El 2 de julio de 2000 constituye una fecha histórica para el pueblo
mexicano: en una jornada cívico-electoral se dio fin a 71 años de gobierno
ininterrumpido de lo que hoy conocemos como Partido Revolucionario
Institucional (PRI). En estas elecciones destacó la alta participación de
la ciudadanía y un proceso que por vez primera estuvo en manos de
instituciones ciudadanizadas. Se exploraron las técnicas más modernas de
marketing político a fin de mantener el poder político seis años más para el
caso del PRI o para dar paso a la alternancia, en el caso del PAN y del
Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Estos tres partidos fueron quienes generaron expectativas de obtener el
triunfo desde 1997, cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas se convirtiera
en el primer Jefe de gobierno del Distrito Federal, elegido en las urnas.
El perredista surgido de la primera grave escisión del PRI en 1987, estuvo a
punto de alcanzar la Primera Magistratura al siguiente año, cuando ganó
Carlos Salinas de Gortari en una de las elecciones más cuestionadas por
fraude. En el mismo año de 1997, Vicente Fox, un empresario del Bajío de
México dio a conocer sus intenciones de aspirar a la candidatura a la
Presidencia por parte del PAN, partido en el cual inició su actividad
política al lado de Manuel J. Clouthier, también en la contienda de 1988.
En 1999 el PRI estrena mecanismos para designar a su candidato, esta vez,
por medio de elecciones indirectas, al estilo de las primarias de Estados
Unidos. Francisco Labastida resulta candidato tras ríspida contienda con
Roberto Madrazo Pintado. A pesar de los aires democratizadores en el PRI,
queda la sensación en la población de que la línea del Presidente de México
(y jefe nato del partido oficial) priva en esta decisión.

El Estado de la Revolución

Cárdenas, Fox y Labastida escenificaron una larga, larga campaña electoral
que culminó en el fin del régimen de partido único (o cuasi único). A casi
cinco meses de las elecciones, todavía no se acaban de dimensionar las
consecuencias que esto trae consigo. ?Transición a la democracia o
simplemente alternancia en el poder? Sin duda, México vive cambios
importantes de una cultura autoritaria a una democrática, aún cuando hay
mucho camino que recorrer. Revisando la historia mexicana, la posibilidad
de que un partido no emanado de la Revolución Mexicana acceda hoy a la
Presidencia es más que mera alternancia, es el fin de una época.

Pero recordemos a qué época nos referimos: la ruptura violenta del orden
impuesto por Porfirio Díaz dio lugar a una etapa de pacto social expresado
en la Constitución de 1917, en la cual se sentaron las bases para el
surgimiento del nuevo Estado de la Revolución Mexicana. “La Constitución de
1917 incorporó la idea de un Estado fuerte e intervencionista, que
eliminaría los privilegios de los monopolios extranjeros y las élites
nacionales, que afirmaría el control nacional sobre el territorio y los
recursos mexicanos y defendería los intereses de los grupos y las clases
subordinados” (1).

El sistema emanado de la Revolución Mexicana fue el capitalista con un
proyecto modernizante pero con prácticas de política tradicional. De
acuerdo con Héctor Aguilar Camín, el movimiento zapatista otorgó al Estado
una de sus vertientes populares, no liberales: el agrarismo. La otra
vertiente, el movimiento obrero, fue institucionalizado. Con ambas líneas,
el Estado obtuvo una sustentación clasista y popular, pero sin perder el
rumbo liberal.

El general Lázaro Cárdenas creó (de 1934 a 1940) un Estado fuerte sin
precedentes: un Estado interventor a través de un Presidente como centro
rector y aglutinador. Organizó e institucionalizó a la figura presidencial,
al partido oficial, al Ejército y a las clases políticas. Institucionalizó
al Partido Nacional Revolucionario (de 1929) y lo transformó en el Partido
de la Revolución Mexicana (hoy PRI) en relación muy estrecha con el
presidente. Pasó del caudillismo al presidencialismo con poderes casi
absolutos. Con el PRM surgieron las corporaciones de los sectores sociales
(campesino, obrero y popular), además de la coincidencia con los militares,
con lo cual se institucionalizó al movimiento de masas que se gestaba desde
los años veinte.
Todo esto dio cauce al movimiento político-social que más adelante serían
consideradas como las claves de la estabilidad del sistema político
mexicano. Claves que se convertirían en nudos históricos en el desarrollo
de México (de acuerdo a la tesis de Manuel Camacho Solís) y que en la década
de los ochenta provocaría pugnas entre la burocracia política y la naciente
tecnocracia.

