Hirugarren Mundua ta Bakea- Paz y Tercer Mundo

El rol de las ONGD y de los movimientos sociales en el nuevo
contexto de la cooperación internacional

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Hablar del contexto de la Cooperación internacional requiere, en primer lugar, hacer algunas
reflexiones acerca de la sociedad internacional y de las relaciones internacionales tras el 11 de
septiembre. Sólo así podremos entender, en profundidad, algunas de las tendencias que se están
dibujando en el campo de la cooperación.

Estamos viviendo un momento histórico en el que una Tentación Totalitaria expresada en forma de
macartismo planetario amenaza la convivencia y la paz mundial. Esta doctrina enlaza con el espíritu
histórico y fundacional de Estados Unidos, y llena el vacío temporal que la desaparición de la URSS
produjo en las formulaciones de su política exterior. Para una superpotencia con pretensión de
liderazgo mundial era difícil articular su presencia en el mundo en ausencia de un enemigo que
mereciendo tal nombre ayudara a definir su interés nacional. El 11 de septiembre ha resuelto las
dudas y los debates internos norteamericanos, situando a Estados Unidos en una posición de
ventajas políticas, militares y hasta morales para consolidar su hegemonía mundial bajo parámetros
de uso sistemático de la fuerza, despreciando la diplomacia y las vías multilaterales. Esa Tentación
Totalitaria parece estar en manos de un peligroso lobby norteamericano empeñado en imponer la
pax americana organizando guerras preventivas y desplegando una presencia militar en más de un
centenar de países, sobre la base de:

-El restablecimiento del miedo a escala global, apoyándose en el terrorismo internacional, al
que se presenta como un enemigo difuso y poderoso que actúa fuera del sistema de las relaciones
internacionales y que, por consiguiente, requiere ser combatido con medidas excepcionales ajenas
al derecho y a las convenciones sobre derechos humanos.

-El despliegue de una cultura de la guerra, lo que supone la militarización del pensamiento, el
endurecimiento de los sistemas jurídicos y el recorte de libertades. Crece de nuevo el secretismo de
la guerra fría y el poderío militar norteamericano como pilar central del nuevo orden mundial.

Afirmamos que la declaración de guerra contra el terrorismo internacional oculta múltiples intereses y
objetivos específicos ajenos a la extensión de la democracia y a la conquista de la paz. La política
exterior norteamericana apunta, a nuestro modo de ver, en la siguiente dirección:

a) La construcción de su hegemonía mundial no puede basarse en decisiones elaboradas
conjuntamente con aliados europeos y asiáticos. El unilateralismo debe imponer a éstos
la aceptación final de los hechos. El concepto de unilateralismo supone no negociar ni
compartir el poder, aun cuando busque la multilateralidad en el campo de las operaciones
de guerra y utilice a la ONU como escenario de deliberaciones.
b)
c) La construcción de una globalidad jerárquica con un liderazgo indiscutido requiere de
guerras continuas, sin límites en el tiempo y en el espacio. La guerra permanente supone
recursos económicos ilimitados e incondicionales; apoyo público y aliados/competidores
subordinados. Supone también la convicción de que EEUU puede involucrarse al mismo
tiempo en varias guerras.
d)
e) La elaboración de una ideología que movilice un apoyo público permanente es condición
necesaria para evitar un reflujo –como sucedió a Bush padre después de la Guerra del
Golfo-. Esta ideología pivota en torno a la idea de una conspiración terrorista mundial
contra el país más libre y próspero de la Tierra.
f)
Estos principios de la política exterior de Estados Unidos enfocada a la construcción de un Nuevo
Orden Mundial requieren de un concepto clave: la impunidad internacional y, por consiguiente, el
rechazo al Tribunal Penal Internacional y toda otra forma de fiscalización. La ideología predominante
en la Administración de Estados Unidos concibe la sociedad internacional como la figura de una
pirámide jerárquica en cuya cima sólo puede haber una fuerza conductora, inmediatamente debajo
de la cual se alinean los países aliados de la OTAN, hasta encontrarnos en la base de la pirámide
con un gran número de países parias, muchos de ellos considerados díscolos y sentenciados como
una amenaza al interés nacional norteamericano. Interés definido por las elites ligadas a la industria
del armamento, a la del petróleo y a ideologías de extrema derecha.

