Un total de 320 delegadas de 89 países de América, Asia, Africa y Europa,
unieron en Río de Janeiro sus opiniones y experiencias para rechazar la
globalización, por los efectos negativos de ésta en el mercado laboral,
especialmente para las mujeres, y pidieron erradicar la discriminación en
todos los ámbitos, incluido el sindical.

Las más de tres centenares de delegadas protagonizaron la 7ma. Conferencia
Mundial de la Mujer, que se realizó entre el 18 y 21 de mayo pasado,
patrocinada por la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales
Libres (CIOSL). En los distintos niveles de debates y discusión, la
globalización y la reciente crisis financiera internacional (entendida como
un efecto de la primera) ocuparon parte de la agenda.

La CIOSL y nosotras, las mujeres, venimos advirtiendo desde los años 80 sobre
los efectos negativos de una apertura comercial indiscriminada; necesitamos
una plataforma de acción, en este fin de siglo, ante la globalización”, dijo,
en la primera intervención de toda la conferencia la canadiense Nancy Riche,
quien está al frente del frente femenino de la confederación.

La brasileña María Ednalva Bezerra, dirigente de la Central Unica de
Trabajadores (CUT), quien dio la bienvenida a las delegadas extranjeras,
recalcó que la globalización ha provocado más exclusión, y son las mujeres las
más afectadas. En el caso de Brasil, la crisis trajo más desempleo y este es
mayor aún entre las mujeres del país más grande de América Latina.

Bill Jordan, secretario general de la CIOSL, abordó otro aspecto que también
marcó a la cita, la discriminación, que persiste en un momento “en el que
nunca fue tan importante, como ahora, la vanguardia de las mujeres”. Recordó
que de los 124 millones de afiliados a la confederación en todo el mundo, 37
millones son mujeres.

Tenemos un mundo donde hay una brecha entre hombres y mujeres. Del total de
desempleados en el mundo, el 70 por ciento son mujeres; hay mil millones de
personas analfabetas en el mundo, de las cuales dos terceras partes son
mujeres. Estas cifras demuestran que estamos en una fase inaceptable de
desigualdad en el último año del siglo XX. La igualdad constituye una de las
grandes prioridades de la CIOSL ahora y lo será en la agenda del próximo
milenio”, puntualizó Jordan.

Esta lucha por la igualdad es tanto en el mercado de trabajo como en el seno
de las propias entidades sindicales, como reconociera el panameño Luis
Anderson, secretario de la Organización Regional Interamericana de
Trabajadores (ORIT), cuya sede está en Caracas.

La figura principal en el inicio de la conferencia fue precisamente una mujer
no sindicalista: la premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú. “La
globalización es un proceso, sólo sabemos de donde partió, desconocemos a
dónde llegará”, dijo.

Llamó a las mujeres sindicalistas de todo el mundo, presentes en Río de
Janeiro, a “apropiarse” de la globalización “para transformarla y convertirla
en un instrumento para el bienestar de la humanidad”.

Las maquilas centroamericanas

Si bien en la conferencia se presentaron testimonios y datos de todo el
planeta, un capítulo importante en ese volumen de explotación y violaciones
a los derechos laborales, especialmente contra las mujeres, lo constituyen las
llamadas “maquilas” en Centroamérica, que ya tuvieron un “laboratorio” en
México en la década de los años 80.

Según un documento elaborado por la CIOSL, las maquilas además de asentarse
en las zonas libres de impuesto, para producir y exportar a menor precio,
tienen como base principal “la mano de obra barata”.

En Centroamérica, las maquilas ofrecen unos 250.000 puestos de trabajo, de los
cuales el 90 por ciento es ocupado por mujeres, que tienen “condiciones
deplorables” en los centros donde laboran.

Bajos salarios, contratos temporales, excesivas horas extras y discriminación
contra las embarazadas, son algunas de las imposiciones de estas empresas
instaladas en una especie de “tierra de nadie”, con el aval oficial en cada
uno de los países. Las más serias violaciones ocurrren en Guatemala, Honduras
y El Salvador.

La CIOSL indica que “según la organización guatemalteca Unsitragua, las
violaciones de los derechos humanos y laborales en Guatemala donde el 40 por
ciento de las trabajadoras son menores de 18 años- está creciendo todo el
tiempo en las maquilas, sobre todo en las de origen coreano”. En El Salvador,
las cerca de 1.000 empresas exportadoras establecidas bajo esta figura, dan
unos 90.000 puestos de trabajo, de los cuales entre 80 y 90 por ciento es
ocupado por mujeres de entre 15 y 30 años.

“Aprovechándose del alto índice de desempleo y de la gran pobreza, que hacen
imposible otras opciones para los jóvenes, las empresas imponen condiciones
de trabajo muy duras”, entre las cuales figuran una prueba de embarazo antes
de la contratación, el despido de toda embarazada, así como a las mayores de
30 años.

