Del 30 de noviembre al 4 de diciembre, más de 350 delegadas de 22 países se
congregaron en Oaxaca, México, en la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de las
Américas. Debatieron propuestas políticas y un Plan de Acción y formularon
recomendaciones a diversos sectores de la sociedad; además, coincidieron en
denunciar la falta de reconocimiento de los derechos de sus pueblos y en
condenar la imposición del Área de Libre Comercio de las Américas y el Plan
Puebla-Panamá. La cita concluyó en la noche del miércoles con la adopción de
la Declaración de Oaxaca, que reproducimos a continuación.

Nosotras, las participantes de la Primera Cumbre de Mujeres Indígenas de las
Américas congregadas en la ciudad de Oaxaca, México del 30 de Noviembre al 4 de
Diciembre del 2002, en un esfuerzo por compartir nuestras experiencias y
formular propuestas sobre Derechos Humanos y Derechos Indígenas; Empoderamiento
y Fortalecimiento del Liderazgo de las Mujeres Indígenas; Espiritualidad,
Educación y Cultura; Desarrollo y Globalización; y Género desde la Visión de
las Mujeres Indígenas presentamos la siguiente declaración:

Aceptando, que los Pueblos Indígenas tenemos el derecho inherente a la
soberanía, libre determinación y autonomía con capacidades plenas de decidir
sobre políticas, económicas, sociales y culturales que reivindican nuestro
desarrollo como pueblos reconociendo los derechos individuales y colectivos a
la tierra y territorio, recursos naturales, biodiversidad y propiedad
intelectual;

Demandando, que las mujeres indígenas somos partícipes y protagonistas de las
luchas y los procesos por el reconocimiento pleno de los derechos indígenas
entendiendo que el bienestar de nuestros pueblos es dependiente de la equidad
entre mujeres y hombres en la toma de decisiones que incorporen las
experiencias y conocimientos, valores y principios de nuestros ancianos y
ancianas, y las energías de nuestros jóvenes;

Considerando, que las mujeres continuamos viviendo en condiciones marcadas por
la discriminación, el racismo, la exclusión, la extrema pobreza, el machismo
y la falta de poder que se refleja en inequidades que persisten en los niveles
de empleo y salarios entre las mujeres y los hombres indígenas, entre las
mujeres indígenas y las no indígenas. Así mismo la localización y aislamiento
de las comunidades indígenas limita el acceso a mercados económicos, materia
prima, recursos y conocimientos;

Reconociendo, que la riqueza ancestral de los Pueblos Indígenas tiene sus
orígenes en la transmisión de sus valores, a través de la educación
comunitaria, donde las mujeres han jugado un rol importante, como comadronas,
consejeras, y guías espirituales propiciando la persistencia de conocimientos,
valores tradicionales y saberes indispensables para el desarrollo de modelos de
salud pertinentes a nuestras culturas y tradiciones. Y también reconocemos
avance en la educación bilingüe intercultural con el aporte de los propios
Pueblos Indígenas;

Reafirmando, que la educación para las mujeres indígenas es un proceso que va
de la mano con su desarrollo como colectividades. Entendiendo la necesidad de
promover la educación intercultural, desde nuestros idiomas y nuestros saberes
como un proceso constante y evolutivo que facilita las herramientas para
enfrentar los retos de la vida, reconociendo a la Madre Naturaleza como nuestra
primera maestra, pues ella nos enseña a convivir, a cuidarla y protegerla;

Afirmando, que para lograr una participación amplia de las mujeres indígenas se
debe incorporar el concepto de empoderamiento que contribuya a establecer
alternativas en la búsqueda de soluciones a sus problemas, incluyendo procesos
de toma de conciencia de los hombres, quienes muchas veces representan la
primera barrera que deben superar las mujeres indígenas para acceder a espacios
de participación;

Reafirmando, que en la actualidad persisten distintas formas de discriminación
contra las mujeres indígenas, que nos impiden promover el desarrollo pleno de
nuestras capacidades y potencialidades, así como el disfrute de los derechos
humanos individuales y colectivos como Pueblos;

Reconociendo, que la participación de los Pueblos Indígenas en las distintas
esferas políticas, económicas, sociales y culturales, enfrenta problemáticas en
la integración de la perspectiva de genero de las mujeres indígenas en las
agendas de trabajo, lo que se traduce en una falta de apertura hacia las
mujeres indígenas en las organizaciones indígenas mixtas y de sus
contribuciones;

Reconociendo, que en los últimos años se han venido dando procesos de apertura
en foros internacionales, donde la participación de mujeres indígenas lideres
ha planteado con claridad nuestras demandas, sin embargo no hay mejoría en las
condiciones de nuestros pueblos y mucho menos en la situación de las mujeres
indígenas. Reconociendo que los convenios internacionales no han logrado dar
una respuesta a los planteamientos de las mujeres indígenas, en gran parte por
que están formulados desde posiciones de poder con la perspectiva del
pensamiento y discurso dominante;

Reafirmando, que las mujeres indígenas confrontan un incremento en la
violencia, de la prostitución forzada dirigida a las mujeres indígenas y niñas
y niños en la región de las Américas, al igual que son directamente afectadas
por los conflictos armados, la militarización y leyes contra el terrorismo
resultando en el incremento de situaciones de desplazamientos internos y
externos de mujeres indígenas, aumentando así los niveles de pobreza y el
número de violaciones de derechos humanos, particularmente violencia contra las
mujeres indígenas;

Afirmando, que una perspectiva de género refiere a las relaciones de poder
entre hombres y mujeres, una perspectiva que permite un equilibrio de igualdad
entre mujeres y hombres la cual asegura una mirada inclusiva desde la
pluralidad y diversidad, desde el ejercicio de los derechos individuales y
colectivos de sus pueblos.

Adoptada en la ciudad de Oaxaca, el 4 de diciembre de 2002