En el campo de las conclusiones, adelantamos la idea de cómo la actual Administración del
presidente Bush enfoca los problemas actuales (el terrorismo internacional, la neutralización de
Estados amenaza…) con lentes viejos. El Destino Manifiesto se vuelca de nuevo como doctrina y
espíritu político ante un escenario que requiere sobre todo una visión de la sociedad internacional
desde el paradigma de la inter-dependencia cimentada en la multilateralidad, la relación dialógica y
la negociación, la búsqueda permanente de la paz y la reforma en profundidad del orden económico
mundial.

Pero, la actual política exterior norteamericana, apoyada en la coartada de la lucha contra el
terrorismo, está dando a otras potencias y gobiernos la oportunidad de llevar a cabo sus propias
guerras y genocidios, en el nombre de la seguridad. Las brutales acciones represivas de Rusia en
Chechenia y de Israel en Palestina son una prueba de ello. Así, la reciente matanza ocurrida en un
teatro de Moscú, desde la impunidad y el militarismo, es algo que condenamos al tiempo que
exigimos una solución dialogada para el conflicto de Chechenia, basada en la libre determinación de
los pueblos.

En este escenario internacional, tan sólo unas palabras para expresar el fracaso de la Unión
Europea. Europa ha sido raptada por la nueva hegemonía. La misma Europa que tuvo la cualidad de
desplegar sus valores humanistas y racionalizadores, ha visto como la uniformidad de su
modernidad parece ya estéril, sustituida por otra uniformidad que ha hecho del mercado salvaje el
pensamiento único, medida de todas las cosas. Y en el orden de la política exterior es el amigo
americano quién decide por Europa. La OTAN no es más que un instrumento al servicio de la
geopolítica del gendarme mundial y, por extensión, de su gran industria armamentística. Europa
dócil, traicionada desde adentro, obedece.

La no-cultura americana, se nos presenta como un nuevo “racionalismo” que se impone a las
tradiciones europeas; el mundo se reduce, entre todo lo que se globaliza hay mucha simplificación.
Así, la ideología norteamericana impone su modo de entender las relaciones internacionales frente a
la diplomacia europea basada en la soberanía de los estados. El Destino Manifiesto se expande
ahora por todo el globo y es todo el globo tierra de misión salvífica de la gran potencia unilateral: se
impone su política de las cañoneras. De momento todo está parece estar perdido. La grandeza se
mide por la cantidad de verdad que se sea capaz de soportar, y Europa -sus gobiernos, editorialistas
y predicadores televisivos-, no acepta siquiera la menor crítica a su conducta de vasalla obscena del
poder americano. Pero, de esta posición vasalla, sabe mucho el pueblo palestino, gran víctima de la
cobardía europea.

La actual Unión Europea se juega buena parte de su futuro en la identidad. Un proyecto-identidad
debería fundarse en un programa de valores sociales y objetivos institucionales que hagan suyos el
discurso y la práctica de los movimientos que nos oponemos a la globalización neoliberal y a la
pérdida del control político de la ciudadanía. La solidaridad y el cambio de las relaciones Norte-Sur
deben formar parte de esa identidad en oposición al modelo americano que desde fuerzas
poderosas amenaza con implantarse entre nosotros.

2

¿Y qué tiene que ver este escenario con el contexto de la cooperación internacional? Sin duda
mucho.

En el mundo académico y de la intelectualidad experta en las relaciones internacionales existe un
notable consenso que afirma que los paradigmas clásicos ya no pueden explicar qué está pasando
en la sociedad internacional. Hay un acuerdo respecto de que vivimos un mundo en transformación
cuyo rumbo arroja datos negativos y cuya meta es incierta. Es lógico pensar que esta transformación
de signo neoconservador está arrastrando ya cambios en los distintos ámbitos de las relaciones
transnacionales. La Cooperación no es un campo que pueda escapar a esta tendencia.

