La alegría de los Carlotto-Barnes es la de mucha gente, y especialmente la mía. A través de Kibo, hermano menor desde nuestra experiencia en Nicaragua Libre, conocí a Claudia, a Remo y a Estela. Mi hija Florencia nació poco después que Bárbara, hija de Kibo. Era todavía una bebé cuando la conocimos en casa de Estela, con mi compa embarazada, hace más de veintiocho años. A Laurita, hija de Claudia, la descubrí poco más tarde, no recuerdo si ya había nacido cuando fui a visitar a Claudia y a su compa en aquel momento, Chiqui, su padre. Recuerdo haber compartido con esa familia, lejos o cerca, siempre en el contexto de mi hermandad con Kibo, distintas inquietudes, alegrías y recuerdos. A Remo lo había visto varias veces en Abuelas, pero lo conocí realmente cuando ingresé a la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, del cual era Secretario. Un Carlotto, o sea, un tipo llano, macanudo, inteligente, un hermano más, como hace un mes, más o menos, le dije antes de que se fuera a Ecuador a cumplir una importante tarea como diputado nacional. Como Claudia, hermana y compa, que desde la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación me brindó su apoyo en la búsqueda de genocidas, torturadores, etc., algunos de ellos hoy entre rejas, incluidos los que formaron parte de una “internacional negra” contrarrevolucionaria que no los salvó de la prisión. De Kibo no puedo hablar mucho porque sería como hablar de mí, y no me gusta. Hermano y compañero leal, me bancó en los momentos más difíciles, no solo aquí sino también en mis periplos revolucionarios centroamericanos. Soy su hermano, amigo y asesor, hablando formalmente, en la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, donde hace nueve años me gano el puchero, como decía mi vieja. Los Carlotto son míos, hasta en los orígenes. Una vez con Remo hablábamos sobre su apellido paterno, parece que de origen austríaco, heredado parece ser de un tal Karl Otto. Los Carlotto vienen del véneto, del norte de Italia, igual que mis ancestros venecianos y piamonteses. Según parece, mi apellido paterno en alemán significa “sobre el valle”, aunque mi “cognome” materno se traduzca en vulgares Paraguas.
 
Estela, de origen paterno inglés, siempre fue la Vieja de la familia que se rompió el cuerpo y el alma para hallar a su nieto, hijo de Laura, asesinada luego de dar a luz y abandonada en Isidro Casanova. En su momento hurgué en archivos buscando pruebas sobre su martirio hacia la muerte y la apropiación de su, nuestro, colectivo, hijo. Surgieron algunas pistas que supuse válidas. Ella, se sabía a través de sobrevivientes, había permanecido secuestrada en La Cacha, un Campo Clandestino de Detención ubicado en La Plata. Allí, sostuve alguna vez, se había montado un ‘Centro de Trabajos Prácticos’ de torturadores de todos los servicios de la dictadura y adyacentes, entre ellos: SIDE, SIE (Ejército), SIN (Naval), Policía de la Provincia de Buenos Aires y Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), cuyos esbirros administraban el campo. Y contaban con especialistas en “ciencias sociales” y curas para liberar de “culpas” a los torturadores y de-formarlos en su práctica infrahumana.
 
Ahora, luego de tanto dolor, bronca y trabajo duro, llegó Guido para calmar la sed de ternura y justicia de Estela y los suyos, mis hermanos por elección, sus hijos e hijas. Y aun así, no estamos en paz. Seguimos luchando, cada uno desde su trinchera, para que aparezcan todos los pibes secuestrados por los uniformados y sus compinches durante la dictadura, Para que aparezcan los destinos de todos aquellos que fueron asesinados y ocultados hasta hoy por los canallas que los escarnecieron a ellos, a sus familias, y a todo nuestro pueblo. Guido, cuyo nombre homologa al de su abuelo, ya fallecido, y al de mi amigo y hermano Guido Miguel (Kibo), es un nuevo familiar que sumo a mi vida, humildemente lo asumo como a uno de mis cachorros, hijo de Laura, sí, pero también de todos los compañeros y compañeras caídos en la lucha por una Argentina mejor, sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores, libre, independiente, soberana y socialista, según lo creo y creí siempre.
 
Querido sobrino, a través tuyo, retoño y triunfo de los tiempos, abrazo y beso a Estela, a Remo, a Claudia, a todos los Carlotto, Falcone y demás miembros de esa familia hermosa que como dije antes, es mía, por elección.
 
Y a vos, Kibo, querido hermano y compa, como siempre entre ocurrencias y risas de alegría, te doy un gran abrazo, grande como el mundo que soñamos ayer, ahora y siempre, ese que seguiremos construyendo desde la sangre y los ejemplos de nuestros mártires y héroes.
 
Bienvenido Guido!
Venceremos!
 
– Jorge Luis Ubertalli Ombrelli
“Pampa”