En el actual momento de redefiniciones, donde, por múltiples razones relativas al contexto histórico,
las organizaciones del movimiento de mujeres se ven obligadas a actuar tanto en el escenario local
como en el regional y mundial, el desarrollo de los mecanismos comunicacionales han cobrado más
importancia que nunca.
Ello no sólo para profundizar los procesos de coordinación entre estos niveles, sino, más que nada,
para consolidar la democracia interna en el movimiento y buscar la proyección de sus propuestas de
cambio hacia la sociedad.

Ahora, casi no existen procesos organizativos o reivindicativos en los que la problemática de la
comunicación no esté mencionada como prioridad, sea para romper con la tradicional sobre-
información de pocas y la desinformación de muchas, para articular campañas o acciones solidarias,
para coordinar iniciativas o para buscar acuerdos entre redes, sectores y articulaciones diversas.

Sin embargo, aunque la mayoría de las necesidades señaladas tienen que ver con la democracia interna,
todavía hay quienes, muchas veces, al momento de establecer prioridades en este campo, miran hacia
los medios masivos -que también son importantes para otras cosas- creyendo que la posible aparición
en ellos es la panacea a todos los males comunicacionales internos y externos.

Pero también son muchas ahora, las que hablan de Internet y se interesan en las nuevas tecnologías de
la comunicación, principalmente las redes y coordinaciones, cuyo dinamismo depende directamente de
los flujos informativos.

El acceso al uso de las redes electrónicas figura en muchas de las prioridades de la agenda organizativa,
por la agilidad y economía que ofrecen, pero también por las posibilidades inéditas de descentralizar la
información que éstas permiten.

Las listas temáticas y conferencias electrónicas, las páginas web (World Wide Web) de mujeres, y
otras, se multiplican en el ciberespacio, pero casi siempre, por la novedad del recurso, de manera
aislada, como iniciativa de grupos pequeños, por lo general sin vínculos entre ellos y en algunos casos
sin una concepción democrática.

De allí la importancia de iniciativas como la de APC-Mujeres* cuyo propósito es acompañar el
desarrollo democrático y comunicacional del movimiento feminista y de mujeres, buscando una mayor
comprensión de las nuevas tecnologías de la comunicación y su uso estratégico.

Pensar estratégicamente

Contar con mecanismos ágiles de comunicación para el intercambio de información, la discusión
colectiva de propuestas, la toma de decisiones y el conocimiento y comprensión de las realidades
diversas, es un requisito indispensable para la consolidación del movimiento de mujeres.

Esta necesidad es, sin duda, sentida de manera más acuciante en las provincias y sectores rurales -como
también en los sectores excluidos- donde llega poca información, y cuya realidad es poco conocida. La
posibilidad de participación democrática equitativa de estos sectores en los procesos nacionales e
internacionales, depende en gran medida de su acceso oportuno a la información y de mecanismos para
dar a conocer sus puntos de vista.

Para la coordinación a nivel internacional, existe una necesidad similar de intercambiar información,
dado que las dificultades de comunicación se multiplican por las distancias, los idiomas y las divisiones
geopolíticas.

Responder a esta situación plantea la definición de políticas, que permitan generar los flujos de
información requeridos; lo cual, a su vez, exige la implementación de canales y mecanismos
democráticos para que la información fluya.

Voluntad política

En todos estos campos ocupa un lugar central el uso estratégico de las tecnologías de la comunicación
y el desarrollo de conceptos (no comerciales) apropiados a las necesidades de las organizaciones,
movimientos y personas no escolarizadas. Pero también es central la voluntad política de líderes y
activistas; pues sin ella, cualquier tecnología o mecanismo comunicacional se vuelve inoperante.

La tecnología por sí sola no puede paliar las necesidades de los movimientos, son las concepciones de
democracia interna y de participación las que dan sentido a un recurso, cuyo potencial actual es casi
infinito.

De allí que hablar de la democratización de la comunicación tiene que ver tanto con las prácticas
internas del movimiento como con el espectro de las estructuras comunicacionales en general y de los
espacios mediáticos en particular.