Merece la pena recordar que el actual “modelo de Cooperación” surgió en Europa al calor de los
sistemas de bienestar social, bebiendo de las mismas fuentes de inspiración moral y política. La
política de ayuda a “zonas deprimidas” del mundo, fue el resultado de la presión de la izquierda
social y política frente a la ideología liberal, así como también la expresión del peso de las ideas de
solidaridad cristiana en la cultura europea. Todavía hoy la ayuda a los países más pobres conserva
la marca de los principios del bienestar público propios de los países de origen, sobre todo si nos
referimos a los nórdicos –Estados Unidos siempre ha proyectado una ayuda minimalista ligada a su
política exterior–. Ahora este modelo ha entrado en declive, corriendo la misma suerte que los
sistemas de bienestar. El neoliberalismo, la incansable ideología del mercado cabalgando con su
guadaña, supone una amenaza latente a los valores y prácticas solidarias, de modo que apunta
hacia una de-construcción del modelo de cooperación que permitió el auge de las ONGD. Ello
aunque la pobreza, la exclusión y las desigualdades crecientes justifiquen como siempre la
necesidad de organizaciones de cooperación, tanto en el Norte como en el Sur.

Ciertamente existen inquietantes signos negativos. La apertura de espacios a las empresas en las
distintas líneas de cooperación al desarrollo; la sucesión de ataques a las ONGD tachándolas de
ineficaces; el crecimiento de las ayudas bilaterales; son otros tantos gestos que nos hacen pensar en
próximas nuevas dificultades. Si la tendencia se agudiza en los próximos años, podría darse una
situación cercana al colapso de muchas estructuras de cooperación, particularmente ONGD del
Norte y del Sur. De esto se deduce la importancia de formar y consolidar grupos de presión política
en el Norte y ante las instancias internacionales (particularmente la UE); la conformación de redes
confederativas entre ONGD de regiones del Sur y, sobre todo, la urgente necesidad de implementar
proyectos y programas sustentables que puedan caminar autónomamente, liberadas del subsidio
como condición para no perecer. Pero todo esto es insuficiente si al mismo tiempo no hay en cada
país del Sur donde intervenimos un rescate del Estado en su dimensión social. Pero este es otro
importante asunto para otro momento.

Un asunto de urgencia: reflexionar sobre la Ayuda Humanitaria

Junto a la amenaza general derivada de la ideología y práctica neoliberal, el caso de la llamada
Ayuda Humanitaria es paradigmático, por su importancia actual y por la misión que le aguarda en los
próximos años. Hacer de las ONGs un ejército civil para paliar las destrucciones producidas por las
guerras y sus daños colaterales, y para atender las consecuencias de catástrofes naturales que
tienen detrás una enorme y crónica vulnerabilidad social, es algo que responde a la política de los
grandes donantes.

En Afganistán vimos la llegada de toneladas de alimentos embutidos en grandes sacos con la
palabra USA y los colores norteamericanos. Como en otras ocasiones en Ruanda, en Somalia, en
los Balcanes y otros lugares, es algo cínico que responde al “efecto CNN”. Hay ya estudios del
“efecto CNN” que señalan muy bien como ante pueblos antes olvidados y mediomuertos, Estados
Unidos y sus aliados actúan humanitariamente de forma televisada para dar cobertura a sus planes
de destrucción. Es así que quien se prepara para el ataque aparece como bienhechor. Durante la
Guerra del Golfo se usó a los kurdos como pueblo oprimido al que se llevaba ayuda siempre bajo la
mirada de la CNN. Así sucedió también en la guerra contra Nicaragua, cuando las poblaciones
miskitas eran mimadas por la administración norteamericana, para ser olvidadas posteriormente.
Tras la destrucción de Irak, si se produce la guerra, algo que casi nadie duda, se buscará a ONGs
dispuestas a servir de brazo humanitario de los mismos verdugos.

El asunto de Afganistán y sus gentes que buscan refugio; los sacos USA televisados y su
rentabilidad publicitaria, invitan a reflexionar sobre la dimensión casi siempre política de la ayuda de
emergencia. Dimensión también económica como se pudo comprobar tras el huracán Micht que
asoló Centroamérica; marginada la Declaración de Estocolmo llena de buenas intenciones de
gobiernos donantes, se impuso una política de liberalización económica de la región y de
desembarco de nuevas empresas como medicina a la tragedia.

Sin duda, la acción humanitaria que interviene como ejército piadoso por detrás de las guerras y
violencias calculadas, tiene muchas sombras y pocas luces. Básicamente es una ayuda manipulada
por los políticos y por los militares. Hay estrategias militares que desplazan población para actuar
más libremente y dejan a hombres y mujeres al “cuidado” y bajo la logística de ONGD. Otras veces
se usa la ayuda para atraer a poblaciones vulnerables hacia la causa de los donantes. Hay casos en
los que la ayuda humanitaria disfraza un afán recolonizador –escenarios africanos- que trata de
imponer un modelo alimentario, sanitario, político, militar, democrático.

