La muerte anunciada del real fuerte, llegó antes del tiempo previsto por
las condiciones del FMI. Ella sólo debía llegar cuando las reservas
alcanzaran 20 mil millones de dólares, hacia fines de febrero o inicios
de marzo, luego de la entrada en vigencia del famoso “ajuste fiscal” de
28 mil millones de reales. Sólo entonces, las autoridades monetarias
preveían iniciar la ampliación de la banda cambiaria para intentar
renegociar con el Fondo las metas del Acuerdo, que determinaba un
garrotazo de crédito líquido interno, de tipo currency board. En lugar
de eso, ocurrió un violento ataque a la moneda, a pesar de las altas
tasas de interés y del ajuste fiscal permanente, que acaba de incluir
entre sus víctimas a los jubilados. En poco más de una semana el real
sufrió una maxi devaluación que se aproxima al 40%.

El mercado estaba preparándose para el ataque definitivo al Real desde
le inicio de las negociaciones con el FMI, en octubre. Los banqueros
internacionales venían reduciendo aceleradamente sus prestamos a Brasil
y no renovando la deuda a corto plazo de la mayoría de las grandes
empresas y bancos brasileños. Tan pronto ingresó la primera parte del
préstamo comenzó el ataque para beneficiarse. En menos de un mes las
reservas brasileñas sufrieron una pérdida de 10 mil millones de dólares,
de los cuales, sólo en la semana del 11 al 15 de enero del año en curso,
llegaron a cerca de 5 mil millones. La fórmula de ampliación de la
banda cambiaria adoptada el día 13 duró menos de dos días y dejó al
ministro Malan con dificultades para explicar a las autoridades de
Washington el desastre que siguió. El intento de obtener un anticipo de
recursos del FMI, para hacer frente a la crisis cambiaria, no tuvo
éxito.

Las voces de la “razón”

Luego del entierro del real fuerte y de la renuncia de su demiurgo,
comenzaron, finalmente, a oírse las voces de la “razón” en la prensa
nacional e internacional, inclusive de columnistas que apoyan
sistemáticamente la política del gobierno. “Para evitar esta semana
(crítica), el gobierno hizo dos embates. Elevó el déficit público del 4
al 8% del PIB. También para evitar esta semana el gobierno amarró con
el FMI. Quedó peor y más débil de lo que estaba y terminó cediendo a
las presiones para modificar el cambio en una hora de crisis. (…) El
gobierno creyó que el Fondo y los países del G-7 estarían dispuestos a
mantener su apoyo incondicional a Brasil -aceptar todo el paquete de
ayuda externa como parte de las reservas e ignorar el límite inferior
estipulado en el programa. La crisis brasileña, afectará de tal modo la
economía mundial, que no habrá otra posibilidad que no sea pagar el
precio: algunos mil millones, para preservar billones”. (Míriam Leitao,
O Globo, 16/17.01.99).

La prensa internacional, después de anunciar desde octubre pasado que
Brasil era “la bola de turno”, reconoce la muerte oficial del real. El
Financial Times del 18 de enero proclama: “Desgraciadamente, el programa
acordado el año pasado con el FMI no restauró la confianza necesaria.
Las dificultades domésticas del gobierno tornaron inevitable el fracaso.
Ahora, con la confianza en el gobierno y su autoridad política
debilitada, el desastre puede manifestarse: colapso de la moneda; tasas
de interés disparadas; explosión de los déficit fiscales; deudas
impagas; monetarización y, finalmente, el regreso de la alta inflación.
Casi todo lo que el Plan Real obtuvo cayó. Esto no se necesita y no
debe ocurrir. Pero, para eliminar la amenaza, Brasil tiene que actuar.
El ajuste fiscal, excluyendo el pago de intereses, (enigma mío)
requiere ser mayor y más rápido de lo que se planeaba y es preciso
encontrar una ancla monetaria alternativa. O el país pasa a emplear un
currency board (…) o deben ser entregadas al Banco Central la
habilidad y la obligación de lograr una meta relativa a la inflación”.

La nota del FMI, firmada por Michel Camdessus, se limita a reiterar los
compromisos asumidos por Brasil: “Doy la bienvenida, en particular, a la
confirmación de que la política monetaria estará orientada a preservar
la baja inflación, el objetivo primordial del real. (…) También
felicito la reafirmación de la consolidación fiscal, como la prioridad
principal del gobierno brasileño, junto con medidas estructurales y
privatización, que son parte del programa acordado con el Fondo”.
Léase: apresúrense con el alza de impuestos y con los 25,7 mil millones
de reales de la privatización, comenzando por los 15 mil millones
prometidos hasta el fin del segundo trimestre.

