-Cómo sale, cómo vuelve y cómo hace para continuar un presidente
latinoamericano hoy-

América Latina vive al borde de un
ataque de nervios. Primero en Paraguay, después en Ecuador, en
Argentina y ahora en Venezuela, se suceden presidentes en pocas
horas, demostrando la inestabilidad institucional de los países
del continente y el carácter gelatinoso del tipo de sociedad
resultante de las transformaciones de los últimos que prometían
estabilidad y seguridad.

En el caso de Venezuela, ¿por qué Hugo Chávez cayó, por qué
volvió y qué energía tiene aún para continuar?

Hugo Chávez fue electo con 70% de los votos populares,
denunciando -con razón- a las élites del país como un todo por
la “farra del petróleo”: dilapidaron la riqueza del petróleo con
precios altos, sin industrializar, sin liberar a Venezuela de
vivir bajo los sobresaltos del “oro negro”. Se apoyó en ese
caudal, sin organizarlo, en la cohesión de las FF.AA. y en la
elevación de los precios del petróleo; para la cual su propio
gobierno fue uno de los responsables, por la actuación de su
ministro Alí Rodríguez, actual coordinador general de la OPEP,
que consiguió reimponer una política de cuotas, que llevó a la
elevación de los precios del petróleo. Con esos recursos, el
gobierno de Chávez implementó políticas sociales
redistributivas, reformó la constitución del país, se sometió a
sucesivas elecciones y plebiscitos, respetando todos los cánones
de la democracia liberal.

Esas transformaciones no llegaron a los polos fundamentales de
poder en la sociedad venezolana. La prensa mantuvo un sólido
frente de oposición, transformándose en el centro articulador de
resistencia al gobierno, el único espacio de expresión del
gobierno eran las intervenciones de radio y televisión del
propio Chávez. Este tampoco consiguió penetrar en la
estratégica empresa estatal de petróleo, cuyos técnicos y
sindicalistas siguieron vinculados a las centrales sindicales
tradicionales, ligadas a los partidos derrotados por Chávez,
principalmente Acción Democrática.

Las transformaciones estructurales comenzaron a ser diseñadas
por Chávez en un paquete de medidas aprobadas por el Parlamento,
que comenzaban con una profunda reforma agraria, pero se
extendía a una serie de otros campos, inclusive el petrolífero y
el pesquero. En ese momento la situación externa e interna ya
había comenzado a cambiar para Chávez. Conforme la economía
norteamericana pasó de la expansión a la recesión, el precio del
petróleo comenzó a bajar. Por otro lado, el boicot empresarial
interno se acentuó, con fuga de capitales y con cierres de los
establecimientos productivos.

Por otro lado, por su estilo militar -“bonapartista”, en los
términos de los análisis clásicos-, Chávez se fue aislando,
abriendo varios frentes de choque al mismo tiempo. Fue
perdiendo apoyo de grupos partidarios que habían estado al
inicio con él, fue chocando directamente con la jerarquía de la
Iglesia Católica -que desde el comienzo le fue abiertamente
hostil- y fue perdiendo apoyo popular, a medida que la situación
social interna se fue deteriorando por la reversión de los
factores económicos.

El frente opositor

Las movilizaciones contra él se acentuaron a partir del paquete
de diciembre, siendo dirigidas básicamente por el frente unido
de la gran empresa, que funcionó como comando general opositor,
articulando las entidades empresariales, los funcionarios de la
empresa estatal, la jerarquía de la Iglesia Católica, el
descontento generalizado de la clase media y contando con apoyo
externo de Washington. A medida que Chávez perdía apoyo dentro
de su coalición -llegando actualmente a tener apenas la mitad de
los parlamentarios-, se sumaban grupos disidentes del propio
gobierno, mientras que su base de apoyo, especialmente los
sectores más pobres, favorecidos por sus políticas, permanecían
desorganizados, sin capacidad de expresarse.

La huelga de la empresa de petróleo fue el detonante de un
enfrentamiento decisivo. Chávez no podía permitir la suspensión
de la producción, que ahogaría económicamente a su gobierno de
manera definitiva y, al mismo tiempo, los funcionarios de la
empresa no toleraban a la nueva dirección nombrada por el
Presidente, porque podría significar perder el control de los
recursos fundamentales del país y dejarlos bajo dirección
directa de Chávez.

