El problema de la deuda publica y privada de los países periféricos es el
principal escollo para superar la crisis internacional. Los países pobres se
encuentran atrapados en un circulo vicioso que les impide salir del
subdesarrollo.

El sistema del endeudamiento es un mecanismo de subordinación de los pueblos
y de los Estados de la periferia respecto al centro simbolizado por el grupo
de los siete países más industrializados (G7). Es un mecanismo de
subordinación que implica una pérdida de soberanía. Es también un formidable
mecanismo de transferencia de las riquezas producidas por los pueblos de la
periferia a favor de la acumulación del capital principalmente localizado en
los países más industrializados y subsidiariamente en los países de la
periferia.

Desde 1997, ha estallado una nueva crisis de endeudamiento de los países de
la periferia debido a tres razones: La bajada de las rentas de la
exportación; aumento de las tasas e interés sobre los nuevos préstamos y
disminución de los flujos de capitales del centro hacia la periferia.

Esta crisis se prolongará ciertamente en los primeros años del siglo XXI.
Sus desastrosos efectos se añaden a los producidos por la crisis precedente.

¿Cuáles son las consecuencias de la nueva crisis de la deuda? ¿Qué
soluciones?

Las propuestas del G7, del FMI y del BM

Jefes de Estado del G7, ministros de finanzas y de economía, dirigentes del
FMI y del BM, todos han hecho propuestas en lo que concierne a la deuda de
los países más pobres. ¿Cuáles son?

Hay tres grandes categorías de detentadores de la deuda externa en los países
de la periferia: las instituciones multilaterales (principalmente el FMI y el
BM), el sector privado (bancos, fondos de pensiones, mutual funds, …) y los
Estados (se trata principalmente de los Estados más industrializados). Los
miembros del G7 no contemplan en ningún caso una anulación de las deudas
debidas al FMI y al BM. Sin embargo, en la aplastante mayoría de los países
del Africa subsahariana, la deuda debida al FMI y al BM oscila entre 30 y 75%
de la deuda externa total. El FMI y el BM no renuncian nunca a un crédito.
El esfuerzo máximo que consienten, consiste en crear un fondo (llamado trust
fund o fondo fiduciario) alimentado por los países miembros y del que el FMI
y el BM sacan el dinero que correspondería al reembolso.

En lo que concierne a la deuda externa detentada por las instituciones
privadas de los países más industrializados, ningún jefe de Estado propone
medidas de anulación. Sin embargo, más del 50% de la deuda de los
principales países de América Latina y de Asia del Sureste están en manos de
instituciones privadas (bancos, fondos de pensión, mutual fonds).

Las medidas de anulación eventuales no conciernen más que a las deudas de
Estado a Estado. Desde 1996, se ha hecho mucho ruido en lo que concierne a
una anulación posible que llegara al 80% (opción tomada por el G7 en junio de
1996 en Lyon), en Colonia, en junio 1999, se habló del 90%, Bill Clinton
prometió en septiembre 99 un 100%, el gobierno británico hizo lo mismo el 26
de Diciembre 99. En realidad, estas medidas llegarán a reducir de un uno por
ciento (1/100) la deuda del conjunto del Tercer Mundo. Nada más.

¿De qué se trata en realidad?

Los países que reúnen estas condiciones son muy poco numerosos: citemos
Uganda, Mozambique, Bolivia… ¿Qué significa para ellos la anulación de la
deuda de Estado a Estado que pueda llegar al 90% (incluso 100%)? No se toma
en consideración más que la deuda debida antes de todo reescalonamiento. Sin
embargo, en general, los países endeudados han negociado reescalonamiento de
las deudas a partir de 1985 (o antes). Tomemos un ejemplo teórico. Un país
africano X debe 3.000 millones de dólares, 2 mil millones al BM y al FMI, 800
millones de dólares se les deben a países miembros del Club de París, 200
millones a bancos privados del Norte. Para calcular el montante que será
eventualmente anulado, no se toma en consideración más que los 800 millones
de deudas al Club de París. De estos 800 millones, no se toman realmente en
consideración más que el montante que era debido antes de cualquier
reescalonamiento. Consideremos que el primer reescalonamiento tuvo lugar en
1985, año en que la deuda considerada se elevaba a 300 millones. Admitamos
que se aplica el máximo de anulación hecho posible por los acuerdos del G7 en
Lyon en 1996, es decir el 80%. Se anulará en el mejor de los casos 240
millones. ¿Cuál será el porcentaje real de deuda anulada?: 240 millones de
anulación sobre un total de 3 millardos, lo que hace el 8% de anulación. Si
se llevara al 90% la tasa de anulación, se conseguirían 270 millones de
anulación, es decir una reducción real de la deuda del 9%. Si se anulan 100%
(es decir 300 millones), al final la reducción llegará a 10% de la deuda
externa de aquel país. Teniendo en cuenta que los precios de los productos
exportados por este país están a la baja, la anulación no constituirá ni
siquiera una disminución real.

El presidente Clinton propuso a fines de setiembre 1999 al Congreso condonar
los préstamos otorgados por su país a 36 de las naciones más pobres del
mundo.

El monto en juego, escasos 1000 millones de dólares en cuatro años, significa
menos del 1 por mil (o sea el 0,1%) del presupuesto militar de los Estados
Unidos en igual período.

