El famoso pensador Carl Marx, allá en siglo XIX, cuando se refirió a los irlandeses colonizados por Inglaterra, en una carta a sus amigos apoyaba la causa del pueblo irlandés: “no podemos pedirles a los irlandeses que sean internacionales, cuando ni siquiera son ellos mismos”. Es decir, los pueblos tienen que ser antes y después extender ese su ser a los demás. Bolivia no era en sí mismo, sino como espejo de los demás, de otras culturas ajenas, extrañas y contrarias a ella misma. Como dijo muchas veces Evo Morales: antes los bolivianos tenían vergüenza de ser bolivianos. Pero queda todavía demasiado trabajo por hacer. El colonialismo interno ha sido devastador y ha provocado enfermedades mentales que seguimos pagando muy caro. Los sistemas educativos siguen reproduciendo esas enfermedades mentales: normalmente con visiones occidentales de que nuestros pueblos son “atrasados y poco desarrollados”. Por tanto que debemos importar “costumbres de culturas superiores” o “civilizadas”, para copiar o adaptarnos. En resumen esas son las enfermedades mentales que no dejan, que obstaculizan nuestros avances, nuestros reconocimientos a sí mismos. En estos pocos años de vitalidad interna, hemos avanzado bastante, más de lo que se hizo en siglos anteriores. Sin embargo, el racismo, la falta de autoestima cultural, la falta de personalidad colectiva y la falta de un nacionalismo étnico (como el alemán), nos dificultan para soñar con un país más autónomo, más competitivo y seguro, menos dependientes de occidente y menos colonizados también.
 
Las nuevas generaciones no sufrirán tanto, al fin tendrán un país más estructurado, más conectado, más comunicado y por fin con un Estado propio que les permita plantearse desarrollos propios, sueños propios y derroteros propios. Lo que nuestras generaciones anteriores no tuvimos. Pero no es suficiente con un país más estructurado económicamente, si eso no tiene alma ni espíritu cultural propio. Yo llamo nacionalismo étnico: quechua, aymara y guaraní. La modernidad es simple instrumento, el desarrollo un medio. Lo importante es el espíritu y la voluntad de nuestros pueblos. Ahí tenemos todavía mucho que hacer, mucho que trabajar. El trabajo y tarea de descolonizar nuestras almas y espíritus, es la tarea pendiente más importante. Ya no ser esclavos de voluntades ajenas, de la cooperación, de las iglesias que son las más esclavistas de las voluntades ajenas y extremadamente dependientes, a los grados de culpabilidades personales típicamente coloniales. La creación de nuevas mentalidades sin complejos coloniales ni dependencias externas y extrañas, será posible sólo si profundizamos este poco recorrido que tenemos en estos años. No torcer el brazo, y ser muy tercos a pesar de las terribles dificultades coloniales y esclavistas. La conquista de nuestras libertades viene de un largo aliento, porque lo que sucedió en 1.825 y 26 fue solo un cambio de patrones y dueños. A pesar de los libertadores Bolívar y Sucre, los doctorcitos que se sentaron a firmar el acta de la “libertad” eran los mismos colonialistas que días antes estaban al servicio del imperio español. Pero al verse perdidos en sus causas coloniales, se convirtieron rápidamente en “patriotas”. Actitudes muy típicas y camaleónicas, desde tiempos inmemoriales, de las oligarquías “bolivianas”. Eso lo hemos visto desde siempre, y en muchos procesos políticos de nuestra historia. Esos doctorcitos colonialistas son los que firmaron el Sucre ese papelito del acta de Independencia. Los guerrilleros que pelearon por nuestra libertad, no estuvieron presentes en esos días pues las manipulaciones del poder de los doctorcitos también son temas conocidos desde siempre. Manipularon todo a su favor para recibirles a los libertadores Bolívar y Sucre. Juana Azurduy, el Tambor Vargas y tantos otros comandantes guerrilleros que pelearon durante 16 años contra los españoles y sus vasallos, no fueron los que firmaron ese papelito de Sucre.
 
Pues bien, nos queda mucho trabajo por delante. Más allá de los personajes de paso por el Estado, lo más importante es la recuperación de la memoria histórica de nuestros pueblos. Porque ahí está el verdadero poder de nuestros avances y triunfos. Ahí generaremos nuevos líderes, realmente nacionalistas quechuas, aymaras y guaraníes para que las nuevas generaciones se sientan orgullosas de sus raíces, de sus historias y derroteros sociales. Como decía Marx: no podemos ser internacionales, sino somos nosotros mismos.
 
Jallalla Bolivia.
Gloria a nuestros mártires y comandantes de las luchas por la verdadera independencia.
 
La Paz, 6 de agosto de 2014.