Giro neoliberal

Este modelo experimentó sus primeros cambios radicales, hacia el
neoliberalismo, a partir de 1982, bajo la presidencia de Miguel de la
Madrid, seguido por Carlos Salinas y Ernesto Zedillo. Han sido 18 años de
políticas de ajuste estructural en México que han puesto fin a los pilares
de la Revolución mexicana como dan fe las reformas a la Constitución en
cuanto a la tenencia de la tierra, a los derechos laborales, relaciones
Estado-Iglesia, entre otras. El Estado nacionalista y fuertemente
interventor fue transformado por el mismo partido que lo vio nacer. Sin
embargo, la maquinaria perfecta del sistema político mexicano se fue
desajustando hasta derrumbarse luego de tres sexenios de un rumbo
prácticamente antinacionalista.

No deja de ser paradójico que el PRI pierde su batalla ante una persona -o
un grupo de personas- que enarbola las mismas políticas económicas
implementadas desde 1982 en México. En realidad, a últimas fechas en México
no hay mucha diferencia en el posicionamiento de los partidos políticos. So
pena de simplificar demasiado, podemos decir que el PRI era considerado un
partido de izquierda y se hizo de “centro izquierda” en el discurso, aunque
para muchos era de ya un partido de “centro derecha”. El PAN pasó de ser un
partido de derecha a uno de “centro derecha”. El PRD, que además de contar
con ex priístas tiene una corriente fuerte de tradición socialista y hasta
comunista, se describe como de “centro izquierda”. Es decir, estos partidos
se han disputado el centro, al menos más claramente desde los años ochenta,
cuando percibieron que los extremos alejaban a los electores.

El voto por el cambio

En México vivimos una crisis de partidos: el PRI se ha alejado de sus bases
tradicionales, el PRD se ha burocratizado en el poder y se aleja de sus
bases. El PAN no ha sido un partido de bases y en las recientes elecciones
federales se vio superado por el liderazgo de Vicente Fox, quien formó una
estructura paralela al partido, “Los amigos de Fox”. Ni Cárdenas ni Fox
cedieron ante las múltiples demandas ciudadanas de conformar una coalición
general de partidos de oposición. Para bien o para mal privaron los
intereses privados. El PAN se alió con el Verde Ecologista, mientras que el
PRD lo hizo con varios partidos más de “centro izquierda”.

En el ámbito de simpatías, Cuauhtémoc Cárdenas sufrió un gran desgaste en su
liderazgo luego de gobernar una ciudad tan complicada como la de México,
amén de la guerra de medios de comunicación de la que fue víctima. No
reflejó una propuesta moderna, no significó para muchos el cambio que México
anhela. Labastida, por más que hablaba del Nuevo PRI, jamás pudo quitarse
de encima la losa de un partido con rostro viejo y con prácticas
anquilosadas. En cambio Fox tuvo la habilidad de enarbolar un discurso
llano, sencillo, a veces hasta vulgar, moderno que le imprimió frescura en
su campaña y que logró atraer sobre todo a la juventud mexicana.

Fox, con su grupo, logró una gran eficacia en comunicación. Demostró que
con menos recursos económicos (comparados con los recursos del partido de
Estado) era posible derrumbar al gigante. Fue camaleónico, populista en
algunos momentos. Llegó a definirse de “centro izquierda” cuando lo
entrevistó La Jornada, periódico calificado de izquierda y más afecto a
Cárdenas y al zapatismo. Por cierto, en un ardid publicitario llegó a decir
que resolvería el conflicto en Chiapas en 15 minutos. Así logró romper la
censura gubernamental a su campaña. Así atrajo los micrófonos, siempre con
siete o más respuestas a la misma pregunta, según el auditorio al que se
dirigía.

Sin duda Fox recoge los frutos de lucha por la democracia en México que no
ha estado exenta de represión y muerte. También Cárdenas ha contribuido
fuertemente a ello. El levantamiento zapatista de 1994 a su vez, tiene una
enorme participación en esta transición que si vemos bien no ha sido tan
“pacífica” como se ha jactado. En el sexenio de Carlos Salinas más de 300
perredistas fueron asesinados. Antes, en los sesenta y setenta, la guerra
sucia contra los guerrilleros dejó un saldo de víctimas que hasta la fecha
se desconoce. El “control social” del corporativismo con un movimiento
sindical amafiado con el Gobierno ha impedido por décadas la democratización
real de la mayoría de los sindicatos, a través de componendas, rompiendo
huelgas, amenazas, crímenes, etcétera.

El 2 de julio pasado los mexicanos votamos por el cambio, algunos hicieron
caso del llamado foxista al “voto útil”. Otros, en cambio, preferimos
reivindicar la diversidad de partidos, aún cuando todos sean de “centro”.
El voto diferenciado se hizo notar, varios perredistas que votaron por sus
diputados o senadores otorgaron su voto a Fox. La lógica maniquea del
“bueno” y el “malo” resurgió, como ocurriera en 1988 entre Cárdenas y
Salinas, sólo que ahora el primero ya no fue el “bueno”.