Por otra parte, esos 1000 millones de reducción representan el 0,05% de la
deuda externa total del Tercer Mundo, que oscila actualmente en unos 2030
billones de dólares (según el Banco Mundial, Global Development Finance 1999,
Washington), monto que no incluye la parte correspondiente a los países del
ex-bloque del Este.

Las propuestas de la campaña Jubileo 2000

Los iniciadores de esta campaña piden la anulación inmediata de la deuda
impagable de los países pobres endeudados. La deuda de los países en
cuestión se eleva a alrededor de 300 millardos de dólares (es decir más o
menos el 15% del conjunto de la deuda externa de los países del Tercer
Mundo). ¿Qué parte es impagable? Los iniciadores de la campaña avanzan
ciertos criterios pero a fin de cuentas, los montantes no llegan a
precisarse. Los iniciadores no exigen el freno de los programas de ajuste
estructural. No mencionan tampoco la cuestión de los bienes mal adquiridos
puestos a buen recaudo por los ricos del Sur en los países más
industrializados. En definitiva, manifiestamente, la plataforma de
reivindicaciones de Jubileo 2000 no está a la altura del problema de la deuda
del Tercer Mundo. Sin embargo, esta campaña, por primera vez en 10 años, ha
relanzado una reflexión y una acción sobre la problemática de la deuda
externa a un nivel muy amplio. En el interior de Jubileo 2000, campañas
nacionales, regionales y continentales han radicalizado los objetivos
iniciales: la coalición Jubileo 2000 del Africa austral exige la anulación
total e incondicional de la deuda externa de los países de la región (que
denuncian como deuda del apartheid).

Rechaza igualmente la iniciativa del BM y del FMI para los países pobres y
pide el freno de las políticas de ajuste (Declaración de Johannesburg, el 21
marzo 1999).

La campaña Jubileo 2000 en América Latina amplía la demanda de anulación de
la deuda externa a todos los países del continente (mientras que la
plataforma mundial Jubileo 2000 no se lo planteaba más que para los países
más pobres) y va más allá del término “deuda impagable”; añadiendo la
necesidad de anular la deuda inmoral e ilegítima (Declaración de Tegucigalpa,
27 enero 1999). La campaña francesa Jubileo 2000 pide: “anular total e
inmediatamente la deuda de los países pobres muy endeudados”; rechaza los
planes de ajuste estructural y propone además “recuperar el dinero desviado
para fines personales y colocado en el extranjero por ciertos dirigentes de
países endeudados”.

¿Cuáles son las propuestas de numerosos movimientos sociales de los países de
la Periferia y del movimiento ATTAC y del CADTM?

La plataforma del movimiento ATTAC internacional -Asociación para la Tasación
de las Transacciones financieras para la Ayuda a los Ciudadanos- apoya: “la
reivindicación de la anulación general de la deuda pública de los países
dependientes y la utilización de los recursos liberados a favor de las
poblaciones y del desarrollo duradero, lo que muchos llaman el pago de la
deuda social y ecológica” (Plataforma adoptada los días 11 y 12 de diciembre
de 1998). En Brasil, el Movimiento de los Sin Tierra (MST) pide en su
programa de urgencia: “la interrupción de la sangría de divisas,
principalmente por el control de los movimientos de capitales y la suspensión
del pago de la deuda externa; el rebaje de las tasas de interés y el
establecimiento de una moratoria para la deuda interna; la ruptura del
acuerdo con el FMI” (Intervención del MST en el encuentro internacional del
CADTM, 12-13 marzo 1999).

El CADTM por su parte defiende la misma reivindicación que ATTAC
internacional, a saber, la anulación general de la deuda pública de los
países dependientes y la utilización de los recursos liberados a favor de las
poblaciones y del desarrollo duradero. El CADTM añade que esos recursos
liberados deben entrar en un fondo de desarrollo nacional controlado por los
movimientos sociales de la periferia. Este fondo debe ser alimentado con
recursos suplementarios, por la retrocesión a los países concernidos de los
haberes mal adquiridos que tienen en el Norte los ricos del Sur (lo que
implica la apertura de investigaciones internacionales por ejemplo sobre los
haberes de la gente del entorno de Mobutu). Habría que añadir a ello
transferencias de los países más industrializados hacia los países
dependientes para indemnizarles del robo del que han sido (y aún son)
víctimas. En este sentido, el CADTM apoya la propuesta de tasa Tobin. Para
obtener la realización de tales propuestas, es necesario un poderoso
movimiento ciudadano a nivel mundial y de un frente de los países endeudados.

A nivel de las condiciones objetivas necesarias para pensar un mundo mejor la
anulación de la deuda externa juega un papel fundamental, pero ¿realmente es
posible alcanzar su anulación o es solamente una consigna de dirección
política?

Es factible y es alcanzable técnicamente. Es factible porque la deuda
externa del Tercer Mundo representa una parte marginal de las deudas a nivel
mundial (que alcanzan 37 mil billones de dólares), es decir, anular estas
deudas no pone en peligro el sistema financiero.

La movilización popular obligará a los gobiernos a buscar el camino de la
anulación de la deuda

Lograr una correlación de fuerzas contra el pago de la deuda, implica
movilizar realmente grandes partes del pueblo.

Sugiero la conformación de un frente internacional contra el pago de la deuda
externa para llegar después a anularla, pero por lo menos repudiar, no pagar
en este momento, eso fue lo que ocurrió en los años ’30 en América latina.

* Eric Toussaint es presidente del Comité para la Anulación de la Deuda del
Tercer Mundo y Miembro del Consejo Científico internacional de ATTAC.