Del mismo modo como la ayuda al desarrollo no podrá nunca, por sí misma, alterar o suplir las
medidas estructurales que actúan sobre la pobreza y la marginación, la Ayuda Humanitaria no puede
alterar el rumbo de los conflictos. Antes bien, la ayuda humanitaria no es nada sin acción política
crítica y una idea de justicia. Al menos las ONGD al actuar en este campo pueden aprovechar la
presencia en el terreno para hacer una Ayuda Humanitaria que denuncie la violación de los derechos
humanos y contribuir a crear una opinión pública sobre las causas estructurales de la pobreza y los
motivos que provocan las crisis humanitarias.

Partimos de la idea de que hay colectivos a los que se les debe auxiliar desde la razón moral del mal
menor. No todas las acciones solidarias están destinadas a transformar realidades. También es
necesario aliviar el sufrimiento. Sin embargo hay dos modos de situarse ante el dilema de la Ayuda
Humanitaria: con comodidad, con una actitud poco o nada crítica, o desde la incomodidad y el
malestar, desde el ejercicio de la crítica.

En realidad la Ayuda Humanitaria no es ni buena ni mala en abstracto, aun cuando en todo caso se
da el escándalo de la desigualdad entre el donante y el beneficiario. Hay ayudas masivas de
alimentos que pueden ser perjudiciales en algunas circunstancias, por ejemplo si desincentiva la
producción local; cuando prolonga la existencia de bolsas humanas clientelares; cuando origina un
estado permanente de no resolución de conflictos. El asistencialismo innecesario y prolongado
puede llegar a ser peligroso. En Ruanda y Somalia el desembarco de cientos de ONGs y decenas
de organismos especializados produjo una auténtica adicción al dólar y fragmentación social en la
disputa de los bienes que se ofrecían, en un contexto en el que no había administración ni gobierno.
En otros casos la Ayuda Humanitaria es el paraguas de la prolongación de conflictos que la ONU no
es capaz de resolver –caso Sahara- políticamente: la ayuda se utiliza para amortiguar la crisis y
dejar que el tiempo pase y desgaste a una de las fuerzas en conflicto. Pero, por otro lado la ayuda
permite a los saharauis resistir sin rendirse. Como vemos un mismo hecho encierra contradicciones.

En sentido positivo mucha gente ha salvado la vida por la presencia de ONGs extranjeras. Una
Ayuda Humanitaria combinada con una vigilancia de los derechos humanos puede ser cuando
menos interesante.

Llegado a este punto apuntamos algunas ideas a modo de conclusión:

1. No actuar como instrumentos de una política exterior gubernamental.

2. No actuar como herramienta acritica para paliar efectos “colaterales” tras una intervención
armada de USA, OTAN…

3. Parece importante vincular las acciones humanitarias a una estrategia de posteriores acciones
de desarrollo de economías populares y autoorganización.

4. Es interesante tratar que en el marco de las acciones humanitarias y de emergencia sea la
propia población la protagonista con capacidad de decisión.

5. Considerar a las personas beneficiarias como a alguien a quien hay que dar cuenta de las
acciones, no sólo a las agencias e instituciones donantes.

6. Emplear el potencial de los medios de una campaña de emergencia para conocer mejor la
realidad y reflexionar sobre ella; dar a conocer las causas de la crisis humanitaria; crear opinión
pública sobre las causas de la pobreza; identificar acciones de cooperación alternativa.

7. Fomentar las aptitudes locales para hacer frente a crisis alimentarias, catástrofes naturales,
creando organización social.

8. Difundir la idea de las personas beneficiarias como gentes con derechos económicos, sociales y
culturales, no como sujetos de compasión.

9. No caer en un automatismo o mecanización de la ayuda de emergencia y humanitaria; sopesar
primero distintas variables que se producen en el escenario de la actuación prevista.

Por otra parte, la estrategia de los grandes donantes tiene bastante lógica. Colocar a las ONGs en
acciones televisadas tiene una triple ventaja: las ONGs tienen mayor credibilidad que los gobiernos
locales en la distribución de la ayuda; son representativas de una sociedad que ve en su actuación
un bálsamo moral; se sitúa a las ONGs en un plano de acción en el que difícilmente pueden incidir
sobre procesos sociales y políticos, e impulsar movimientos sociales locales allí donde intervienen.