Reacomodos

En este periodo largo, de cinco meses entre los comicios y la toma de
posesión, los grupos se reacomodan. Los poderosos cambian lealtades. Así,
pudimos observar que empresarios, gobernadores y líderes sindicales que
rendían pleitesía al PRI han desfilado por las oficinas de Fox. ?Quién iba
a decir que el sucesor de Fidel Velázquez (el nonagenario líder sindical),
Leonardo Rodríguez Alcaine, visitara los primeros días de su triunfo a Fox?
?Pluralidad política? Hace apenas unos días el también líder de la vieja
guardia se reeligió al frente del Sindicato Mexicano de Electricistas con
los mismos mecanismos de imposición que lo mantenido por 25 años en uno de
los sindicatos más poderosos. Justo cuando Fox ha dicho que abrirá la
participación de la iniciativa privada al sector energético, es que felicita
a Rodríguez Alcaine, eludiendo cualquier posición en cuanto a la elección
amañada.

Por otra parte, ?qué pasa con Fox cuando se da un dantesco fraude en Tabasco
en perjuicio del PRD? “Respetaré la autonomía de los estados”, responde.
En Tabasco, donde hay una fuerte extracción de petróleo, también en la mira
foxista para abrir ese sector a los empresarios. Ahí gobierna Roberto
Madrazo, aliado de Carlos Salinas y quien busca liderar al PRI. Un
gobernador del Sureste mexicano, por donde pasará uno de los grandes
proyectos no de Fox, sino de los intereses comerciales transnacionales, la
ruta “Puebla-Panamá”. Madrazo, del grupo de los Salinas y de los Hank
González, señalado por sus nexos con el narcotráfico y con fuertes
inversiones en Costa Rica.

Las mafias se reacomodan, como lo hace la Iglesia misma, que ve el fin de la
era de la censura y autocensura, luego de la guerra Cristera, escenificada
fuertemente en el Bajío, justamente de donde proviene Fox. Ahí, en esa zona
hay grupos de “ultra derecha”, que buscan acomodarse en el próximo Gobierno.
Hasta el momento hemos vivido una transición aceptable, como mencionara el
escritor Lorenzo Meyer. Sin embargo, algunos lo ven como el “ojo del
huracán”, cuando se toquen los poderes enquistados por décadas, pasará la
cola del huracán.

Un ejemplo de lo anterior lo tenemos ya en Chiapas, luego de que agentes
judiciales federales han detenido a presuntos paramilitares y han realizado
un cateo en el municipio de Chenaló. En este último acto hubo un
enfrentamiento con indígenas simpatizantes del PRI. De inmediato, el grupo
paramilitar Paz y Justicia ha amenazado a las comunidades desplazadas,
mientras que otros grupos también han expresado que impedirán la toma de
posesión del gobernador entrante, Pablo Salazar. La tensión crece en
Chiapas en el marco del relevo de poderes y a pesar de la propuesta de Fox
de enviar los Acuerdos de San Andrés como iniciativa de ley al Congreso el
primer día de actividades de su Gobierno.

La transición a la democracia en México no comienza ni termina con las
elecciones del 2 de julio de 2000. Se ha dado un gran paso, sin duda.
Quienes creemos en la democracia celebramos la derrota del PRI, pero sabemos
que falta mucho camino por recorrer. Sabemos que continuará el modelo
neoliberal, que se dará énfasis en la parte cultural y educativa (según
Heinz Dieterich), privatizando los servicios a universidades, otorgando
becas a alumnos más que financiamiento a las instituciones de educación. Se
derrumbarán los logros que quedan de pie con el constituyente de 1917:
educación y propiedad de los recursos naturales.

El siguiente Gobierno representa el cuarto momento de las políticas de
ajuste estructural en México, emanadas del Banco Mundial y del Fondo
Monetario Internacional, que han traído consigo 70 millones de pobres en
nuestro país. La verdadera democracia comenzará cuando se revierta esa
alarmante cifra, que más que cifra son niños, mujeres, hombres, jóvenes,
ancianos y ancianas que padecen hambre, enfermedades y muerte. No podemos
esperar mucho en esta materia de un solo hombre, no debemos tampoco hacerlo.

Vivimos el fin el una época, la post Revolución Mexicana, y daremos inicio a
una etapa nueva en la historia de México, en su tránsito a la democracia.
Para dar pasos en la consolidación de este cambio es necesario continuar con
el derrocamiento de un sistema presidencialista y, más que un sistema de
partidos requerimos de la verdadera participación de todos y todas los
mexicanos para construir el México que queremos. Suena imposible, así
parecía la derrota del PRI, hasta que dijimos ?ya basta!

1) AYALA ESPINO, José; et. al.; Estado y desarrollo. La formación de la
economía mixta mexicana (1920-1982). La industria paraestatal en México;
FCE; México, 1988; p. 79.