Hace buen tiempo que las ideas latinoamericanas están presentes en Europa a
través de la música, la pintura y la literatura; grandes exponentes de estas
artes, así como de la política, la diplomacia, del mundo empresarial y
estudiantil forman aquí una gran población. Hasta los años 60′ esta presencia
era sobre todo intelectual, el boom latinoamericano encontró eco en el público
europeo, y en los años 70′ llegaron los exiliados del cono sur que se
establecieron en distintos países. Es así como, en los últimos veinticinco
años, creció la población latinoamericana en este continente debido a
matrimonios celebrados con europeos, o de personas que vienen a buscar sus
raíces y conocer a sus parientes, a “vivir un rato” la cultura europea y las que
llegan a trabajar en la conocida “inmigración económica”.

Sin embargo, las estadísticas del reporte del SOPEMI (Sistema de Observación
Permanente de Migraciones) no registra un renglón especial para América Latina.
La cifra es mínima comparada a la de otros países de migración tradicional
hacia Europa. Es decir, no somos muchos, lo que pasa es que hacemos mucho
ruido. En los últimos cinco años, y sobre todo con el pretexto de la
celebración de los 500 años, Europa ha visto una serie de exposiciones, ferias,
ediciones de libros, discos y otras manifestaciones dedicadas a nuestras
culturas antiguas, así como de la cultura actual: museos, galerías, bibliotecas
y discotecas ofrecen excelentes muestras del ingenio latinoamericano.

Una oferta diferente

Actualmente, lo novedoso es la producción dedicada a la población
latinoamericana radicada en Europa; se publican guías, boletines, revistas,
periódicos y programas de radio hechos para consumo local. Un ejemplo es el
anuario de América Latina en Francia donde se registran tiendas de artesanía,
asociaciones, galerías, bares, grupos artísticos, cursos, bibliotecas,
restaurantes, prensa, radio, organismos financieros, comerciales e
internacionales y una lista de profesionales instalados en Francia que ofrecen
sus servicios al público.

Ya no es sorpresa caminar por las calles de Amsterdam, Berlín, París, Bruselas,
Londres o Estocolmo y encontrar restaurantes argentinos o mexicanos; poder
bailar son o merengue, ver la última película cubana o colombiana, comprar
boleros o salsa, ron en el supermercado, comer ají de gallina peruano y empezar
con un mojito o una margarita. Nuestros acentos se escuchan en el metro y en
los programas de radio local; en Bonn, incluso, se podrá encontrar revistas
dedicadas a jóvenes escritores radicados en Alemania. La comunidad
latinoamericana se reúne para jugar fútbol, bailar, comer, discutir la situación
en su país, organizar actos de solidaridad o caridad, en donde sacan a relucir
sus nostalgias y alegrías.

*Bélgica-Bruselas.

* Este documento es parte de “Latinoamericanas en Europa: desilución en la tierra prometida”, serie Aportes para el Debate
No. 3.

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