3

La Tentación Totalitaria, la cultura de la guerra, las acciones bélicas contra pueblos enteros, la
globalización neoliberal, nos están reclamando una alianza fuerte. Movimientos sociales y redes
hemos de organizar la resistencia en las esferas de la política, de las luchas, de las ideas, y también
proponiendo alternativas económicas, de organización social y de nuevos valores.

Pero permítannos, antes de nada, hacer una reflexión crítica sobre la naturaleza del propio
movimiento antiglobalización del que formamos parte. En primer lugar creemos que se trata de una
rebelión moral. Una rebelión que supera a los partidos políticos y a los movimientos tradicionales. Es
un movimiento que organiza a la sociedad civil de los de abajo y, paradójicamente, está
revalorizando lo político desde nuevos valores, uno de los cuales es la coherencia entre el discurso y
la acción. Otros son, el pensamiento crítico y el debate; la movilización; la convergencia de redes y
movimientos en un plano de horizontalidad alejada de viejos verticalismos. Este movimiento que
demanda una alternativa postcapitalista tiene un conjunto de puntos fuertes y débiles que conviene
destacar aunque sea de manera resumida:

a) En primer término está suponiendo una notable reanimación social en una época en que los
procesos y luchas sociales habían descendido considerablemente.

b) En segundo lugar, al tener como objetivos de sus críticas las instituciones capitalistas
internacionales y los gobiernos que lideran las políticas neoliberales, ello permite una
convergencia social y una importante pluralidad de ideas.

c) En tercer lugar nos encontramos ante un movimiento audaz que señala contra los poderosos de
la Tierra, reivindicando una globalización de la solidaridad y de la justicia.

d) Por otro lado, su carácter internacionalista, militante, permite la elaboración de agendas
nacionales, continentales y mundiales, articulando redes desde abajo.

e) Las críticas a la dictadura del mercado son acompañadas de propuestas económicas y sociales
alternativas, a favor de un desarrollo humano sostenible y de una democracia participativa.

f) En sexto término la dimensión juvenil del movimiento es acentuada, con una importante
presencia de las mujeres. El movimiento antiglobalización es ya una referencia de valores
morales y políticos, haciendo de cada lucha, de cada acción particular, por localizada que esté,
algo que situa en el horizonte del mundo. Ya no hay un Centro, el Centro está en todas partes
como lo comprendieron muy bien los zapatistas de Chiapas..

Pero también, con la misma sinceridad, podemos localizar algunos puntos débiles:

a) Hemos de reconocer que el movimiento tiene una descompensación entre el impacto mediático
global y su arraigo local real.

b) El movimiento hace propuestas positivas que aún carecen de sujetos sociales que encarnen esa
transformación social (si bien hay expresiones muy positivas en la esfera internacional, con Vía
Campesina, el MST de Brasil, el movimiento de mujeres de la India…)

c) Con frecuencia desde el movimiento antiglobalización se subestiman las acciones de solidaridad
más modestas (por ejemplo, acciones de ONGD comprometidas).

d) Los objetivos más inmediatos, como por ejemplo la tasa Tobin, la condonación de la deuda
externa, etc, no son suficientes para evitar la existencia de una brecha entre la amplitud de los
propósitos u objetivos finales del movimiento (Otro mundo es posible) y la concreción de las
metas que deberían corresponder a ese empeño.

ASPIRACION Y ESPERANZA:

Es verdad que el movimiento antiglobalización neoliberal es aún joven. No ha tenido apenas tiempo
para configurar un horizonte ideológico, moral, cultural propio. ¿Lo conseguirá? ¿Podrá hacerlo
refundando en cierta manera ideas y valores para una nueva sociedad, superando viejas doctrinas y
dogmas obsoletos? ¿Podrá construir una utopía abierta, alejada de aquellas otras cerradas y
portadoras de modelos que se han mostrado fracasados? Se trata de un movimiento heterogéneo, al
que aún es difícil de prever su futuro. Sin embargo es nuestra esperanza y por este movimiento
estamos dispuestos a darlo todo.

