleva siempre el
famoso maletin que se convierte en escudo, popularizado por la
guardia de Fidel Castro.

No obstante, el mandatario no deja de asistir a eventos públicos
masivos. Si bien es cierto que darle un balazo al Presidente sería la
forma más rápida de sacarlo de Miraflores, la oposición no parece
tener vocación por el magnicidio y, además, sabe que matando a Chávez
corre el riesgo de inmortalizar al chavismo.

Elecciones:

Es la apuesta de la oposición y en el fondo, el gobierno parece
también desearla, pero en otras condiciones.

Los representantes del Ejecutivo en la Mesa de Diálogo condicionan la
fijación de una fecha para nuevos comicios a que se levante el paro,
se creen condiciones para disminuir la violencia y las televisoras de
Caracas entren en un acuerdo global que garantice su imparcialidad.

La oposición ha dicho que todo eso sería posible si el gobierno le
pone fecha a los comicios, pero ninguno de los dos bandos ha dado
señales de que cederá. Además, el problema con esta vía es que sólo
la renuncia del Presidente puede hacerla posible en lo inmediato y
eso de entrada está negado.

Otra opción es un acuerdo político en la Asamblea Nacional, pero el
mismo tendría que nacer en la mesa que coordina César Gaviria, donde
el juego en ese sentido luce trancado.

El parlamento actual, por si solo, no es capaz de lograr un acuerdo
político si este no está direccionado desde Miraflores y la
Coordinadora Democrática. En lo único que al parecer coinciden el
gobierno y la oposición es que no se puede ir a elecciones con el
actual CNE, si bien la Ley del Poder Electoral ya está vigente,
sustituir la actual directiva del organismo llevaría tiempo, al igual
que organizar todo el proceso, y ese, el reloj, es el peor enemigo
del antichavismo.

A la oposición le gusta menos el adelanto de elecciones cuando se ve
en la necesidad de buscar un candidato único (Salas Römer es quien,
por ahora, tiene el visto bueno de los EE UU, pero no de la
Coordinadora Democrática) y presentar un programa de gobierno
alternativo a la revolución bolivariana.

El gobierno arruga cuando revisa el Registro Electoral y el mismo
Chávez ha dicho que habrá elecciones, pero después que todos los
venezolanos que habitan los cerros de Caracas y las barriadas
populares de Venezuela, tengan su cédula laminada y sus nombres estén
anotados en la data del CNE.