Mujeres, sindicalismo y nuevo milenio

El análisis de la coyuntura internacional, con la óptica femenina, apuntó a
la necesidad de organizar en sindicatos a las mujeres que trabajan en
condiciones de ilegalidad e informalidad, verdaderas “víctimas de la
globalización” con la posibilidad vetada de acceso a los derechos laborales,
en un mundo donde en general la CIOSL reconoce una disminución en la tasa de
sindicalización.

Con el proceso de la globalización, la organización sindical disminuyó.
Nuestro desafío hoy es encontrar una manera que permita organizar el trabajo
informal, que es el que más crece y concentra a un mayor número de mujeres.
La labor femenina hoy es de baja calidad. Logramos más trabajos, pero ahora
necesitamos conseguir que sean mejores”, expresó la brasileña Nair Goulart,
vicepresidenta del comité femenino de la confederación.

Las “maquilas” tienen como escenario principal a Centroamérica y Asia y, según
Goulart, además de las mujeres, también son explotados menores en esas
fábricas, subsidiarias de grandes firmas internacionales como “Nike, All Star
y Gap”.

“En las maquilas, por ejemplo, la mayoría de los trabajadores son mujeres, que
no tienen derecho a organizarse sindicalmente, tienen una jornada laboral
extremadamente larga, no tienen derechos sociales y a veces ni siquiera un
baño a donde ir mientras están trabajando”, aseguró Goulart.

Para la líder sindical brasileña, un problema del nuevo milenio es la
reducción del poder de los sindicatos, por parte de los gobiernos, a través
de la recesión y altas tasas de desempleo en los países. “En Argentina ya pasó
eso, en México está pasando y en Brasil lo vamos a vivir”, señaló Goulart,
para quien otro desafío que enfrentan las mujeres es “quebrar el dominio
masculino en los sindicatos”.

El caso brasileño

La realización en Brasil, por parte de la CIOSL y las centrales brasileñas,
de la 7ma. Conferencia Mundial de la Mujer sirvió para debatir algunos
aspectos concretos del mundo laboral y el papel de la mujer en el mayor país
latinoamericano.

El documento central de la CIOSL en la conferencia, por ejemplo, resaltó que
“la legislación laboral de Brasil es una de las más avanzadas que existen en
América Latina para las mujeres”. Pero esto a su vez ha desecandenado el
prejuicio, entre los patronos, de que la mujer es “muy cara”, por el costo que
significan los períodos de embarazo y maternidad.

“Las mujeres de los movimientos femeninos y los sindicatos lucharon muy
duramente para lograr que los nuevos derechos fueran reconocidos uno por uno
en la nueva constitución de 1988. Dicha constitución realmente cambió el
derecho familiar en Brasil”, recordó Jacqueline Pitanguy, directora de CEPIA
(Ciudadanía, Estudios, Investigación, Información y Acción).

“Conseguimos sacar la idea de que el hombre es el jefe de la célula familiar.
Ya no necesitamos una libreta de casamiento para que se nos considere una
familia (por lo caro del matrimonio muchos viven en concubinato. Avanzamos en
relación a los derechos de las campesinas que, hasta entonces, no disponían
de los mismos beneficios sociales que las trabajadoras urbanas y obtuvimos
también algunos derechos para las empleadas domésticas. La licencia de
maternidad pasó de 3 a 4 meses y se instauró por fin un permiso de paternidad
de una semana de duración. Conseguimos también que se reconociera el papel del
Estado con relación a la violencia doméstica, lo cual ha permitido crear
comisarías especializadas para los casos de violencia doméstica y sexual”,
explicó, de forma amplia, Pitanguy.

Todo esto si bien constituye un motivo de orgullo para el movimiento de
mujeres y sindical de Brasil, es sólo una plataforma para las nuevas luchas.
En la propia conferencia se dieron a conocer algunos resultados de una
investigación ordenada al Departamento Intersindical de Estudios Socio
Económicos (DIEESE), que revelan la persistente desigualdad laboral.

En la actualidad las mujeres suman el 40,4 por ciento de la Población
Económicamente Activa (PEA). Las trabajadoras tienen un mayor nivel de
escolaridad (ocho años de estudios completos) que los hombres (38,2 por ciento
contra 30,4 por ciento), pero los salarios son más altos para los hombres (2,9
dólares la hora) que para las mujeres (2,2 dólares). Al cruzar las variables
raza y género, las mujeres negras perciben sólo 1,2 dólares por hora y los
hombres blancos están por encima del promedio con 3,6 dólares.

En São Paulo, el corazón industrial de Brasil, apenas un 13 por ciento de los
cargos ejecutivos son ocupados por mujeres. En general, en la industria
brasileña las mujeres ganan un 56 por ciento del salario que recibe un hombre
por la misma función, mientras que en el sector de servicios perciben un 70
por ciento.

Con estos datos en la mano, la diputada Rita Camata, del Partido del
Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) dentro de la coalición gubernamental-,
presentó y logró que el pasado 4 de mayo la Cámara del Senado le diera una
primera aprobación a una ley que prohíbe cualquier tipo de discriminación
contra la mujer tanto en la contratación, como en la remuneración, la
promoción y la calificación. Aún le restan otros pasos en el Parlamento
bicameral y, luego, lo más importante, no dejar que sea letra muerta.

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