Naturalmente, las ONGD comprometidas en el movimiento antiglobalización, formamos parte de los
puntos fuertes y de los débiles, pero, además, tenemos nuestra propia encrucijada. No citaremos
aquí el listado de problemas que configuran esa encrucijada. Baste decir que hemos de
confrontarnos de modo permanente con los programas y esfuerzos de cooptación neoliberales que
tratan de aprovechar su poder económico y político para hacer de las ONGD organismos dóciles,
bien como bomberos y tecnócratas de la pobreza, bien como sustitutivos de los Estados del Sur. La
presunción general de que los gobiernos tratan, a veces con éxito, de incluirnos en sus ámbitos de
dominio no es una exageración.

Sin embargo, afirmamos que múltiples y variadas experiencias, indican que sí es posible una
Cooperación alternativa, desde la consciencia de los límites de este tipo de solidaridad y de
internacionalismo; pero también desde la certeza de que ONGD con compromiso de cambio social y
político podemos impulsar una matriz que articule, entre otros, esfuerzos de economía popular con
otros de poder local y democracia participativa; esfuerzos de lucha por el acceso a la tierra con otros
de desarrollo de agricultura sostenible y cuidado de la biodiversidad; esfuerzos también de
organización social, autogestionarios, vinculados con espacios políticos y luchas generales.

En nuestra opinión, las ONGD con vocación alternativa trabajamos en contra de la corriente y
necesitamos con urgencia encontrar caminos de Cooperación que multipliquen nuestra eficacia,
pues la pobreza y los hechos internacionales tienden a agravarse y no hay tiempo que perder. Para
empezar, hemos de considerar tres criterios:

a) La lucha contra la pobreza estructural en un determinado país del Sur, no pasa
necesariamente por apoyar a las comunidades más deprimidas, sino a aquéllas que
siendo deprimidas estén más dispuestas al cambio social y a la lucha política. Esto quiere
decir que nuestra Cooperación debe ser una herramienta de acompañamiento de una
estrategia nacional, no sólo la expresión de un testimonio comunitarista.

b) Los proyectos y programas aislados deben dar paso a otros que sepan articular ámbitos
territoriales -micro-regiones bien seleccionadas-, con una complementariedad de actores.

c) Las intervenciones en los ámbitos de la emergencia y la ayuda humanitaria deben
articularse a lobbys políticos y alianzas sociales, así como a movimientos de denuncia y
protesta.

Nos detendremos brevemente en el segundo de los apartados, en la medida en que constituye el
espacio singular que las ONGD podemos aportar a una alianza en el seno del movimiento
antiglobalización. La famosa dicotomía entre protesta y propuesta debe ser superada a través del
recorrido que podemos hacer juntos. Los movimientos sociales, en general, unen a la protesta
propuesta globales con una dimensión macro, se trate de la economía o se trate de asuntos sociales
y políticos. Las redes contra la deuda externa, a favor de la tasa Tobin, contra el FMI y el Banco
Mundial, etc, hacen con razón una crítica global al capitalismo y proponen medidas también
estructurales de carácter postcapitalista. Esta crítica y esta movilización deben continuar. En lo que
respecta a las ONGD que trabajamos en el Sur, podemos aportar el esfuerzo micro de construcción
de experiencias y alternativas populares desde la creencia de que un desarrollo humano, alternativo
y sostenible, será el resultado del funcionamiento de las relaciones entre economía, instituciones
públicas, estilos de vida, formas productivas, organización social y cambios políticos.

No es este el lugar de desglosar en qué consiste una estrategia que combine espacios territoriales y
alianzas entre actores públicos y privados. Pero podemos decir que la articulación de un eje
económico que impulse el desarrollo endógeno y un eje democrático que impulse la participación
ciudadana en los poderes locales, es lo que permite en un territorio diseñar estrategias de
resistencia al neoliberalismo y de superación del atraso. El desarrollo endógeno enfoca el
crecimiento interno, local, territorial, como necesidad de romper o superar la dependencia externa, a
partir de ventajas comparativas en cuanto a la producción, los recursos humanos y el uso de
tecnologías apropiadas. Creemos también en la necesidad urgente de otra democracia que supere
la arcaica democracia liberal, así como las democracias delegativas y tuteladas. Hace falta una
democracia participativa de nueva planta que transfiera progresivamente el poder a la gente.

