En un marco propositivo, que supere la simple denuncia, se realizó este 16 y 17 de octubre, en Quito el IX
Foro Nacional de Derechos Humanos convocado por el Frente Ecuatoriano de Derechos Humanos, FEDHU. Doscientos
setenta delgados/as de 16 de las 21 provincias se dieron cita para sistematizar nuevas formas de organización
y participación ciudadana en defensa de los Derechos Humanos; delinear una Agenda en defensa de la vida y el
desarrollo social; fortalecer la coordinación entre organizaciones de derechos humanos y movimientos sociales
y fomentar una conciencia de integridad de los Derechos Humanos. Al término de las deliberaciones, el Foro
dio a conocer el siguiente manifiesto a la ciudadanía:

Al cumplirse el Cincuentenario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos nuestro país sigue
enfrentando el mismo dilema y desafío de hace décadas: construir una sociedad sin exclusiones, una democracia
sin violencia, un desarrollo centrado en la realización de las personas y en el respeto al medio ambiente. No
obstante los inmensos esfuerzos e iniciativas de la mayoría de la población, una modernización fundada en las
leyes implacables del libre mercado y en la reducción de la responsabilidad social y económica del Estado ha
generado una creciente desigualdad social, grandes marginaciones, pobreza y muerte. En el Ecuador ya no se
vive, se sobrevive.

Pese a que los Derechos Humanos han sido periódicamente reconocidos en la Constitución y en las Leyes de la
República, su real vigencia sigue siendo una quimera. Los sucesivos gobiernos y autoridades se han encargado
de que impere la injusticia, la intolerancia, la corrupción y la impunidad. Las políticas económicas no
incentivan la inversión productiva sino la especulación, y sólo piensan en aumentar la reserva monetaria
internacional para que el Estado pueda ser sujeto de crédito de nuevos endeudamientos externos destinados a
incrementar la acumulación de riquezas en una minoría de familias privilegiadas. A su vez, las políticas
sociales simplemente se olvidan del progreso general y apenas logran inventar nuevas focalizaciones
supuestamente compensatorias que ofenden y humillan a los más desfavorecidos.

En este camino, cualquier perspectiva de desarrollo humano y libertad está negada. La sumisión de las
autoridades a los organismos internacionales de control económico anula cualquier opción de producir para la
vida, por la sencilla razón de que para instrumentalizar a un hombre, explotar su fuerza de trabajo y saquear
las riquezas de su tierra hay que primero someter su espíritu; y nuestros gobernantes hace tiempo que
perdieron el suyo. Es por esto que el subdesarrollo es ante todo el resultado de una dominación o de un
renunciamiento cultural, de una alienación cuyas causas residen en la opresión y en la resignación.

Quienes participamos en este IX Foro Nacional de Derechos Humanos rechazamos la pretensión de encerrarnos en
un desarrollo económico sin equidad, sin memoria y sin cultura. La tradición de resistencia y lucha
libertaria de nuestros pueblos, de nuestros hombres y mujeres, de nuestros jóvenes, niños y ancianos es
suficientemente altiva y eficaz como para pensar que ya no hay opción por la esperanza. Aquellos que así lo
piensen se equivocan. Aquí estamos los que resistimos al autoritarismo, al atropello, a la agresión y a la
mentira; los que desafiamos a diario las penurias y las crisis; los que vencemos al desempleo, a la
inseguridad alimentaria, a la depredación de los recursos naturales, a la falta de créditos y asistencia
técnica; los que combatimos a la discriminación étnica y de género; los que transformamos cotidianamente al
país con nuestro trabajo, con nuestras iniciativas y creatividad.

Hoy más que nunca nuestra voluntad de cambio está fortalecida, nuestra identidad se enriquece con nuestra
diversidad pluricultural y avanzamos a paso firme en la construcción de un futuro de justicia y equidad.
Nuestra fuerza serena es la antítesis del pánico que inunda a los devaluadores y privatizadores, a los que
anunciaban el fin de la historia y ahora nadan en el desconcierto de la hecatombe asiática, del descalabro
ruso, del colapso del modelo de acumulación que hasta hace poco ofrecían como panacea a todo el planeta

Este IX Foro Nacional de Derechos Humanos es la expresión de la diversidad organizativa y de propósitos de
distintos procesos sociales que buscan una salida justa de la asfixia económica y financiera, de la crisis
social y ética que atenta a la integridad familiar y comunitaria. Esta diversidad es la muestra de la
autenticidad de nuestra reflexión y organización, de nuestra preocupación por el derecho a la diferencia, por
el derecho a la visibilización de nuestras problemáticas. Por lo mismo, nuestra diversidad es la prueba de un
protagonismo social de nuevo tipo, de una forma diferente de participación ciudadana, proponiendo caminos
inexplorados a la sociedad, a la cultura y a la política. Por ello que las alternativas que presentamos no
son un aventurado salto al vacío ni una nostalgia mítica de grandes transformaciones, sino propuestas de
lucha democrática unitaria por una vida digna que estén a la altura de las exigencias que impone la opresión
y la violencia del neoliberalismo.

Vamos a promover la acción ciudadana por la salud integral y el control social de la Reconstrucción de la
Costa; desarrollaremos la construcción de Agendas Locales para la lucha de las mujeres contra la violencia y
la discriminación; mantendremos una constante presión por la vigencia de los derechos colectivos de las
nacionalidades indígenas y pueblos negros; avanzaremos en la sistematización de nuevas formas de organización
económica y productiva en el campo; implementaremos la vigencia del Convenio 169 de la OIT; consolidaremos la
comunicación popular y sus medios alternativos para una mejor educación para la ciudadanía, para el rescate
de la historia y la identidad; articularemos redes provinciales y nacionales de los movimientos sociales para
una nueva práctica en defensa de los Derechos y Garantías contemplados en la Constitución.

Estamos convencidos(as) que sin planificar estratégicamente nuestros objetivos y acciones estas propuestas no
podrán concretarse, de allí que la Agenda de defensa de la vida y el desarrollo social que resulta de este
Foro, más que una recopilación o inventario de requerimientos es en sí misma la guía de un nuevo
comportamiento humano que insurge contra la incertidumbre y el oscurantismo neoliberal, contra el
individualismo y la mezquindad; es, en cierto modo, la prefiguración de la nueva sociedad que queremos y por
la cual convocamos a todas y a todos a sumar su contingente de acción, imaginación, conciencia y afectividad.