En este sentido, el derecho de las mujeres a la comunicación y a la información está indiscutiblemente
vinculado a las demandas de participación ciudadana, como proceso individual y colectivo, y como eje
transversal para la incidencia de los cambios propuestos en las relaciones de género.

En un mundo en el cual se imponen cada vez más las polarizaciones y la exclusión social, el derecho
ciudadano de interlocutar, expresarse, reivindicar y proponer, va de la mano con la vigencia del
derecho colectivo a organizarse y pensar libremente; sin ello la pretendida homogenización, que resulta
del proceso de globalización, ganará cada vez más terreno y poder frente a las propuestas (históricas y
nuevas) de diversidad y pluralismo, elementos centrales de las propuestas democráticas.

La bandera del derecho a la comunicación y a la información es universal, pero recobra particular
sentido para quienes, por cuestiones estructurales como la pobreza y la exclusión, la vigencia de éste
aparece como una posibilidad remota. Asimismo, el derecho a acceder a las nuevas tecnologías de la
comunicación deviene en reivindicación de quienes enfrentan la brecha tecnológica y de recursos
(materiales y simbólicos), pues para quienes controlan y tienen acceso a estos bienes, apenas se trata de
innovaciones consumibles.

* Extracto de la presentación realizada en la Reunión Regional de APC-Mujeres, Quito, octubre 97

Nuevas tecnologías para la democracia

Con el objetivo de adelantar propuestas para impulsar el derecho de las mujeres a la comunicación y a
la información, a través del desarrollo de iniciativas que les permitan adquirir una presencia protagónica
en el ciberespacio, se realizó en Quito del 13 al 17 de octubre la reunión latinoamericana del Programa
de Apoyo a las Redes de Mujeres de APC*, articulación que constituye el principal punto de referencia
sobre género y nuevas tecnologías de la comunicación.

Las mujeres que integran el Programa están dispuestas a irrumpir en los espacios de decisión relativos a
las estructuras e infraestructuras comunicacionales, pues ellas saben que en el mundo actual la
comunicación y la información han llegado a situarse al centro de todas las interacciones económicas,
sociales y políticas y que, por lo tanto, la participación ciudadana de las mujeres depende en mucho de
la posibilidad de incidir en estos espacios.

Para que una iniciativa ciudadana logre concretar sus ideales tiene que ubicar a la comunicación y a la
información al centro de su propuesta, por eso enfatizaron en la importancia de que la ciudadanía
reivindique el derecho a la comunicación y al acceso a las nuevas tecnologías, como uno de los
requisitos para frenar el avance de los procesos de exclusión social.

Para actuar en ese sentido, señaló la especialista Sally Burch, el Programa APC-Mujeres, desde sus
inicios, fundamentó su razón de ser en un trabajo dirigido hacia el movimiento de mujeres: con
sensibilización sobre el potencial estratégico de las nuevas tecnologías; propuestas de políticas en el
plano de la comunicación desde la perspectiva de género; capacitación enfocada al uso estratégico del
recurso y la desmistificación de la tecnología; y con facilitación de información.

En la nueva etapa, delineada en la reunión de Quito, las participantes del Programa regional, al tiempo
que se identificaron ellas mismas como parte del movimiento de mujeres, señalaron el nuevo desafío de
constituirse en actoras de cambios en la cultura comunicacional de este movimiento, trabajando, desde
allí, iniciativas estratégicas para la apropiación de las nuevas tecnologías de la comunicación.

Entre estas iniciativas resaltan: desarrollar mecanismos que permitan ordenar, sistematizar y entender el
caos informativo existente en el Internet; identificar cuales son las nuevas tecnologías más apropiadas
para el fortalecimiento de las organizaciones de mujeres y desarrollar una estrategia de acercamiento de
las tecnologías a los grupos y vice-versa.

Se proponen también efectuar análisis, con enfoque de género, de las implicaciones que tiene para la
sociedad civil el desarrollo y privatización de las industrias mediática y de telecomunicaciones, para
levantar acciones y propuestas que viabilicen el derecho de las mujeres a la comunicación y, en palabras
de Sally Burch, “prepararnos estratégicamente para apropiarnos del futuro”.

* Asociación para el Progreso de las Comunicaciones, Red Mundial de nodos de comunicación
electrónica al servicio de la sociedad civil.