Hay ONGD comprometidas ya en programas orientados de esta manera tan apasionante. Mucho
movimientos sociales lo desconocen. Tal vez ha llegado el momento de invitar a nuestros aliados a
que se acerquen a nuestros proyectos y los evalúen. Queremos mostrar que la cooperación
alternativa se orienta a dar apoyo a la formación de sujetos sociales para el cambio, poniendo
énfasis en la participación de las mujeres y en la lucha por la transformación de los roles de género.
Queremos mostrar los recorridos asociativos de sujetos que actúan por ellos mismos, rompiendo con
la lógica del subsidio y de la pasiva espera de que sean otros quienes aporten soluciones para sus
vidas.

Las ONGD con orientación alternativa estamos empeñadas en el impulso de procesos sociales, en
levantar experiencias de economía popular, en animar nuevas estrategias de vida apoyadas en la
autogestión, en los nuevos poderes locales…es decir que la resistencia además de pasar por la
protesta necesita también de la propuesta. Nuestro trabajo es aún limitado, modesto. Necesita de la
crítica proveniente de los movimientos sociales; una crítica que nos ayude a defender un espacio
crítico e independiente en el contexto de la cooperación internacional.

4

Unas últimas palabras. En la agenda de lo más urgente está la guerra. El rechazo frontal de la
guerra. La denuncia de la prepotencia del Imperio. La denuncia de la Europa oficial, pusilánime y
oportunista.

Desde este punto de partida el gran desafío consiste en levantar un movimiento social, popular, en
favor de una paz positiva que es mucho más que la paz vista como ausencia de guerra. Nuestra
visión de la paz tiene un valor multidimensional cuya realización exige un proceso de erradicación de
las causas que la provocan. Algo que sólo será posible si reforzamos el impulso de los movimientos
sociales que luchan desde principios de un pacifismo radical que además de condenar las guerras y
el militarismo propone una teoría y una estrategia alternativa a concepciones que desde la izquierda
han teorizado las bondades del empleo de la violencia. El objetivo de nuestro pacifismo se convierte
en la lucha por lograr que se vean satisfechas toda una serie de necesidades materiales e
inmateriales: de supervivencia con dignidad, sociales, de libertad, políticas, jurídicas, etc. Esto
quiere decir que hay que luchar contra la violencia estructural que hace del mundo un escenario
global de injusticia, como producto de un sistema imperialista, entendido no sólo en una dimensión
económica sino que abarca el conjunto de relaciones de dependencia establecidas en el conjunto
del planeta

En particular, la guerra en Oriente Medio exige una paz que sancione y neutralice el proyecto del
gran sionismo, consolide un Estado palestino soberano, termine con el injusto embargo a Irak, y
promocione una Conferencia Internacional de Paz que anime la democratización de la región
respetando la diversidad civilizatoria, fortalezca los mecanismos de seguridad y de estabilidad a un
mapa regional. Es de un cinismo intolerable el que mientras Israel viola sistemática e impunemente
toda resolución de la ONU, hasta 35, el Consejo de Seguridad se haya reunido una y otra vez para
deliberar la represión contra Irak.

Similar valoración nos ofrecen las distintas propuestas, que desoyendo las Resoluciones de NN.UU.,
se empecinan en no buscar salida a la descolonización inacabada de los Territorios del Sahara
Occidental, cuando el propio Consejo de Seguridad reconoce que la única salida al conflicto del
Sahara Occidental debe de tener en cuenta el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui.

Consideramos ilegítimo a cualquier gobierno que desencadene una guerra allí donde debe imperar
la diplomacia y el diálogo en la búsqueda de una paz positiva, justa. La oposición a la guerra y a los
gobiernos que la provocan debe considerar la desobediencia civil, ilegal y pública, así como la
objeción de conciencia como el método que debemos extender cuando los métodos legales
tradicionales fracasan. Precisamente, un norteamericano, Henry David Thoreau, nos enseñó que la
desobediencia civil y el derecho de resistencia en nombre de la oposición al militarismo o de la
limitación de derechos ciudadanos son excelentes caminos para seguir el dictado de nuestras
conciencias. Los actos ilegales, públicos, no violentos y conscientes, pueden ser muy necesarios
como oposición a la guerra.

En esta línea se están llevando a cabo multitudinarias manifestaciones de protesta contra la guerra.
También en Estados Unidos donde cientos de miles de ciudadanos, rescatando el espíritu de la
lucha contra la guerra de Vietnam, exigen al presidente Bush la detención del militarismo, del
terrorismo de Estado y de las guerras.

En esta tarea, los movimientos sociales y las ONGD, todo el movimiento contra la actual
globalización podemos y debemos estar juntos.

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