Al mismo tiempo en que buscaba corroer el poder de Chávez en su
eje económico estratégico, la oposición comenzó a obtener
resultados al conseguir apoyos -aunque inicialmente marginales-
dentro de las FF.AA. Estas, junto con el petróleo y el
desempeño personal de Chávez eran los elementos esenciales de la
legitimidad de poder de éste. A medida que Chávez se
debilitaba, la oposición pasó a promover golpes de cacerolas
cuando él hablaba en cadenas oficiales y conseguía movilizar
cada vez mayor cantidad de gente -de 150 a 500 mil personas,
según las fuentes de evaluación-.

Golpe y contragolpe

El golpe fue dado por la alta oficialidad de las FF.AA., después
de las muertes en la represión de la manifestación del jueves,
algunas víctimas directas de las tropas oficiales, otras
claramente víctimas de francotiradores, que todo indica fueron
apostados por sectores militares de oposición. El gobierno que
le sucedió fue precipitadamente al pote, sin respetar ningún
trámite institucional y revelando muy abiertamente el contenido
empresarial que tenía -por la nominación de un gran empresario
como presidente y por la presentación inmediata de un programa
para la empresa de petróleo- que incluía la suspensión de la
venta a Cuba, el alejamiento de las políticas de la OPEP, la
aproximación con los Estados Unidos, en una dinámica que
ciertamente apuntaría para la privatización de la empresa.

Las movilizaciones populares demoraron un poco, demostrando cómo
la base de apoyo de Chávez era poco organizada, pero cuando
comenzaron, fueron generalizadas por el país, tomando el Palacio
de gobierno; al mismo tiempo que los militares fieles a Chávez
se rebelaban, el Parlamento se reunía y reivindicaba el derecho
del vicepresidente a asumir el gobierno y la OEA, por
unanimidad, condenaba el golpe y reafirmaba el derecho
institucional del gobierno de Chávez. El empresario recién
posesionado presidente renunció, fue detenido, Chávez retornó,
con un discurso que combina disposición de readecuar su
gobierno, pero al mismo tiempo castigar -mencionando a la gran
prensa- a los responsables por el golpe.

Perspectivas

¿Qué energía tiene aún Chávez para gobernar? Eso dependerá, en
primer lugar, de su capacidad de transformar su proyecto de un
proyecto para las mayorías populares a un proyecto para el
conjunto del país y, al mismo tiempo, de golpear los ejes del
golpismo que ya demostró que puede derrocarlo. En segundo, del
aliento de la oposición, del tiempo que requerirá para retomar
iniciativa y de la capacidad que aún tenga para volver a la
ofensiva.

Dependerá también de aquellos sectores con que contaba Chávez,
que ahora tendrá ciertamente su margen de maniobra disminuido en
relación a los mandos de las FF.AA., al Parlamento y a la
empresa petrolera. Probablemente su proyecto original se agotó,
incluso porque él suponía una polarización clara entre masas
populares y élites, que desembocó en formas de enfrentamiento,
con que Chávez no podrá contar más, si quiere reciclar su imagen
hacia la de un dirigente capaz de negociar sus proyectos con
amplios sectores.

Por otro lado, tanto las élites tradicionales cuanto el propio
Chávez se dieron cuenta de la sólida reacción popular y militar.
Resta saber qué lecciones sacarán de ella. Chávez ya hizo un
gesto negociador, aceptando la renuncia de los dirigentes de la
empresa de petróleo, que él mismo había nombrado y que había
sido objeto de la huelga contra su gobierno. Sin embargo,
conforme fue multiplicando choques en su base de apoyo, el
equipo de Chávez se fue reduciendo a sectores más duros, menos
propensos a la negociación. Este papel puede ser asumido por
Domingo Rangel, luz de su ministerio, izquierdista de los años
60, por Aristóbulo Istúriz, actual Ministro de Educación y por
Alí Rodríguez, actual presidente de la OPEP.

Las próximas semanas indicarán si las heridas del proyecto de
Chávez continúan sangrando y su muerte fue apenas aplazada o si
su capacidad de curar las heridas y dar nuevo oxígeno al
proyecto que lo llevó al poder hace tres años, perdió aliento,
quizá terminó, pero consiguió una prórroga. El marco
continental le es favorable, el precio del petróleo debe subir.
Será por lo tanto en el plano interno, en la capacidad de
organizar sus bases de apoyo, de dividir la oposición,
sancionando a los más directamente vinculados al golpe y
negociando con los otros, manteniendo el contenido de su
proyecto, envuelto sin embargo en un formato capaz de ganar
consenso conforme pasa el tiempo y no adversarios, como sucedió
en los últimos meses.

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