La profunda e irreversible crisis que sacude al régimen fujimorista sigue
inexorablemente su camino. Nadie puede dudar, salvo quizás las “utilísimas? que
integran la mesa directiva del Congreso tránsfuga, que Fujimori tendrá que dejar
el gobierno. Indudablemente se abrirá una transición política en la que se
modificarán las relaciones de poder establecidas durante el fujimorato.

El proceso, como es lógico, no asemeja un plácido “té de señoras” como algunos
ilusamente quisieran. Si el régimen autoritario, cívico-militar se instaló
mediante un golpe de Estado, en medio de turbulencias y múltiples violaciones a
todo: la legalidad y las instituciones imaginables, resulta absurdo pensar que
su fin y su posible desmontaje se dé libre de resistencias, convulsiones y
polvaredas. Es comprensible que ello asuste y confunda a algunos peruanos.
Pero es difícil aceptar que ello ocurra con políticos tan corridos como Fernando
Olivera, Lourdes Flores y ciertos sectores de la oposición democrática
parlamentaria.

4 puntos claves

Lo que hoy está sobre la mesa es simple. ¿Damos curso a una auténtica
transición democrática, integral, que desmonte el aparato dictatorial y corrupto
que Fujimori y Montesinos armaron durante 10 años, y que encare cambios de la
política económica y el modelo capitalista salvaje que ha fracasado
estruendosamente? ¿O caminamos a una transición tutelada, manipulada y
mediatizada, “pinochetista”, en la que el fuji-montecinismo reserva cuotas
claves de poder en el Estado, pacta políticas de borrón y cuenta nueva,
cogobierne y se mantiene agazapado para recuperar el poder?
Esta cuestión se define en función de 4 asuntos.

¿Quien conduce el proceso? Esto es fundamental. ¿Debe y puede Fujimori
conducir un proceso hacia elecciones democráticas? Nuestra respuesta es
directa: NO. Las razones son claras. Fujimori, asociado a Montesinos y la
cúpula militar que manejaron, es cabeza del aparato autoritario, centralista y
corrupto que sufrimos y rechazamos. Es, además, el arquitecto de la política
neoliberal, del capitalismo salvaje que ha destrozado la industria y el agro, ha
precarizado el empleo y los salarios, ha multiplicado el desempleo, y ha
extranjerizado los centros de decisión económica. ¿Va Fujimori a ir contra sus
intereses y sus concepciones? ¿Se va a auto condenar por la corrupción y los
crímenes de su régimen? NO.

Fujimori carece de legitimidad o autoridad moral para conducir este proceso.
Hijo del fraude, la trampa y la corrupción negoció junto a Montesinos la compra
de los tránsfugas. Así lo revelan sus declaraciones, el 4 de agosto, anunciando
que pronto llegarían a más de 100 oficialistas. Es de igual calaña que
Montesinos. Y ahora busca su legitimidad en el extranjero, con los
norteamericanos que apadrinaron a su socio Montesinos, en lugar de dar la cara a
los peruanos. ?Cómo puede Olivera apoyar ésto!

Por ello, Fujimori y su gabinete Salas-Boloña no pueden dar salidas ajustadas a
la “constitucionalidad” que algunos reclaman, pues son hijos de la negación de
la Constitución, del golpismo y el fraude. Peor aún, son tan débiles que han
cedido a todo lo exigido por su socio Montesinos y su entorno militar. ¿Qué
pueden garantizar al país? Nada. Un gobierno provisional, de emergencia
nacional, es indispensable para llevar adelante elecciones democráticas.

¿En qué espacios políticos se definen las alternativas? El Congreso está
descartado, visto como un esencia de la inmoralidad, desautorizado
políticamente. Así, 82% de los encuestados demandan un Congreso sin tránsfugas,
pero la reciente sesión del Parlamento se limitó a sancionar a Kouri con 120
días de suspensión, sin mencionar a los demás tránsfugas, ni a Montesinos y Cia.
Para colmo, lo hizo lavando la cara a Perú 2000, banda autora de la moción
votada unánimemente. ?Qué pérdida de brújula de algunos! El único espacio, a
pesar de sus problemas es el que promueve la OEA, debiendo los delegados de
partidos democráticos y los de la sociedad civil abrirse a otros sectores y dar
cuenta a un espectro más amplio que el que representan hoy.

¿Cuáles son los actores centrales del proceso? La movilización política de
masas, en calles y plazas, abrió paso a esta crisis y al proceso democratizador.
Fue la gente quien resolvió la falta de unidad y de dirección en el proceso
electoral que los dirigentes no pudieron resolver. ¿Cómo pueden algunos querer
desarmar su movilización y su acción, garantía central de la democratización
anhelada? Actores centrales son la gente, las organizaciones políticas y
sociales democráticas.

Finalmente, ¿cuáles son los contenidos de los cambios? Deben implicar el
desarme del aparato de la dictadura en las FFAA, Policía Nacional de Perú (PNP)
e Inteligencia, y la administración del Estado: Poder Judicial, Fiscalía, Junta
Nacional de Elecciones (JNE) y Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE),
Tribunal Constitucional, Congreso. Pero también hay que responder al trasfondo
del malestar de los peruanos: cambios en la política económica para abrir paso a
la justicia y al progreso que los peruanos reclaman con razón. Estas son las
claves del ser o no ser.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí