El esperado “paseo” electoral de Fernando Henrique Cardoso, FHC, para optar por un segundo
mandato presidencial en los comicios del próximo mes de octubre, que hasta hace pocos días sus
asesores, aliados e interesados en el continuismo daban como un hecho, ha comenzado a hacer
agua. La creciente insatisfacción social y el avance de una alternativa al modelo vigente están
dando lugar a una cerrada disputa que podrá ser definida solamente en una posible segunda vuelta.

Así será, si se mantienen o mejoran a favor de la oposición en los próximos cuatro meses los
resultados de las encuestas de opinión realizadas en la última semana de mayo. Para desesperación
del actual régimen y para sorpresa del Frente de izquierda presidido por Luis Ignacio Lula da Silva,
del Partido de los Trabajadores, éste acaba de conseguir un empate técnico con FHC en las
intenciones de voto.

Según el Instituto Datafolha, que divulgó los resultados de una encuesta de opinión realizada entre
los días 27 y 28 de mayo, Lula subió, en un mes, del 24% al 30% de aprobación en el electorado,
mientras que FHC bajó del 41% al 34%. Según la misma encuesta, el 54% de los brasileños
considera que el actual gobierno se ha empeñado más en el combate a la inflación, sin dar la misma
atención a los otros problemas del país

Hay coincidencia entre los analistas que la creciente reprobación del candidato a reelección se debe,
una vez más, al retraso en la implementación de medidas eficaces para la atención de las demandas
sociales y a los repetidos desatinos políticos del gobernante.

En efecto, al ridículo reparto de cuotas de poder durante la más reciente reforma ministerial, al
demorado auxilio para controlar el mega-incendio en el Estado de Roraima, a la sobreconocida
concentración de la tierra y de los ingresos, la exclusión social, el deterioro de los servicios
públicos, la privatización del Estado, la desnacionalización de la economía, entre otros problemas y
desatinos políticos (ver ALAI, n? 270, pp. 3-5), se sumaron en los últimos meses:

* El ínfimo aumento de diez reales (aproximadamente 8, 69 dólares) al salario mínimo, dado el
primero de mayo, incompatible con el aumento del valor de la canasta básica.

* La huelga de los profesores de 49 universidades federales, de un total de 52, que, pasados dos
meses de indefinidas negociaciones, continúa dejando sin clases a 420 mil estudiantes y sin
remuneración a los protagonistas del paro.

* El índice del desempleo que, a pesar de ser medido con parámetros que sólo registran datos del
perímetro urbano, continúa en aumento. Por eso FHC pierde ante Lula en las metrópolis, ciudades
industrializadas, en una proporción de 26% a 37%. Un mes antes era al contrario, Lula perdía con
25% ante 37% de FHC. Aumentó también en las grandes ciudades el porcentaje de la población
que considera pésima a la actual administración.

El tiro por la culata

Los deslices metalingüísticos del gobernante, que intentando reproducir el estilo abrupto de su ex-
ministro de comunicaciones, Sergio Motta, muerto a mediados de abril de insuficiencia respiratoria,
ha dicho frases que sólo consiguieron ofender a los destinatarios. El tiro le salió por la culata.

Fernando Henrique llamó de “faja podrida” a los diputados que votaron contra la reforma del
seguro social, aún siendo estos de los partidos que lo sustentan. Y como si fuera poco, irritado con
las resistencias a sus proyectos de reforma, tildó de “vagabundos” a los que se jubilan antes de los
50 años de edad. Resulta que el propio gobernante se jubiló del cargo de profesor en la Universidad
de Sao Paulo a los 38 años.

De esta forma, hasta los jubilados que pensaban votar nulo o en blanco están dispuestos a votar por
Lula. FHC bajó del 37% al 32% y Lula ganó 13 puntos, llegando a 29%, en el electorado de 60 o
más años.

Ante la secuencia de saqueos de almacenes, bodegas, tiendas y camiones de alimentos,
protagonizada por agricultores víctimas de la sequía en el Nordeste brasileño, el gobierno se
apresuró en afirmar que tenían motivación política y que todos habían sido organizados por el
Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) o por sindicatos instrumentalizados por
éste.

Sin embargo, la cosa no fue así. Aunque los saqueos tenían el estímulo y el apoyo de los
principales líderes del MST, según investigación del Departamento de Inteligencia de la Policía
Federal, vinculada al Ministerio de Justicia, el 80% fue realizado por agricultores hambrientos, y tan
solo en el 20% restante se registró participación del MST. Es decir, los sin tierra intervinieron en 9
de un total de 46 saqueos ocurridos en 8 Estados del nordeste entre el 10 de marzo y 22 de mayo.

