En el esfuerzo por ganar tiempo mientras transcurren unas pláticas de paz que no
convencen a nadie -empezando por su actor central- tanto el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) como el Gobierno Federal han llevado a cabo una serie de acciones inscritas en
diferentes lógicas. En efecto, mientras el gobierno federal ha presionado militarmente en coyunturas
claves -algunas veces de las cuales ha coincidido con acciones políticas del EZLN-, éste ha
apostado más a la vía pacífica.

En tal contexto se inscribe la iniciativa de constituir el Frente Zapatista de Liberación Nacional
(FZLN), la cual se remonta a enero de 1996 cuando el EZLN dio a conocer la Cuarta Declaración
de la Selva Lacandona. Vale recordar que fue producto de los resultados que arrojó la Consulta
Nacional por la Paz y la Democracia de agosto de 1995, donde uno de los mandatos de la sociedad
civil participante en ella fue, justamente, crear una nueva fuerza política, independiente de las ya
existentes.

Es menester también señalar que es el tercer intento del EZLN por organizar a la denominada
sociedad civil -le precedieron la Convención Nacional Democrática (CND) y el Movimiento para la
Liberación Nacional (MLN)-, y es, sin duda, el más importante de ellos tanto por su contenido, el
tipo de convocatoria que hace, como por sus fines y, además, la coyuntura pos-electoral en que se
plantea su Congreso fundacional donde participarán 1.111 indígenas zapatistas de Chiapas. Como
veremos, por algunas de tales razones es, por cierto, bastante polémico; pero si algo, de entrada,
podría definir globalmente el más reciente intento zapatista es su carácter nacional y la búsqueda de
una dimensión nacional para su lucha, que ya tiene, de hecho, pero, dicen sus propulsores, con
incidencia en lo local y lo regional.

Como una iniciativa de paz fue calificada la construcción del Frente en su momento, y como una
propuesta para preparar el paso de una organización armada y clandestina a una organización
pacífica, civil y democrática.

Críticas y elogios

Tras el llamado a constituir el Frente hace más de un año, las bienvenidas y las críticas no se
hicieron esperar. Las primeras saludaban la probable conversión del EZLN en una fuerza política
que, eventualmente, contendiera en las elecciones como cualquier otro partido. Las segundas, se
concentraron básicamente en dos cuestiones, a saber, la concepción zapatista sobre el poder y los
partidos, así como la relación que dicha fuerza y el EZLN tendrían con los partidos. Antipartido,
autolimitante, suicida y falto de horizonte, una vacilada, una tomada de pelo la idea de los
zapatistas de no buscar el poder y convocar a quienes no buscan cargo de elección popular alguno;
contradictorio, sostener que se quiere la vía política, al tiempo que se es un Ejército, fueron
algunos de los muchos comentarios adversos que recibió la propuesta.

Más recientemente, la Comisión Nacional Organizadora del FZLN procede, ante todo, definiendo
la existencia de dos proyectos de Nación en México, a saber, el de la inmovilidad, que es el del
Poder, y el del Movimiento. El primero implica la destrucción de la Nación… niega nuestra historia
y raíces, vende la soberanía… impone un programa económico que solo consigue ganancias en la
desestabilización y la inseguridad de todos los ciudadanos; el segundo, en cambio, busca la
reconstrucción de la Nación mexicana de la única forma posible, es decir, de abajo hacia arriba;
recupera historia y raíz de nuestro pueblo; defiende la soberanía; lucha por una transición a la
democracia que no simule un cambio sino que se haga proyecto de reconstrucción del país; lucha
por un país que tenga la verdad y el mandar obedeciendo como norma del quehacer político; lucha
porque la democracia, la libertad y la justicia sean patrimonio nacional, lucha porque el diálogo, la
tolerancia y la inclusión construyan una nueva forma de hacer política (Exposición de Motivos y
Declaración de Principios, p 1).

Al plantear así la problemática -vale decir: al reducirla así-, el FZLN camina al estilo de la vieja
izquierda, para quien el mundo era divisible en dos grandes clases sociales, la misión de una de las
cuales era luchar en contra de y someter a la otra. Sin embargo, políticamente hablando la
estrategia mencionada persigue un fin implícito: convocar, de nueva cuenta, a los más amplios
sectores sociales, a todos aquellos que han sido dañados por el Poder. Aunque ha recibido muchas
críticas la conceptualización que del Poder han hecho los zapatistas, no deberíamos perder de vista
su eventual efectividad política resultante, al considerar ellos a la sociedad civil como la parte más
importante del proceso político e incluirla en el proceso de discusión y toma de decisiones.

Asimismo, y en concordancia con lo anterior, el FZLN insiste en que el vanguardismo y la lucha
por tomar el Poder o por mantenerlo ha definido una forma de hacer política y, por tanto, si esa
premisa de acción se cambia, es decir, si no se busca la toma del Poder, se podría generar una
nueva forma de hacer polí tica. Así, por ejemplo, el papel del Frente sería no luchar por transformar
las relaciones sociales de producción, sino por crear las condiciones necesarias para que la mayoría
decida si cambia o no esas mismas relaciones sociales de producción (Elorriaga, Este Sur, mayo 26
de 1997, p. 16). Los ecos del viejo lenguaje persisten, como puede verse, pero matizados ahora
inteligentemente con dosis de la democracia directa que ha perdido mucho terreno frente a la
vorágine de la democracia liberal.

Y es esto, insistimos, lo que el FZLN pretende recuperar y fomentar, la participación activa de la
sociedad civil en la caracterización de temas y problemas centrales para la vida común, así como en
la toma de decisiones.