El espejismo del ajuste fiscal

En realidad, el equipo económico perdió varias oportunidades de
devaluación controlada, como algunos economistas de tendencias diversas
recomendaron. Abril de 1998 fue, sin duda, una de ellas por el lado de
las reservas. En mayo, el propio mercado intentó forzar la devaluación
negándose a aceptar títulos prefijados y desde allí la deuda está
indexada a los intereses y al dólar. Por esta razón ambos tienen que
subir igualmente, al contrario de la opinión difundida de que la
devaluación abrirá espacio para una rebaja continua de los intereses.

La gravedad del desequilibrio patrimonial y financiero de la Unión puede
ser evaluada por las siguientes estimaciones: con la devaluación del 42%
en el cierre del 21 de enero, el valor en reales de los pasivos externos
de la Unión subió a más de 60 mil millones, incluidos en él la deuda
externa líquida, los títulos cambiarios y la posición vendida del Banco
Central en el mercado de cambio futuro. El servicio de la deuda pública
externa, estimado en 6.8 mil millones de dólares, corresponde ahora a
casi 10 mil millones de reales. Suponiendo una tasa de interés de 33%
-equivalente al promedio de los nuevos trechos fijados por el Banco
Central- el costo de rodaje de la deuda interna mobiliaria en el mercado
alcanzará, en un año, más de 80 mil millones de reales.

Como se ve, el ajuste fiscal sigue siendo un espejismo cada vez más
lejano. El déficit nominal que estaba en 8% del PIB ya sobrepasó el 10%
en apenas dos semanas. La caída del PIB, que estaba prevista por los
analistas internacionales de entre 2% y 4% es ahora de tamaño
imprevisible. Nadie se arriesga aún a calcular el aumento del desempleo
que resultará de la recesión, para no hablar de quiebra de bancos y
empresas, crecientemente sin condiciones de renovar sus créditos en
dólares y en reales.

Las reservas bancarias en dólares se están deslizando, la fuga de
capitales continúa, luego de la libre fluctuación, con un promedio de
340 millones de dólares por día. El alza de la banda de interés no
estabiliza los mercados futuros, apenas agrava las expectativas
inflacionarias y de moratoria generalizada. En verdad, estamos
cediendo, una vez más, a las “pirañas” nacionales e internacionales, e
invitándolos a ganar, en cantidad y tiempo, en el arbitraje de tres
terrenos minados, los mercados futuros de intereses, el cambio y la
bolsa de valores. Mientras aprovechan de las fluctuaciones diarias para
la realización de lucros especulativos, esperan ganar más aliento con la
carnada fresca, la más apetitosa de las cuales parece ser la rápida
privatización de Petrobrás (estatal petrolera), a través de su
desmantelamiento para facilitar la venta.

Tan sólo falta adoptar la dolarización de la deuda interna, siguiendo
los consejos del Dr Carvallo, el autor de los Bonex (títulos de la deuda
argentina en dólares) y del currency board argentino, provocando una
estafa peor que la del gobierno Collor. Ahí, diríamos adiós a cualquier
hipótesis de desarrollo y Estado nacional.

Moratoria soberana

La moratoria técnica está en el horizonte a corto plazo, en la medida en
que nos aproximamos del límite de los 20 mil millones de dólares de
reservas acordado con el FMI. Antes que el FED (Banco Central de los
Estados Unidos) pase a administrar directamente nuestras reservas, para
impedir la devaluación de los activos de los grandes bancos
internacionales, deberíamos proclamar nuestra moratoria soberana y
reasumir el control de los destinos del país a través de la
renegociación directa de la deuda.

Esta fue la advertencia que recibimos del ex-ministro Celso Furtado,
quien, desde la semana pasada, está intentando romper el bloqueo de la
gran prensa brasileña, que finalmente fue roto por la Folha el jueves 21
de enero. Endoso la opinión del ilustre hombre público y maestro de
varias generaciones. Para la salvación de nuestro destino como Nación
es necesario presionar por una moratoria soberana y denunciar firmemente
el acuerdo vergonzoso con el FMI que una abrumante mayoría de los
senadores de la República aprobó, sin leer, cuando se apagaron las luces
de 1998.

*María da Conceicao Tavares es economista, diputada federal por el
Partido de los Trabajadores (PT)