Tal vez el lector desprevenido crea que el título de este artículo sea una chanza, una broma de mal gusto, una irreverencia del autor de esta exposición contra el héroe centroamericano que luchó contra la oligarquía colonial, la iglesia y el imperio inglés.
 
Pues no, es una realidad ya que el gobierno de JOH y el alcalde Capitalino Tito Asfura se han dedicado a colocar en los postes que sostienen los cables de la energía eléctrica banderas nacionales y medianos afiches de Francisco Morazán, cuyo rostro en el retrato de perfil ya reconocido tradicionalmente, está pintado de azul, cuya mancha pictórica nos lanza inmediatamente a un ícono del cine contemporáneo del mundo de Hollywood, el famoso HULK que posee un color verde en todo su cuerpo y por ende en su rostro.
 
Tal es el signo patriótico que semióticamente nos está refiriendo este gobierno gobernado por el partido nacional de Honduras, reconocido ampliamente en el mundo del argot partidario como el partido cachureco.
 
De este modo nos envían un mensaje subliminal con motivo de la celebración del 193 aniversario de la independencia de la patria, Morazán es azul y entonces es cachureco, esto en lógica formal se denomina Falacia ad verecundiam: se llama falacia ad verecundiam a aquel argumento que apela a la autoridad o al prestigio de alguien o de algo a fin de defender una conclusión, pero sin aportar razones que la justifiquen.
 
La proposición formal que se desprende de esta connotación ideológica es la siguiente:
 
a. El partido nacional posee el color azul como signo partidario.
 
b. El rostro de Francisco Morazán es de color azul
 
c. Por tanto, Francisco Morazán pertenece al Partido Nacional.
 
Ese Francisco Morazán tiene como objetivo preciso decirle al pueblo que el héroe de mil batallas que peleó contra la oligarquía colonial española, pertenece a los dueños del país, el partido nacional.
 
Esa imagen forma parte de las mismas campañas publicitarias comerciales subliminales que la oligarquía fáctico mediática emplea para vender sus productos como puras mercancías u objetos que satisfacen necesidades primarias, secundarias y terciarias.
 
Se trata de vincular la pintura azul tirada sobre el rostro de Francisco Morazán con el color azul de la bandera nacionalista a fin de trasladar el sentido patriótico de la efigie del héroe de Gualcho, La Trinidad o Espíritu Santo, al ya desprestigiado ícono de un partido ultra conservador que en el marco de la imposición del modelo neoliberal de privatización de toda estructura institucional, necesita re alimentar su desgastado símbolo oprobioso. Ya nuestro prócer había empleado esta definición contra sus enemigos políticos “Ni el oro del Guayape, ni las perlas del Golfo de Nicoya, volverán adornar la corona del Márquez de Aycinena, ni el pueblo centroamericano vera más esta señal oprobiosa de su antigua esclavitud pero si alguna vez brillase en su frente este símbolo de la aristocracia, será el blanco de los tiros del soldado republicano”.
 
Y como ya hemos aseverado hipotéticamente que el sistema político hondureño es una “esfera de acero repujado sin fisura alguna”, pintar de azul cachureco el rostro de la efigie de Francisco Morazán es poner la tapadera al pomo que pertenece al último eslabón de la super estructura social denominada ideología. Esta afirmación significa que ya experimentamos físicamente la dictadura del Partido Nacional, y su sistema cerrado de poder omnímodo; solamente falta que, ideológicamente, el pueblo asuma la dictadura nacionalista como única opción, verdadera e inevitable.
 
Un signo es una cosa que está en lugar de otra, dice Charles Pierce, el semiólogo, para alguien en algún sentido. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o quizás más desarrollado.
 
Esta aseveración viene como anillo al dedo al poner en relación el color azul del rostro de Morazán del afiche ya mencionado, con el objeto concreto del partido nacional. Esta significación se dirige a alguien que es el pueblo, el receptor, el intérprete de este signo político ideológico.
 
Crea en la mente de las personas un signo equivalente (Morazán azul=Partido Nacional) o quizá más desarrollado. Tal vez, ya en el último estertor de la interpretación se concluya que si Morazán es igual al partido Nacional, entonces ya no tenemos patria, ni país, ni nada, así que para qué luchamos.
 
Se trata de desmantelar el más alto concepto de un prócer de la naturaleza de Francisco Morazán para vulgarizarlo en el plano más grosero posible.
 
De manera que deja de ser un símbolo de la patria altiva, soberana y justa, para bajarlo a los meandros de un objeto cualquiera pegado en un poste que sostiene el alambrado de la energía eléctrica capitalina.
 
Así entonces nos devuelven a un Francisco Morazán cosificado en su más peyorativa manera de existencia.
 
– Galel Cárdenas es escritor hondureño.