Autonomía y vía política

Lo cierto es que el EZLN se ha deslindado a si mismo y ha deslindado al Frente tanto de los
partidos como de otras organizaciones armadas, además, por supuesto, del Estado Mexicano, las
iglesias y de cualquier otro Estado en el mundo: su vía es poli tica, no obstante que mantenga las
armas. Contra todas las críticas por incoherencia que se han hecho, cabe preguntarse honestamente
¿por que habría el EZLN de deshacerse de las armas antes de que el gobierno federal cumpla sus
demandas, o cuando, justamente, éste hace todo lo posible por no cumplirlas?

Loable es, no obstante, que aún bajo las peores condiciones en que se ha encontrado el diálogo, el
EZLN insista en la vía política, y sea el FZLN su más reciente expresión. Respetable además es
que, por mandato de sus propias bases sociales, ha decidido no vincularse a otras organizaciones
armadas, mientras no se agote la vía poli tica por la cual ha optado desde 1994.

Otra peculiaridad del Frente es que convoca a que de manera individual se ingrese y se participe en
el mismo; aunado a ello, que, esta vez y a diferencia de las anteriores experiencias, los convocantes,
amén del EZLN como organización, son personas concretas, a saber el Subcomandante Marcos y
Javier Elorriaga. Como ser recordará, también la Cuarta Declaración de la Selva Lacandona hizo
énfasis en que la construcción del FZLN sería con base en el EZLN. Todo ello hace pensar que los
zapatistas están previendo evitar, por un lado, que el Frente devenga en las pugnas internas que
padeció, dividió y le quitó la vida a la CND; pero, asimismo, pareciera que conservar una completa
autonomía frente a organizaciones y partidos, permitirá al Frente participar políticamente con
más ventajas -mejor definición política, mayor capacidad de convocatoria y, por ende, mayor poder
de negociación, entre otras- que no se tienen en ausencia de aquella, y de hecho el reconocimiento
de las limitaciones propias lleva muchas veces a rechazar la autonomía propia. Esto podría explicar
porque, en principio, por mínimo que sea el número de personas que se desprenden de una
organización o un partido para constituir algo nuevo y diferente, en general lo hacen
autónomamente, lo que no quiere decir que estén cerrados a alianzas y coaliciones futuras.

Al respecto, el Comité Clandestino Revolucionario Indígena – Comandancia General (CCRI) del
EZLN se deslindó tajántemente de toda vinculación habida y por haber con el Frente Amplio para
la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional. Las declaraciones de éste en el sentido de
que se reuniría con representantes del FZLN fueron calificadas de franco oportunismo, en virtud
de que pretende hacer lo contrario a lo propuesto por los zapatistas, a saber, capitalizar en beneficio
propio la actividad de la sociedad civil y de organizaciones sociales y políticas. El FAC-MLN, por
su parte, ha respondido de inmediato a tales acusaciones aclarando que el miembro del Frente
Popular Francisco Villa (FPFV) que hiciera las declaraciones en relación al Frente, en realidad no
estaba autorizado para ello. Niega, por tanto, actuar con oportunismo y lamenta la declaración
del CCRI-EZLN llamándolos incluso a la prudencia. Y es que, ciertamente, la fría carta elaborada
por el CCRI-EZLN respecto del FAC-MLN pareciera mostrar un claro ánimo de rechazo a la
unidad de las fuerzas políticas. Esta vez, los zapatistas pecaron de falta de táctica política.

Sin embargo, es claro que el EZLN nunca ha cerrado la posibilidad de hacer alianzas, y los
ejemplos sobran para demostrarlo; lo ha hecho con partidos poli ticos, organizaciones sociales y
personalidades individuales. En este sentido, y lo planteamos tan solo como hipótesis, decir ahora
que no busca el poder ni cargos de elección popular no significa anular la posibilidad contraria en el
futuro, especialmente cuando la coyuntura nacional apunte a cambios políticos sustantivos.
Imaginemos, por ejemplo, un escenario donde no avanzan las pláticas de paz con el gobierno
federal, pero, al mismo tiempo, se está en la antesala de las elecciones presidenciales del año 2000,
¿no representaría una oportunidad el hacer alianza con fuerzas políticas de izquierda,
señaladamente con el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y en concreto con la línea de
Cuauhtémoc Cárdenas, con quien el EZLN, y en concreto el Subcomandante Marcos, han tenido
acercamientos importantes desde 1994?

Acaso es demasiado pronto para hablar sobre el papel del FZLN en el escenario de la política
nacional, pero si atendemos al proceso que han vivido casi todas las experiencias guerrilleras y
revolucionarias en América Latina, prever la participación electoral del FZLN no es descartable. El
recurso de las armas es, ciertamente inevitable, pero ha demostrado con creces sus límites; la
supervivencia y efectividad política de todos esos movimientos que a ellas han recurrido se han
cifrado no en la obcecación de tal recurso, sino en la vinculación de las fuerzas con la sociedad civil.
Por otro lado, tal participación electoral tampoco se contrapondría con la concepción zapatista del
mandar obedeciendo: tan novedosa, popular y acorde a un ejercicio democrático diferente es esta
máxima de conducta que ya fue retomada incluso por uno de los menos zapatistas dentro del PRD,
Porfirio Muñoz Ledo, en su respuesta al III Informe Presidencial de Ernesto Zedillo Ponce de León
el pasado primero de septiembre.

* Area de información y análisis. Coordinación de Organismos no Gubernamentales por la Paz,
CONPAZ.