Sin embargo, el gobierno, además de tildar como asaltantes a los saqueadores, insiste en que sus
acciones tienen motivación política y responsabiliza al MST. Para las víctimas de la sequía,
agudizada por el fenómeno El Niño, la única motivación es conseguir comida que les “llene la
panza” y que dejarían de actuar así en el momento en que les lleven canastas básicas o trabajo.

Los líderes del MST, por su parte, recuerdan que quien manipuló históricamente la miseria de los
“nordestinos” y los efectos del tiempo seco, distribuyendo canastas básicas con fines electoreros,
fueron los políticos detentores del poder económico regional y que hoy respaldan al gobierno de
FHC. Acotando que, éstos están indignados porque con los saqueos, no tendrán en los almacenes
del gobierno canastas básicas disponibles para comprar votos en las próximas elecciones. Y la
opinión pública parece estar de acuerdo, pues según los datos del Datafolha, solamente 8% de la
población brasileña considera “muy eficiente” la acción gubernamental contra la sequía, mientras
que el 39% la estima de ineficiente.

Al contraataque

Ante estos hechos, las élites están asustadas y ya comenzaron a trabajar para detener esta
tendencia, admitiendo por primera vez que habrá una segunda vuelta en las elecciones. En tal
óptica se inscribe la conferencia de prensa dada por el presidente de la república en los jardines del
Casa Presidencial (Palácio da Alvorada), al estilo Clinton, el 28 de mayo. Con tintes de discurso
electoral, a pesar de la negativa de asumirse como candidato, el mandatario anunció una serie de
medidas contra la sequía, que incluye la creación de “frentes productivos” que darán empleo a un
millón de personas y la entrega de canastas básicas que serán transportadas y distribuidas bajo la
protección de comboyes militares). De esta manera buscaba responder al descenso registrado por
otro Instituto de Opinión, el Vox Populi, cuyos datos, publicados el 21 de mayo por el periódico
Corréio Braziliense, dan a FHC el 34% de las intenciones de voto y a Lula el 25%.

Los gobiernistas, dicen, entre otras cosas, que se exageró en el tono de los reportajes televisivos y
escritos, que los resultados de las encuestas muestran reacciones momentáneas, que el gobierno de
hecho falló en algunas cosas, (“no es posible hacer todo, dice el propio FHC”), que este no sabe
comunicarse con la población y que es un peligro para la estabilidad económica, sobre todo para las
inversiones extranjeras, el ascenso de Lula.

El editorial del periódico Jornal do Brasil, del 2 de mayo, argumenta en este mismo sentido, al
decir que “las encuestas ocupan virtualmente el espacio del debate real…”, que “los candidatos
opositores están vanagloriándose de una ventaja efímera…”, que “cuando entre en el campo el
presidente de la república, hoy blanco de embestidas electoreras concertadas, la correlación de
fuerzas va a cambiar…”. “La táctica contestataria, las acusaciones demagógicas, los maniqueismos
panfletarios, los moralismos de ocasión serán neutralizados por la reafirmación de un programa que
está cambiando el Brasil para mejor…”, acota el editorial.

El ascenso de Lula

Lula, el candidato de la izquierda, por su parte, toma todos los cuidados para no entusiasmarse
tanto con estos resultados y evitarse otro trauma como el de 1994, cuando a pesar de la ventaja que
tenía, también 4 meses antes de la disputa final, en las urnas perdió ante el actual presidente. Sin
embargo no deja pasar la oportunidad para provocar a su adversario.

Para el candidato y presidente de honor del Partido de los Trabajadores, su ascenso en las últimas
encuestas se debe, entre otras cosas, a la “infinita prepotencia” del candidato y “presidente virtual”
Fernando Henrique Cardoso, que hasta ahora se ha mostrado incapaz de tratar los problemas
sociales, a los cuales da la espalda en vez de enfrentarlos. “Sólo es hábil en atender los intereses del
sistema financiero”, dice Lula, que también atribuye los resultados del sondeo a la madurez
alcanzada por la sociedad, cansada de los fracasos de la actual administración.

En efecto, una nueva encuesta del Instituto Vox Populi, recomendada por la Confederación
Nacional del Transporte (CNT) y divulgada el 1 de junio, indica que el 59% de los entrevistados
considera que el presidente Cardoso no entiende los problemas del ciudadano común. En las
regiones metropolitanas de las capitales y grandes ciudades siete de cada diez personas dicen que el
presidente no entiende sus problemas. En el mismo ámbito, 64% de la población entrevistada
demanda oportunidades de trabajo y 42% seguridad.

La encuesta confirma la insatisfacción popular ante la atención gubernamental a los problemas del
desempleo, la sequía en el Nordeste y la huelga en las universidades, constatados en anteriores
consultas.

Para el cientista político Murilo de Aragão, de la Universidad de Brasilia (UNB), FHC pierde al ser
comparado con un presidente ideal, pero al ser comparado con otros candidatos ganará. En
cambio para Walter de Góes, director del Instituto de Estudios Políticos, el escenario de la disputa
consiste en un fenómeno estructural, difícil de cambiar, ya que el cuadro actual de la economía
(estancamiento, desempleo, compresión salarial…) limita el margen de maniobras.

Ante este cuadro, el desafío que enfrenta la izquierda pasa, como dice Emir Sader, sociólogo de la
Universidad de Sao Paulo, por la obligación de capitalizar el malestar generalizado en la sociedad –
el peligro mayor que enfrentan los poderosos- y de convencerse que la derrota de FHC es
condición indispensable para construir una sociedad democrática y justa en el Brasil.

De acuerdo con el profesor Sader, el presidente de la República es el “super héroe de las élites
contra la izquierda. Es él quien enfrenta movimientos, centrales sindicales y partidos políticos de
izquierda en la acción represiva, en el debate ideológico y en las iniciativas legales para excluir
derechos”. Por eso “es necesario desenmascarar el aura de credibilidad de un presidente que
‘explica’ todo para que nada sea comprensible, que la izquierda deje de tener miedo de sí misma y
de vencer, y que el miedo sea privilegio de los que tienen la responsabilidad por un país que pasó a
vivir en el miedo. Quien vive del trabajo, no sustrae derechos al fisco, no es corrupto, ni vive a
costillas de élites parasitarias, no tiene nada que temer”, dice el catedrático universitario.

El próximo duelo

Por orientación de su equipo de marketing, el candidato oficial, cercado por un comando político
integrado por remanentes de la dictadura, se propondrá a partir de ahora mostrar cada vez más “la
cara realizadora”, las acciones de su gobierno.

Luis Ignácio Lula da Silva tiene a su favor la consolidación del Frente de izquierda que los postula
y que está integrado por el Partido de los Trabajadores (PT), el Democrático Laborista (PDT), el
Socialista Brasileño (PSB), el Comunista del Brasil (PcdoB) y el Comunista Brasileño (PCB).

El tratamiento que el gobierno ha dado a las luchas y movilizaciones sociales que se incrementaron
desde el 17 de abril (al cumplirse dos años de la masacre de 19 sin tierra en el Estado de Pará,
gobernado por un miembro del partido de gobierno, el PSDB), podría también complicar las
jugadas políticas del oficialismo.

La huelga de los profesores universitarios, apoyada por estudiantes, las ocupaciones de tierra, los
saqueos en el Nordeste, las protestas de los desempleados, de los sin vivienda y de los jubilados, las
marchas de los pequeños productores y trabajadores del campo, luchas todas que convergirán en el
Grito de los Excluídos programado para el 7 de septiembre, Día de la Patria, plantean igualmente
una situación difícil a la actual administración, a no ser que cambie de estrategia.

Por ahora, el régimen ha apostado a la guerra de información, la batalla por el imaginario popular,
en la descalificación y desmoralización de las acciones de los movimientos y organizaciones
sociales, en el uso de la fuerza y en la reglamentación, vía decreto o medidas provisorias, de
políticas de compensación o contención, entre otras medidas. Sin embargo, lo que se ve es que la
ofensiva gubernamental ha forzado más bien a algunos sectores y organizaciones a tomar posición,
como ha sucedido con los jubilados y el Movimiento de los Sin Tierra que públicamente expresó su
apoyo a Lula.

Entretanto, en un país donde las fiestas tradicionales de junio son obligatorias y la pasión por el
fútbol es sagrada, con mayor razón durante la Copa del Mundo, no sabemos si la carrera electoral
bajará de ánimo o si dará paso a feroces embates entre el actual presidente y el obrero metalúrgico
Lula da Silva.